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Fui un afortunado: mis momentos vividos junto a Diego Maradona

Chiche Almozhny con Maradona
Chiche Almozhny y Maradona en la Copa Davis 2017, su último encuentro

Para todos -no solamente para aquellos que tenemos una estrecha relación con el mundo del deporte-, el último tiempo fue más que especial. Hace ocho días, apenas, nos enteramos del fallecimiento de Diego Armando Maradona, el futbolista, el personaje o, mejor dicho, el último mito argentino.

Tuve la misma conmoción que el resto de los argentinos. Porque tuve la sensación de que parte de mi vida periodística -la real, no el recuerdo- también había partido con su figura. Ustedes a lo mejor se sorprenderán, porque el periodismo me tiene estrechamente vinculado con el mundo del tenis. Cosa que es cierta. Pero debo confesarles que esta profesión, bendita, sorprendente -y permítanme decirles: la mejor del mundo-, me hizo protagonista de unos momentos únicos e inolvidables. Todo gracias a Maradona y a los campeones del Mundial de México 1986.

Después de estudiar en la escuela de Ulises Barrera, en los años ’70, hice mis primeros pasos en la profesión en el viejo diario La Razón, en la calle Hornos, en Barracas. Encontré mi espacio en el tenis, pero, como todos, siempre busqué seguir creciendo.

Fue así que en 1984, tras el regreso de la Democracia a nuestro país, fui a la entonces ATC (Argentina Televisora Color) a pedir trabajo en el sector de deportes. Fue ahí donde conformamos un equipo inolvidable con Carlitos Barulich, Oscar Gañete Blasco y Guillermo Cánepa, entre otros. Luego, pasé al noticiero, sin imaginar que, el viernes 27 de junio de 1986, Julio Fernández Cortés, Gerente de Noticias del canal, me iba a regalar una de las coberturas más lindas de mi vida. “Pibe, mañana viajás a cubrir la final de Mundial de México”, me dijo. Nos subimos a un avión para esa aventura junto a Corrales y Hugo Fazio, camarógrafo y ayudante de cámara, y nos hospedamos en el hotel. Gracias a Pablo Gravano, un compañero nuestro de Canal 7 que trabajaba en ese momento también para la OTI, conseguimos la acreditación, algo impensado en estos tiempos de organización y formularios.

Ya en el Estadio Azteca, vimos la victoria por 3 a 2 ante Alemania Federal desde lo alto de una de las tribunas e hicimos las notas del antes y el después. Allí, nos enteramos que la delegación había decidido salir esa misma noche para Buenos Aires. Nosotros teníamos pasaje para el día siguiente. Por lo que moví cielo y tierra. Hablé con Roberto Petti, de Rotamund, con Julio Grondona, entonces presidente de la AFA, con Facundo Suárez Lastra (padre), en ese entonces embajador en México. Todo para que los tres tuviésemos un hueco en ese avión de Aerolineas Argentinas que traía a los campeones.

Chiche Almozhny con Maradona
La nota que Chiche Almozhny le hizo a Maradona arriba del avión, luego de la conquista del Mundial de 1986

Sobre la hora, cuando el avión ya estaba a minutos de despegar, nos dijeron que nos podíamos subir. Y allí, viví mi nota inolvidable. A bordo nos tuvimos que bancar las cargadas de todos, porque éramos el canal del Gobierno que meses antes había querido echar a Carlos Bilardo. Estaban todos, Burruchaga, Olarticoechea, Ruggeri, Valdano… y un héroe. El único que apenas durmió un rato, acurrucado en esa mano de Dios y descansando la zurda inmortal. Sí, él, Diego. Y ahí comenzó mi historia con él.

Le pedí una entrevista y me dijo que sí. Hablamos media hora y me contó como pensaba que iban a recibirlo en el país. Llegamos a Ezeiza, los jugadores salieron por la pista y todos nos fuimos a la Casa de Gobierno, para después hacer un programa especial sobre esa cobertura.

Pasó el tiempo. Con Diego no nos vimos más hasta 1990, después del Mundial de Italia. Fue en el festejo que se hizo para los subcampeones del mundo en un campo, en Luján, perteneciente a Enrique Capozzolo.

Más tarde, en 1995, se concretó su vuelta a Boca Juniors. La misma fue impulsada por el Grupo América y Eduardo Eurnekian, lo que me posibilitó volver a estar al lado suyo. Fueron varias notas, allí en el famoso departamento de Segurola y Habana (hoy Diego y Maradona), con Claudia, Dalma, Gianinna y Guillermo Cóppola. Pero también, tener el honor de conocer juntos las Cataratas del Niágara en un viaje que hizo a Toronto para visitar a su hermano Lalo, quien jugaba al fútbol allá. Nunca lo vi tan feliz como aquella vez, salvo después del triunfo en México.

Chiche Almozhny con Maradona
En Canadá, junto a Lalo y Diego Maradona

Maradona era un tipo simple detrás de toda esa pompa que lo había puesto en la cima del mundo. Era la persona capaz de ponerse celosa conmigo por llegar tarde a un asado por tener que entrevistar a Michael Chang (ex tenista norteamericano) o un jugador de tenis mañero, muy inteligente para colocar la pelota, con el que pude compartir alguna cancha en el Vilas Racket Club.

El dolor por su muerte vino acompañado por un montón de recuerdos. Puso sobre la mesa de mi carrera la importancia histórica de aquella cobertura. Fui un afortunado. Acompañé a Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini, Juan Martín del Potro, Gastón Gaudio, presencié finales y hasta transmití por televisión la conquista de la Copa Davis. Sin embargo, hoy, más que nunca, siento que Dios me tocó con la varita mágica y me dijo: saliste sorteado, subite a ese avión.

Nos vimos por última vez a principios de 2017, en el Parque Sarmiento, durante una Copa Davis con Italia. Me gritó y nos abrazamos, Rocío Oliva nos sacó una foto. Iba a decirle cuídate, pero no me animé. A él no le gustaba que le dijeran eso y preferí callarme. Respetaré siempre estos momentos y recuerdos que desde hace una semana me acompañan más que nunca.

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