Salud

Confinamiento mental: claves prácticas para atravesar con inteligencia emocional la segunda etapa de restricciones

Encierro
El trauma psicológico generalizado que provocó la pandemia es un tema que abordan los especialistas con preocupación (Shutterstock.com)

A muchos les pudo haber parecido un déjà vu. Para otros, en medio de un hartazgo ya conocido, fue como si se tratará tal vez de la segunda parte de una mala película. En cualquiera de los casos, la imagen de Alberto Fernández, comunicando las nuevas medidas frente al aumento de casos de coronavirus en los últimos días, resultaron un especie de viaje en el tiempo a marzo de 2020, cuando empezamos a entender de qué se trataba aquel modo de vida inédito llamado confinamiento.

Entre las nuevas medidas, la restricción de la circulación nocturna entre las 20 y las 6 de la mañana, golpeó fuerte. La suspensión de las clases presenciales desde el lunes 19 hasta el viernes 30 de abril fue otra de las novedades. Quedaron suspendidas también las actividades recreativas, sociales, culturales, deportivas y religiosas en lugares cerrados.

La apertura de los comercios gastronómicos, tal vez esa bocanada de aire que había llegado luego de la etapa más dura del cierre del año pasado, aquella postal de esparcimiento que se volvió necesaria para tantos, volvió a ir en marcha atrás: ahora los bares y restos funcionan solo en modalidad de entrega a domicilio y en el horario permitido.

En medio de un proceso de vacunación que viene a un ritmo lento, con todo lo que eso implica ya con la segunda ola de coronavirus en marcha, se ha hablado -se viene hablando- acerca de las esquirlas emocionales que la pandemia deja en la psiquis de las personas. Un año más tarde, el país está al borde de otra crisis de salud: el trauma psicológico generalizado que provocó la pandemia. Las agencias de salud y los expertos advierten que se aproxima una ola histórica de problemas de salud mental con depresión, abuso de sustancias, trastorno de estrés postraumático y suicidio.

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Lo importante es poder vivir con expectativas, dicen los expertos

Ahora bien, ¿cómo nos cae el hecho de vivenciar una suerte de nuevo “confinamiento mental” luego de haber sido parte de aquella primera etapa? ¿Podemos vivir todo el tiempo con la falta de expectativas? O lo que es peor: ¿cómo es seguir adelante con falta de esperanzas?

“Deberíamos reformular la pregunta, -propone de entrada a Infobae Guillermo Bruschtein, médico psicoanalista y especialista en psiquiatría de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)-. Lo importante es poder vivir con expectativas, el problema es que estamos ante una situación nueva e inédita en el mundo y en nuestra sociedad. Eso cambia absolutamente la vivencia, que es de desamparo y de incertidumbre, por lo tanto habría que entender qué significan las nuevas medidas para nosotros, más allá que sean buenas o malas. El efecto que tiene las medidas restrictivas y privativas, que por otro lado pueden ser necesarias, es que nos traen más inseguridad, porque nos ponen frente a una realidad, y la realidad es que si tiene que tomar nuevas medidas, es porque el peligro está”.

Martín Etchevers, secretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA, dice a este medio: “La incertidumbre genera estrés y agotamiento. Es posible vivir pero el impacto en la calidad de vida es considerable. Las expectativas pueden ser positivas o negativas. Si predominan expectativas negativas, nuestra mente está preparada particularmente para detectar el peligro y en consecuencia organizar respuestas preparatorias. Cuando se combinan expectativas negativas y se genera una sensación de imprevisibilidad, se produce un estado de ansiedad no saludable con el consecuente malestar físico”.

"La expectativa angustiosa, durante demasiado tiempo, puede producir momentos de desgaste psíquico, anímico y físico”, explica la psicoanalista Gabriela Goldstein REUTERS/Fabian Bimmer
"La expectativa angustiosa, durante demasiado tiempo, puede producir momentos de desgaste psíquico, anímico y físico”, explica la psicoanalista Gabriela Goldstein REUTERS/Fabian Bimmer (FABIAN BIMMER/)

Es importante ver el escenario de forma atenta y consiente según los especialistas: el confinamiento, implica un efecto en sí mismo, muy complejo, pero diferente en cada persona. “Depende de su situación singular y de sus recursos subjetivos. El confinamiento “real” no implica necesariamente un confinamiento “mental”. Es este último el más importante en cuanto a sus efectos, porque no siempre depende de un confinamiento digamos “físico”. La mente cerrada, por ejemplo”, esboza a Infobae Gabriela Goldstein, psicoanalista, presidente de APA.

La expectativa, siguiendo la línea de Goldstein, implica una dosis de tensión, que en otras circunstancias puede ser la expectativa de algo deseable, como algo que se puede cumplir. “Pero la tensión expectante permanente y la frustración, pueden producir angustia y decepción. La expectativa como horizonte de futuro, implica estar en una posición deseante, tener proyectos, que hoy, necesita muchos recursos “yoicos” para sostenerse en el constante cambio de coordenadas de posibilidad. No todos los hemos desarrollado, pero con apoyo de un otro, de los lazos afectivos, amistosos y laborales se pueden encontrar. En cambio la expectativa angustiosa, durante demasiado tiempo, puede producir momentos de desgaste psíquico, anímico y físico”, dice la psicoanalista.

Gisela Lado, profesora y licenciada en psicología, sostiene a Infobae que estamos viviendo un especie de resiliencia colectiva, “si ésta es la capacidad de sobreponerse a momentos críticos y adaptarse luego de experimentar alguna situación inusual e inesperada”. También, según vislumbra, indica volver a la normalidad. “Ese es nuestro punto de abordaje: ¿cómo llegaremos a la normalidad? Estamos en un período de transición, pero la capacidad de adaptabilidad que tenemos es lo que permite que hoy ya estemos atravesados por esta realidad actual”, agrega la especialista.

Dice Lado: “Ya conocemos el ASPO, es normal sanitizarnos, distanciarnos y usar tapabocas; con nuestras acciones que fuimos habitualizando conseguimos normalizar, regularizar o poner en orden lo que no lo estaba, y esto nos brinda más tranquilidad. Alojamos al cambio y aún estamos representándolo y simbolizando. Adaptarnos a algo que no conocemos, que no sabemos cuándo termina ni cómo termina. La incertidumbre nos harta y, cuando se trata de la vida o la muerte, además, nos atemoriza”.

La psicóloga, Gisela Lado dice que hay que intentar regular la sobreinformación a un momento del día y cambiarla por música, lectura, escritura, juego o ejercicio físico EFE/Nathalia Aguilar
La psicóloga, Gisela Lado dice que hay que intentar regular la sobreinformación a un momento del día y cambiarla por música, lectura, escritura, juego o ejercicio físico EFE/Nathalia Aguilar (EFEI0658/)

Recientemente, la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a través del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), presentó el decimocuarto informe de una encuesta denominada “Crisis Coronavirus”. La primera edición fue lanzada incluso antes de que se estableciera la cuarentena obligatoria en el país y cuenta con una actualización constante cada diez días. Este último documento refiere a los 365 días de la crisis en el país y cómo esta afectó a los ciudadanos argentinos en materia de salud mental, económica y de consideración de gestión política.

Según el informe, si bien la mayoría de la gente realizó un balance del año de la pandemia y el confinamiento claramente negativo, las dos opciones más elegidas por la gente para expresar la forma en que se encuentran para afrontar el nuevo año, fueron mayoritariamente expectante (42%) y esperanzado (34%).

La elección mayoritaria de estas dos palabras supone un posicionamiento de autoexigida prudencia, que anida en dosis equilibradas de ansiedad, temores al porvenir e ilusiones de buenaventura. En síntesis, el estado emocional-cognitivo en el que se encuentran los argentinos para iniciar el nuevo año parece situarse en una posición equidistante entre un pesimismo inductivo (fundamentado en el pasado inmediato) y un optimismo resiliente e imprescindible para seguir luchando.

Manual de operaciones para la segunda ola

Con la primera ola aprendimos muchas cosas, por empezar, “que nadie nos había enseñado cómo hacer una cuarentena en medio de un virus mundial”, grafica Lado. “Escribir nuestro propio manual de operaciones y llevar adelante ese confinamiento en el mundo. De eso se trató. Hoy contamos con un saber, con certidumbres que nos pueden proteger, tanto física como psíquicamente, e implementarlas depende de cada uno de nosotros. Cuando ya no podemos cambiar una situación dolorosa, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

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“La expectativa más calma y tolerante, sería una forma de cultivar la espera y la esperanza", dicen los expertos

Para la psicóloga “es muy importante habitar el presente, utilizar la atención plena para poder centrarnos en uno, registrarnos, poner en palabras lo que nos sucede, aprovechar la oportunidad e intentar armarnos hábitos en donde eso pueda ponerse en juego. Es de gran importancia tener cantidad de horas de sueño y calidad del mismo, comer saludable nos da energía y nos ordena, la sobreinformación intentar regularla a un momento del día y cambiarlo por música, lectura, escritura, juego, ejercicio físico, enriquecer la espiritualidad, realizar actos solidarios, cosas que nos gratifiquen para poder reconvertir las creencias negativas y limitantes en creencias potenciadoras”.

Cristian Garay secretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA, recomienda:

Reducir la incertidumbre mediante la planificación. No proponer actividades nuevas o emprender proyectos desafiantes.

Mantener rutinas. Cuidar el sueño, alimentación y actividad física (evitar sedentarismo, realizar caminatas o deportes individuales). Mantener actividades de ocio y no incrementar el estrés laboral.

Mantener horarios laborales estables, prevenir la extensión del trabajo a horarios de ocio o de descanso. Limitar el uso de tecnologías digitales en el tiempo libre.

Mantener vida social con distancia física, a través de redes sociales y plataformas.

Información: remitirse a medios confiables, en horarios programados y reducidos. Evitar información permanente, contacto constante con medios de comunicación.

Alcohol y sustancias: evitar excesos en alcohol, evitar consumo de sustancias. Consultar a profesionales especialistas en caso de tener dificultades.

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"Hay un mecanismo de negación o renegación de la situación donde muchos piensan que no le va a pasar nada o hacen una negación del problema", dicen los expertos

“La evidencia científica apoya la idea de que las medidas restrictivas que se oponen a las libertades individuales son menos perjudiciales y más efectivas cuando cuentan con el apoyo y la decisión individual consolidando ideas comunitarias que generan conductas más altruistas”, dice Garay.

Y sigue: “La evidencia apoya la idea de enfatizar la elección altruista del aislamiento. Señalar culpables y utilizar metáforas bélicas puede generar reacciones sociales agresivas y poco colaborativas. En las guerras hay héroes pero también puede haber desertores y traidores. Por ello no es recomendable apelar a metáforas bélicas. La mayoría de los efectos adversos (indicadores psiquiatricos, psicologicos y problemas domésticos) provienen de la imposición de una restricción de libertad; la cuarentena voluntaria se asocia con menos angustia y menos complicaciones a largo plazo”

Bruschtein dice que “hay un mecanismo de negación o renegación de la situación donde muchos piensan que no le va a pasar nada o hacen una negación del problema. Por un lado está el que entra en pánico por cualquier situación y está el otro que se revela contra esto y cualquier tipo de prohibición”. En este sentido destaca “la importancia de ayudar a cada persona individualmente, o poder ayudar a la población no incrementando el miedo, sino pensando en que esto en algún momento va a pasar”. El médico psicoanalista dice que es importante incrementar las medidas de autocuidado: “No solo es para la persona, sino para el prójimo.

Un hombre se somete a un hisopado de covid-19, el 7 de enero del 2021, en un centro de control de la Ciudad de Buenos Aires. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo
Un hombre se somete a un hisopado de covid-19, el 7 de enero del 2021, en un centro de control de la Ciudad de Buenos Aires. EFE/Juan Ignacio Roncoroni/Archivo (EFEI0658/)

Los problemas, como se señalaba anteriormente, son diferentes para cada persona y esto no es una novedad. “Las distintas edades y generaciones se enfrentan con un problema nuevo. Las clases sociales también. No es lo mismo vivir cómodo en una casa amplia que vivir en un departamento de dos ambientes con niños pequeños que están en edad escolar y con padres que tiene que trabajar. Ese confinamiento lleva a un cambio muy importante. No poder salir, no poder crear nuevas historias, genera una angustia acumulativa, es lo que se llama trauma acumulativo”, refiere Bruschtein.

Y suma: “Esto provoca no solo un estado de angustia sino un estado de irritabilidad que se manifiesta en lo que se llama mecanismos proyectivos, no solo en la familia aumentan los enojos, sino se enojan con las autoridades a quienes hacen responsables a sobre el mal que estamos padeciendo”.

Goldstein sostiene entonces que es el el sujeto “el que tiene poder y posibilidades para sostener la pulsión de vida” y que esto sucede aun en la adversidad o en los límites del agotamiento. “La posibilidad de concentrarse en tareas con otros, establece ciertas “rutinas” saludables, emprender una actividad posible, que puedan hacer que el mal-estar, se vuelva otro modo de estar bien en lo posible. Pero es cierto que los umbrales de tolerancia han cambiado. Por desgaste”, explica

“Un problema en este “cansancio” social es, más allá de la intolerancia, la anestesia psíquica y el exceso de velocidad tóxica en la vida. Estos estados pueden hacer que perdamos sensibilidad ante la realidad y la angustia “señal” no nos pueda proteger para cuidarnos y cuidar”, dice Goldstein.

Y cierra: “La expectativa más calma y tolerante, sería una forma de cultivar la espera y la esperanza, que más allá de todo y sin desoir los profundos malestares y padecimientos, y excesos de violencias que se producen, es lo último que se pierde, es la pulsión deseante. La aparente falta de expectativa, puede aparecer como salidas actuantes, o como estados de desazón. Vamos a estar atentos. Si podemos conectarnos con un otro, virtualmente, o a la distancia y construir zonas de subjetivacion, más allá del aislamiento social, no nos quedamos en el confinamiento mental. Encontrar nuevas coordenadas de placer y de vínculos son datos claves para sostener una expectativa que es libidinal y no solo angustiosa”.

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