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Salió campeón de América con San Lorenzo y fue clave en el debut de Messi en la Selección: se retiró del fútbol y hoy gestiona un corralón de materiales

Pablo Barrientos
Pitu, en el estadio de Jorge Newbery, club al que sigue ligado, colaborando con el manejo del fútbol

“Sinceramente si voy o no voy es lo mismo; trabajamos con otras empresas, pero me gusta estar ahí. Empiezo a llamar por teléfono, participo… El otro día me dijeron que me metiera en una reunión por Zoom… Para qué… éramos como 20, ja”. Pablo César Barrientos, aquel volante de la zurda de terciopelo, el que comparaban con Riquelme, el que no sólo jugó con Messi sino que fue partícipe trascendente en su desembarco con la casaca de Argentina, colgó recientemente los botines y el traje del Pitu, a sus jóvenes 36 años. Y describe una de sus actividades con las que busca archivar la pelota: invirtió en un corralón de materiales para la construcción y lo gestiona desde su oficina en su Comodoro Rivadavia natal. También oficia de manager en Jorge Newbery, el club de su ciudad en el que se retiró y que es como el patio de su casa. “Manejo todo lo que es fútbol. Me gusta porque en Catania tuve un director deportivo al que admiraba y mucho de eso lo podría aplicar”, asegura.

De niño y adolescente rebelde, talento prodigioso, a este adulto de ideas claras que analizó su camino en el fútbol al punto de entenderlo y aceptarlo con madurez, sin cuentas pendientes. Tanto que se dio cuenta con extrema sensibilidad cuándo debía hacer sonar el silbatazo final, aún cuando estaba cumpliendo un sueño de la infancia. Es que, luego de su paso por Nacional de Montevideo, Barrientos decidió cerrar su ciclo en Newbery, en el Torneo Regional Amateur. Pero la aventura fue breve. “Estaba para seguir, pero no tenía motivación. Me incentivó la idea de jugar en Newbery, pero los contextos son distintos, cambian. Me motivaba jugar en Newbery, pero no todos los rivales. Por ahí sí un clásico. Me agarró justo una lesión y todo eso hizo que dijera basta. Por algo pasan las cosas. Lo venía analizando”, prologa.

-¿Y qué balance hacés de tu carrera?

-El fútbol me dio mucho más de lo que soñé, cuando me fui de Comodoro. Por ahí entonces decía: “Si juego un partido en la Primera de San Lorenzo, cumplí mi sueño”. Pero después les vas tomando el gustito a esto y decís “ahora quiero jugar 10 partidos” o “ahora quiero salir campeón”. Y me pasó mucho más de lo que soñaba.

-En San Lorenzo, el club del que sos hincha, te diste el gusto de debutar en Primera, y de volver después para ser campeón de la Copa Libertadores, casi en los dos extremos de tu carrera.

-Cuando sos chicos sos más inconsciente, y por ahí no me daba cuenta de un montón de cosas. Pero al ser más grande y más pensante sí, y eso hacía que me limitara en algunos aspectos. Por ejemplo, a mí me costó más jugar en San Lorenzo que en otros lugares por el hecho de querer hacer todo bien, porque era mi camiseta, por el cariño. Incluso hasta en un momento me dije “tengo miedo de jugar mal hoy”. Con lo que significa el miedo, que te paraliza. Y sólo por querer hacer las cosas bien. En otro lugar, donde no estaba mi gente, no tenía miedo de que no gustara lo que hacía.

-¿Cuándo te pasó eso?

-Me pasó más en la tercera etapa (2014-2016, cuando ganó la Libertadores y una Supercopa Argentina ante Boca), épocas en las que jugábamos para ser campeones o para ganar una final. Me sentía inhibido, sentía que no estaba dando lo que quería. Pasaba semanas tristes, pensando si en algún momento iba a tener ese golpe de suerte, que me iluminara Dios, saliera algo favorable para mí. Trabajaba, entrenaba, y si no no se daba, me frustraba.

-¿Cómo conseguiste superar ese bloqueo?

-Tardé en superarlo, me desgastó mucho poder superarlo. Después fui saliendo de a poco, lo analicé o pedí ayuda. Empecé a pensar: “Si salgo, juego, seguro que igual me va a ir bien”. Lo trabajé con psicólogo. Fui mucho tiempo por esto. Hasta que tuve una vez una experiencia, la voy a contar. En una sesión lo insulto al psicólogo. Él no se movió, pero sí levantó la mirada por arriba de la libretita, mientras estaba escribiendo. Entonces le dije: “Eso que vos sentís con el insulto, y que te lo dije yo solo, a mí me puede pasar con 40.000 personas”. Ojo, yo me autopresioné, eh, fui yo solito. Y uno también busca interiormente una herramienta para salir,.

-¿Lo hablaste con algún compañero en su momento?

-No lo hablé con un compañero, porque no le encontraba respuesta, entonces no me animaba a hablarlo. Yo crecí en San Lorenzo, el club me dio mi primer auto, mi primer manguito, la primera ropa, los botines espectaculares… Me terminó de formar como hombre, porque era un nene cuando fui. 14 años tenía… Cumplí 14 y a los días ya me fui para el club. Tuve mis vaivenes. Esa época de la pensión quizá no era la mejor. Nos tocó que se haya roto un vidrio y entraba frío, y por ahí en mi casa no pasaba, dormíamos calentitos…

-¿Y en esos vaivenes, en los momentos de dudas, quiénes te apuntalaron?

-En mi casa, mis viejos, mis hermanos, pero después está la otra parte. Estaba Gabriel Rodríguez, coordinador de las tres divisiones chicas de San Lorenzo (hoy en River). Muchas veces me enojé con él, pero le estoy recontra agradecido. También Víctor Doria, que es de acá de Comodoro, otro que también estando ahí me ha dicho alguna vez cosas que no me gustaron, pero con el tiempo me dije: ‘¡Cuánta razón tenía!” Me enseñó la mujer que limpiaba la pensión, el que estaba a cargo… Todos me enseñaron.

Barrientos tuvo tres etapas en San Lorenzo, donde ganó una Supercopa Argentina y la Copa Libertadores
Barrientos tuvo tres etapas en San Lorenzo, donde ganó una Supercopa Argentina y la Copa Libertadores

-Formaste parte de una camada que saltó a Primera en conjunto y muchos llegaron lejos, como Gonzalo Rodríguez, Bottinelli, Zabaleta, Montillo, Jorge Ortiz, Walter Acevedo, Germán Voboril, Nereo Champagne… Es algo que no se da tan seguido.

-Sí, pero teníamos compañeros muy piolas que encontraban las palabras justas, nos ayudaron un montón a nosotros, que éramos inconscientes, teníamos ese grado de irresponsabilidad, pero nunca nos cargaron esa mochila pesada. Sí la mochila de jugar en un club grande. Pero nos decían: “Ustedes, tranquilos”. Los Paredes, Morel, Michelini, Saja nos mandaban para adelante, porque teníamos su respaldo.

-Era un grupito de juveniles travieso, al que encima se le sumó Pocho Lavezzi. ¿Se ponía picante el vestuario con las bromas?

-Era divertido por lo que te digo; les teníamos tremendo respeto a los grandes, pero los grandes también a nosotros, era sano. Había jodas, pero siempre dentro de un contexto. Se nos facilitaba un montón. La pasábamos muy bien. Imaginate que llegó una figura como Paolo Montero, entrenábamos a la mañana, comíamos en el vestuario con los utileros y por ahí eran las 4 de la tarde y seguíamos en el club.

-Describí las bromas más pesadas de aquel vestuario

-Una vez le rayaron con un marcador unas zapatillas verdes nuevas que había llevado el Negro Ramírez, por ejemplo. Un día me fui a cambiar y no tenía la ropa. Otro día me sacaron la llave del auto y me tuve que ir a mi casa en taxi. Veía el auto estacionado en el club, no lo podía usar y me quería matar. Recién a los dos días me dieron la llave. Te hacían calentar.

-¿Seguís hablando hoy con Lavezzi? ¿Sigue habiendo bromas, no lo cargás por el tema de que pasó a salir en las revistas de espectáculos?

-Hablamos con Pocho, sí. Pero hablamos normalmente, ya estamos grandes, así que hablamos serios… Aunque las jodas siempre están, ja.

El 29 de junio de 2004 el fútbol colocó un mojón en su historia. Lionel Messi debutó en la selección argentina frente a un combinado Sub 22 de Paraguay. La albiceleste se impuso por 8 a 0 y la Pulga saltó al campo con el dorsal N° 17, anotó el 7-0 y asistió a Pablo Vitti y Federico Almerares en otras dos conquistas. Quien le dejó su lugar en el césped fue… Barrientos, quien había convertido un doblete antes de la irrupción de la entonces enigmática promesa rosarina.

-¿Es algo que hablás con tus amigos, que Messi entró por vos el día que debutó en la Selección?

-No, nunca lo digo, pero lo tengo en mi memoria. Son esas cosas que me guardo para mí, no las comento mucho. Si lo dice otro me hago el tonto, digo, “capaz que sí, que fue así”, ja.

-¿Cuál fue la primera impresión que tuvieron con tus compañeros al ver a Messi?

-Teníamos un lindo grupo, éramos todos de la misma edad, nos cagábamos de risa todo el tiempo. La primera vez que lo vimos, él venía de afuera, y lo saludamos, por supuesto, en AFA predomina el respeto antes que cualquier otra cosa. Pero cuando lo vimos jugar nos miramos entre todos. Agarró la pelota y aceleró de 0 a 100 como si nada.

-¿Por lo menos te quedaste con una camiseta suya a modo de testimonio por haber jugado con él?

-Una vez, por Eliminatorias contra Chile, fui al banco, y me senté al lado. Él usaba el N° 18, te daban dos camisetas por tiempo. Entre el primero y el segundo dejó una ahí y… Me la quedé.

-¿Podemos decir que te robaste una camiseta de Messi?

-Nooo, me quedé con la que dejó ahí. No creo ni que sepa. Ahora se entera, por esta nota.

Pablo Barrientos
Pitu, entre Messi y Lavezzi, en la Selección Sub 20

-Llegaste a ese Sudamericano Sub 20, el de 2005, como la figura del equipo, incluso para muchos por encima de Messi.

-Jugamos una primera parte de torneo espectacular, jugamos con Brasil y le ganamos 2-1. Si hubiesen estado las estadísticas como están hoy, capaz hubiese sido elegido la figura, en las dos jugadas de gol estuve involucrado.

-En ese entonces, en la intimidad, en el cuerpo técnico de Pekerman y Tocalli te comparaban con Riquelme

-Yo no me fijaba mucho esas cosas. No me gustaba mirar el diario, porque por ahí me ponían 5 de puntaje y me daba bronca. O me ponían un 6 y decía, ‘jugué mejor’.

-Pero tan bien te consideraban que fuiste citado a un partido de la Selección contra Cataluña en 2004 y eras el único del fútbol local entre las estrellas de Europa

-Me sentía un poco raro, la verdad. Es que en ese momento no llegaba a los 100 dólares guardados; llegamos a Barcelona y necesitaba euros. Me acuerdo que un día tenía un hambre… Quería comer algo y me hice el tonto, porque no tenía con qué pagar, no sabía que nos daban viáticos. Tampoco sabía que viajaba en primera clase. Imaginate, en el vuelo no quería agarrar una revista por miedo a que me la cobraran.

-¿No te quedó la sensación de que podrías haber tenido una carrera más extensa en la Selección? ¿O que podrías haber llegado a algún grande de Europa?

-Yo tuve que elegir entre una cosa u otra. Para estar en ese nivel, tenía que hacer todo bien. Y llegó un momento en el que dije, ‘voy a hacer todo bien, pero hasta un cierto punto’. Es que me gustaba venir a Comodoro y en vez de ir a entrenar, me gustaba estar con los chicos, comerme un asado, salía a bailar… Para otra cosa, necesitaba dejar de lado cosas que no quería dejar; no que no podía, porque en un momento lo intenté, pero no me sentía bien como persona haciéndolo.

-O sea, vos decidiste no perderte ciertas cosas resignando tal vez posibles objetivos deportivos

-Fue una elección, todos hacemos elecciones de vida. Dependiendo de a quién se lo cuento, me dice, ‘sos un boludo’ o ‘yo hubiese hecho lo mismo’. Yo hice mi elección. Y estoy tranquilo. Me levanto todos los días tranquilo. Pude hacer más en el fútbol, sí, pero no lo hice.

-¿Y si tuvieras adelante a un juvenil adelante y le pasa algo parecido, ¿qué consejo le darías?

-Le marcaría el mejor camino. Le diría que haga todo bien, o que al menos lo intente. Está el premio a los que hacen todo bien. Eso sí, en mi caso no lo analizo demasiado. Soy una persona que no mira demasiado a los costados. Me digo “fue lo que hice yo”. Para algunos puede estará bien, para otros, mal. Me preocupa si me lo dice alguien que me conoce bien. Hay gente que no me conoce y me tiene sin cuidado. Hay momentos de felicidad que pasan por los pequeños momentos. Si yo veo a un amigo que es feliz jugando a las cartas conmigo, me quedo una hora o dos horas más, sin mirar el reloj, en lugar de decir “llegué hasta acá, me voy a dormir”.

-¿Cuál fue el mejor momento de tu carrera?

-En Rusia (pasó por el FC Moscú), me sentaba bien ese fútbol. En Catania también me sentí muy cómodo, por el fútbol, la táctica, el manejo del club, el director deportivo me quería, tuve técnicos que me quisieron. Quizás ese fue mi mejor momento.

Pablo Barrientos
El ex volante, en su oficina en el corralón de materiales: "Con el emprendimiento ocupo mi tiempo para no quedar a la deriva cuando termina la etapa más importante en tu vida"

-¿Fue difícil la adaptación a Rusia?

-Fue el primer país al que emigré. De la inconsciencia decís, “en Argentina somos mejores que los rusos, ganamos dos Mundiales, tenemos a los mejores jugadores en todo el mundo”. Y llegué allá y me di cuenta de que me tenía que acoplar a ellos, porque había terribles jugadores. No es que iba ahí e iba a jugar y ya. Por suerte, en Moscú era un hijo más de Braca (Héctor Bracamonte) y su mujer. Él siempre fue relajado, parecido a mí, te llevaba a estar tranquilo, nos tomábamos un té a la tarde… Me hizo sentir excelente.

-¿Y tu mejor momento en el fútbol argentino?

-Fue en el San Lorenzo de Russo, en 2008. Hice muchos goles, el equipo jugaba de una forma que me quedaba cómoda; empezaba por derecha y me transformaba en enganche. En la primera parte del torneo ganábamos todos los partidos; me lo decís y me pongo mal, nos caímos inexplicablemente. Cuando llegó la última parte, que fuimos a un triangular final con Boca y Tigre (el Xeneize salió campeón), llegamos con inseguridades y lo pagamos caro.

-¿Cuáles fueron los mejores técnicos que tuviste?

-No sé quién pudo ser mejor o peor técnico, pero tuve técnicos muy leales, Gorosito… Y mirá que en un momento ni me llevaba al banco. El Bambino Veira, técnico que por ahí alguna vez se habló mal de él, era un tipo leal. Miguel (Russo) también. Con Pablo Guede, por ejemplo, cuando no me citó un partido, la primera fecha con Patronato, yo estaba enojado. Me mandaba al banco y seguía enojado. Y resulta que pudimos hablar, tuvimos buenas charlas, de las que dejan cosas. Mismo el Patón Bauza, que me vino a saludar cundo se fue, y le agradecí que me había dejado cumplir el sueño de volver y ganar la Libertadores; siempre fui agradecido aunque no jugué lo que pretendía. Lo mismo (Ruben) Insua… Todos con su perspectiva, con su ideología. Son tipos con valores. Después hablamos de táctica, todos sabemos de fútbol. Me ha pasado que me cambiaran de posición, no me gustaba, y terminé rindiendo. Montella, en Italia, un día me mandó de extremo derecho. Yo dije: “¿Qué hago acá?”. Y me calzó de 10 jugar ahí. Cristante, cuando llegué a México, al Toluca, me puso en una posición, que yo lo miraba como diciendo “no sé si estoy preparado”. Ahí jugaba Zinha, ídolo máximo del club, tipo de doble 5, un poquito más adelantado.

-De Nacional de Montevideo te embarcaste en jugar en el Torneo Regional Amateur con Newbery, cuando se rumoreó de una posible vuelta a San Lorenzo. Ahí dijiste que no estabas al nivel de regresar al club. Otro, tal vez en su lugar, hubiera hecho valer su condición de futbolista querido por los hinchas.

-Quería quedarme en Comodoro. Los que no entienden te preguntan por qué. No me da rédito económico, pero amo esto. Todos me decían, “sos un loco, cómo Newbery, te van a decir fracasado”. No me importó. Sentía que tenía que jugar, usar la camiseta, tener esa sensación. Al mismo tiempo, personalmente es una de mis grandes satisfacciones, fui sincero conmigo mismo. Hay que separar lo racional de lo sentimental. Pude agarrar y decir, “no estoy para volver a San Lorenzo”. Fui pensándolo bien, no con el corazón; con el corazón hubiera dicho que sí, que volvía, porque me encantan la ropa, el vestuario, gritar los goles…

-¿Y cómo te llevás con tu emprendimiento en el corralón de materiales? ¿Es lo que planificás para tu vida de ahora en más o te imaginás relacionado con el fútbol desde otro rol, más allá de lo que hacés en Newbery?

-Con el emprendimiento ocupo mi tiempo para no quedar a la deriva cuando termina la etapa más importante en tu vida, más que nada con el tiempo que sobra. Por las tardes estoy en el club, tengo algunos desafíos por cumplir, como ser presidente. Y me encantaría volver a San Lorenzo.

-¿Como técnico?

-Ser técnico no es mi perfil, es un trabajo que te demanda otra cosa. No estoy preparado hoy. Más adelante puede llegar a ser, pero lo dudo, aunque no hay que cerrar las puertas. Tal vez en otra función. O siendo parte de un cuerpo técnico.

-¿No extrañás ser futbolista?

-Es que los momentos lindos los disfruté tanto… Por ejemplo, cuando estaba en Marruecos para el Mundial de Clubes, antes de la final, de jugar. Ver a San Lorenzo al lado del Real Madrid… Me parece que pasó ayer, me acuerdo hasta de las paredes del estadio. Lo tengo recontra presente. Me emocioné llegando al lugar. Esos son momentos de verdadera felicidad.

-En ese partido jugaron contra el Real Madrid de Cristiano Ronaldo. ¿Qué sensación te dejó?

-No me produjo demasiado tenerlo a Cristiano Ronaldo enfrente. Por más que mucha gente dijera “San Lorenzo no le va a ganar”, todos nosotros pensábamos que sí, que podíamos. Fuimos con la ilusión y no nos importaba. Cristiano no me deslumbró en la cancha. Encima Messi es argentino, je.

Pablo Barrientos
En la pared de su oficina, los dos escudos que ocupan su corazón: el de Newbery, junto al de San Lorenzo. También jugó en FC Moscú, Catania, Estudiantes de La Plata, Toluca de México y Nacional de Montevideo

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