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Scaloni es profesor y alumno en una Selección que aún busca su identidad

Messi, rodeado entre jugadores chilenos, tras la decepción del 1-1 (REUTERS/Ricardo Moraes)
Messi, rodeado entre jugadores chilenos, tras la decepción del 1-1 (REUTERS/Ricardo Moraes) (RICARDO MORAES/)

Argentina tiene una camiseta importante. Arriba de su escudo hay dos estrellas. Fue la Selección de Diego y ahora la 10 la tiene Messi. Se suele caer entonces en la tentación de argentiniar. Así, siempre el equipo es candidato, nunca deja de ser potencia, todas las generaciones son igual de talentosas que las anteriores. Aunque hay errores repetidos que llevan a replantearse la medida que tiene hoy la Selección. Hay empates que pueden significar un baño de humildad. Argentina está en un proceso de formación, aun cuando el defecto sea que ya se llevan 28 partidos del ciclo. Scaloni debe saberlo y tal vez declara algo que no piensa del todo. La idea no parece tan definida como declama en público. Argentina generó jugadas en ataque pero otra vez falló en defensa. En fin, no es fácil hablar después de un empate en un debut de Copa América. Pero en vez de pedir explicaciones por el mal estado del campo de juego, el entrenador debería explicar algunos de sus cambios y, fundamentalmente, por qué el equipo volvió a caer en el final.

Messi no es una persona arrogante. Jamás dirá que la Selección depende de él como podrían hacerlo Cristiano Ronaldo o Ibrahimovic. Aunque otra vez, cuando el funcionamiento no aparece, le reza al 10. Tal vez haya un error de arrastre. La Copa América 2019 pareció distorsionar la mirada porque el VAR jugó para Brasil. El enojo por la teórica conspiración, la reacción contra la Conmebol, dejó en segundo plano el análisis de un equipo irregular. Puede haber buenos ratos de fútbol en estos últimos partidos: el primer tiempo con Chile, o un buen rato de baile a Colombia. Igual es difícil de saber qué equipo es la Selección. Uno puede distinguir un conjunto de Simeone sin que el director de la transmisión llegue a ponchar una vez al Cholo. Lo mismo con Gallardo. Tal vez sea injusto pedírselo ya a Scaloni. No es una crítica cruel sino una descripción lineal. Nació como técnico en la Selección. Es profesor y alumno al mismo tiempo. De todos modos, permite preguntarse por qué sacó a Paredes cuando faltaba juego en el medio, por qué el equipo dejó de conectar con Lo Celso en el pase, por qué Agüero jugó tan poco, o por qué no sale De Paul cuando está errático. Tiene buenas elecciones como Nico González, de lo mejor en el debut, pero aún falta algo más que la conexión o la empatía con los futbolistas.

La defensa es una alarma desde hace tiempo. Habría que encontrar el equilibrio entre viudas de la generación anterior y los odiadores de la camada que perdió en las finales. Allí se puede trabajar en movimientos, aunque tampoco hay jerarquía a montones. Cuti Romero no fue un hallazgo porque se trata del mejor defensor de la liga italiana. No quita que lo llamó Scaloni, que lo convocó cuando no se lo pedía ni desde los medios. Y apenas dos partidos después de su debut el equipo lo extraña. Otamendi no dio las garantías que aportó en su mejor versión. Martínez Quarta sufrió el partido y aún no confirmó la mirada de indiscutido. La jugada del penal los expuso, incluido el penalazo de Tagliafico. Tanto como la falta de reacción del lateral para ir al rebote del penal que atajó Dibu Martínez. Como siempre decía Sabella, para evaluar a los defensores siempre hay que mirar a quiénes tienen en el medio. Argentina no se protegió con la pelota, más allá de que todo el partido quedó mal parado. Aun cuando dominó, a la Selección le costó cubrir los espacios para defender en ataque. Pasa que tampoco quedó afuera un Passarella o un Ruggeri. Podría estar Enzo Pérez, hoy en mejor nivel que en Rusia 2018. Aunque igual no faltan figuras. Si bien post Sampaoli se pensó la refundación desde Dybala y Mauro Icardi, ahora no se los reclama.

Argentina hasta pudo haber ganado pese a su caída de tensión. Si Messi metía otro tiro libre, como el que festejó a lo Maradona. Si Nico González acertaba después del gran pase de Lo Celso. Si Lautaro Martínez hubiera estado fino, algo que esta vez no pasó. O si Di María se animaba a terminar él alguno de los dos pie a pie que tuvo. Igual hoy estaría por debajo de la línea de Brasil, por el poderío que tiene en todas sus líneas. O sea, el candidato igual sería el local. Aunque esa variable no le quita a Argentina la ilusión de ganar la Copa América después de 28 años. El gran paso es equilibrar con trabajo -en este mes- algunas zonas donde falta un distinto. Que los jugadores ayuden al entrenador y que Scaloni potencie a los futbolistas por más nombre que tengan. Que los jóvenes den el salto de calidad individual para hacerse hombres de Selección. Así dentro de un año y medio apenas, Messi puede tener el último Mundial que se merece. Al final de cuentas, la lectura del partido del capitán fue la más correcta. “Nos faltó tranquilidad, tener el control de la pelota cuando nos pusimos en ventaja”. Sin argentiniar puede ser más simple encontrar la forma de jugar de la Selección.

Lionel Scaloni nació como técnico en la Selección (REUTERS/Sergio Moraes)
Lionel Scaloni nació como técnico en la Selección (REUTERS/Sergio Moraes) (SERGIO MORAES/)

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