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“El Pibe” Valderrama, el referente de la Generación Dorada colombiana que admiraba a Bochini y que estuvo a punto de jugar en Newell’s

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Carlos Valderrama sale a marcar a Diego Maradona, durante el juego amistoso "Partido por la paz", el 1 de septiembre de 2014, en el estadio Olímpico de Roma, Italia. EFE/CLAUDIO PERI/Archivo (EFEI0373/)

Pese a que uno de los gritos más famosos de los hinchas cafeteros es “cinco a cero, cinco a cero” en referencia a la histórica goleada del Monumental en 1993, cuando golearon a la selección argentina, uno de sus máximos referentes, elegido dos veces como mejor jugador de Sudamérica, Carlos Valderrama, tiene como apodo “El Pibe”, es un admirador de Ricardo Bochini, y estuvo muy cerca de jugar en Newell’s Old Boys.

Valderrama, reconocido por sus rulos rubios en su melena setentista, consiguió jugar tres Mundiales entre 1990 y 1998 cuando su selección nacional no participaba de la máxima cita desde Chile 1962, y también participó de cinco ediciones de la Copa América entre 1987 y 1995, es el ídolo de cracks como Ronaldinho, David Beckham o James Rodríguez, se dio el lujo de que nada menos que Pelé lo incluyera en el ranking de los mejores cien jugadores del Siglo XX y según el Instituto de Historia y Estadística (IFHHS) se encuentra en el puesto 39 entre los futbolistas destacados de la pasada centuria.

Carlos Alberto Valderrama Palacio nació el 2 de septiembre de 1961 en Santa Marta, Magdalena. Su padre, Carlos “Jaricho”, fue jugador profesional e integró también el equipo de Unión Magdalena de Santa Marta y llegó a ser convocado para la selección regional. Sus hermanos Alan y Ronald, y sus primos Didí Axel y Miguel González Palacio (su madre se llama Juana Palacio) también fueron futbolistas.

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Valderrama jugó tres mundiales con su selección, Italia 1990, EEUU 1994 y Francia 1998.

De niño solía vender avena y empanadas junto a su abuela en el mercado, alternando esta actividad con la práctica del fútbol después de clase en la cancha de arena de La Castellana en el barrio “El Pescaíto”. En esos tiempos todavía era “El Mono”, como se apoda a los rubios en su país, aunque no tardó en ser llamado definitivamente “El Pibe” cuando su padre, entrenador del equipo de la escuela “Luis Celedón” lo recomendó al dirigente del Unión Magdalena Eduardo Dávila, y una vez que ingresó a jugar en este club, el fallecido ex jugador y director técnico argentino Rubén Deibe, preguntó “dónde está el pibe” al no encontrarlo para la disputa de un partido.

Para ese entonces Valderrama era un joven que usaba ya un Africa Look setentista, copiando a algunos jugadores de moda en su país, como Diego Edison Umaña, y era un seguidor de Independiente, enamorado del juego de Ricardo Bochini, que se desempeñaba en el mismo puesto que él, aunque había comenzado como centrodelantero goleador y de a poco, se fue retrasando hasta convertirse en el armador de juego de sus equipos con pases milimétricos hacia los delanteros y un gran manejo de los tiempos.

Su debut en el Unión Magdalena se produjo en 1980 y cuatro años más tarde fue transferido a Millonarios, donde el entrenador José Luis Pinto no lo tenía demasiado en cuenta por lo que un año después emigró al Deportivo Cali, donde se encontró con un director técnico como Vladimir Popovic, que proponía un juego estético donde “El Pibe” encajó perfectamente en dupla con Bernardo Redín, y fueron subcampeones en 1985 y 1986 detrás del poderoso América de Cali que llegó tres veces seguidas a la final de la Copa Libertadores.

En ese tiempo, Valderrama jugó su primera Copa América, que coincidió con la primera edición del torneo sudamericano de selecciones con el nuevo formato, jugado en Argentina, dirigido por el odontólogo Francisco “Pacho” Maturana. Marcó un gol en el triunfo de 2-0 ante Bolivia, golearon 3-0 a Paraguay, pero al caer 2-1 ante Chile en semifinales, tuvieron que finalizar en el partido por el tercer puesto nada menos que ante el equipo de Carlos Bilardo, que había ganado el Mundial de México un año antes. En una tarde de gran neblina invernal, los cafeteros se impusieron 2-1 aún con Diego Maradona y Claudio Caniggia enfrente. Sus actuaciones le valieron ser elegido a fin de año como el mejor jugador del continente en la tradicional votación para el diario “El País” de Montevideo.

Carlos Valderrama y su mujer junto al Papa Francisco, en una audiencia en El Vaticano.
Carlos Valderrama y su mujer junto al Papa Francisco, en una audiencia en El Vaticano.

Valderrama había debutado en la selección colombiana en 1981, cuando el DT era Eduardo Retat aunque alcanzó más regularidad desde 1985 cuando se hizo cargo del equipo el médico Gabriel Ochoa Uribe, aunque no pudieron clasificarse al Mundial de México al caer en el repechaje (luego de participar en el grupo con Argentina) ante el conjunto paraguayo de “Romerito” y Roberto Cabañas por 3-0 en Asunción y vencer 2-1 como local en el día que marcó el retiro del conjunto nacional de Willington Ortiz, de quien heredó el liderazgo a partir de allí.

Siendo ya una gran figura sudamericana, se presentó con su selección ante Inglaterra en Wembley para un amistoso en 1988. Eran la atracción por su juego bonito, como parte de una Generación Dorada integrada por el arquero René Higuita, el volante Leonel Álvarez y los delanteros Adolfo “Tren” Valencia, Iván René Valenciano, Faustino Asprilla, Bernardo Redín, Freddy Rincón o Albeirfo “Palomo” Usuriaga.

Su fama le valió el pase al fútbol europeo. Fue contratado por el Montpellier francés pero le costó mucho adaptarse al sistema al punto de que el entrenador Pierre Mosca a veces siquiera lo convocaba para el banco de suplentes y hasta lo llegó a enviar a entrenarse con el equipo de tercera categoría, sumado a la decepción de una mala Copa América de Brasil 1989 en la que Colombia quedó eliminada en la primera fase, aunque las cosas mejoraron algo con la llegada de Aimé Jacquet (una década más tarde DT de la selección francesa campeona del mundo como local), que lo hacía ingresar en los minutos finales, pero su mejor momento fue con Michel Messy, cuando alcanzó la regularidad y la titularidad.

El 5 de septiembre de 1993 Colombia, comandada por Valderrama, derrotó a la selección Argentina por 5 a 0.
El 5 de septiembre de 1993 Colombia, comandada por Valderrama, derrotó a la selección Argentina por 5 a 0.

Una de las mayores alegrías de esa época llegó de la mano de la clasificación para el Mundial de Italia 1990 al vencer a Israel en el repechaje (superó a Ecuador y Paraguay en el grupo). Colombia regresaba a la máxima cita futbolística 28 años después de su última participación, en Chile 1962.

En el Mundial marcó un gol en la victoria por 2-0 ante Emiratos Árabes Unidos, pero lo que quedó en el recuerdo fue su magistral asistencia a Rincón para el histórico gol sobre la hora que posibilitó el empate 1-1 contra Alemania, días más tarde campeona del mundo. Sin embargo, Colombia fue eliminada por Camerún en los octavos de final por un grave error de Higuita en la salida desde su arco, cuando el delantero Roger Milla le quitó la pelota y convirtió el gol sin oposición.

Ya con Luis Augusto García como entrenador, integró el equipo que disputó la Copa América en Chile 1991, en el que llegaron cuartos, en tanto que fueron los rivales de la selección argentina el día que dirigida por Alfio Basile consiguió el título. Lo más destacado de ese torneo para los cafeteros fue su triunfo por 2-0 ante Brasil, el primero en la historia de la competición continental.

Ese mismo año, pasó a jugar en el Valladolid, pedido especialmente por su compatriota Maturana, que además llevó a Leonel Álvarez, a Higuita y al preparador físico Diego Barragán, pero la campaña del equipo en la liga española fue muy pobre y lo que quedó para el recuerdo fue el episodio ante el Real Madrid en el estadio Santiago Bernabeu, cuando a la espera de un córner, sorpresivamente su rival Miguel González “Michel”, integrante de la llamada “Quinta del Buitre”, lo tomó de los testículos. “Lo hizo para provocarme, pero me quedé callado porque sabía que si reaccionaba, perjudicaría a mi equipo”, contó años más tarde. Esta escena fue tomada por las cámaras de TV y generó un clásico grito de los hinchas adversarios al conjunto blanco de la capital española “Michel Michel Michel maricón”. “Me lo cantaban hasta mis hijos, bromeando, en los desayunos”, llegó a contar el ex volante y ahora entrenador. Otros lo provocaban desde las tribunas colocándose pelucas rubias y con rulos.

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En 1995 estuvo muy cerca de jugar en Newell’s. Llegó a ser presentado pero finalmente el pase no se materializó por un problema en el contrato.

En 1992 regresó a Colombia para jugar en Independiente de Medellín. El DT era el uruguayo Julio Comesaña y no lograron clasificarse a las fases finales del torneo. Apareció entonces Fuad Char, dueño del Atlético Junior de Barranquilla para adquirir su pase. Su idea era armar un gran equipo para ganar el título, por lo que también trajo a Miguel “Niche” Guerrero y al goleador Valenciano, del Atalanta italiano. Valderrama se convirtió en el alma y capitán, y su asistencia a Oswaldo Mackenzie significó el gol del campeonato al América de Cali, y fue elegido como el mejor jugador del año en 1993. Fue un año especial para “El Pibe”. En la Copa América de Ecuador alcanzó el tercer lugar tras haber sido eliminado por Argentina en los penales en la semifinal, pero la venganza llegó meses más tarde, cuando el 5 de septiembre superaron a los albicelestes de Basile por 5-0 en el Monumental en la última fecha de la clasificación al Mundial de los Estados Unidos, con una notable eficacia en los contragolpes. “Esa vez le dábamos patadas pero ni así lo podíamos parar”, reconoció Oscar Ruggeri.

Más allá de que en la ida, en Barranquilla, la selección argentina había sufrido en la derrota 2-1 (la primera luego de un invicto de 33 partidos), el 5-0 de la vuelta en Buenos Aires fue resonante, envió al equipo de Basile al repechaje ante Australia y se convirtió en candidata para ganar el título en Estados Unidos y así lo consideró incluso Pelé. Sus actuaciones le valieron volver a ser votado como mejor jugador del continente sudamericano en la encuesta de “El País” uruguayo.

Pero 1994 no comenzó bien para él porque se lesionó gravemente en febrero en un amistoso ante Suecia en Miami cuando fue barrido por Kennet Andersson –reaccionó con otro golpe y fue expulsado por única vez en el equipo nacional- y se pensó que no llegaría bien al Mundial, aunque se recuperó en poco menos de dos meses y llegó hasta las semifinales de la Copa Libertadores con el Junior, cuando fue eliminado por penales por el Vélez de Carlos Bianchi, luego campeón el torneo. Tampoco le fue bien en el Mundial, donde pese a la enorme expectativa, Colombia fue eliminada en la primera fase y al regresar, en el avión, se enteró del asesinato de su compañero Andrés Escobar. “Me lo dijo una azafata y me quedé helado. No lo podía creer”, comentó.

En 1995 estuvo muy cerca de jugar en Newell’s. Llegó a ser presentado pero finalmente el pase no se materializó. “Eduardo López-entonces presidente del club rosarino- me prometió un dinero que no apareció y tuve que regresar a mi país”, relató. Fue campeón otra vez con el Junior en un final cabeza a cabeza con el América. La temporada se completó con la expectativa de otra Copa América en Uruguay, ahora con la dirección técnica de Hernán “Bolillo” Gómez y en la que terminaron terceros, aunque con un rendimiento irregular. Sería la última competición sudamericana de su carrera.

En Italia 1990 con su selección llegaron hasta 8vos de final donde perdieron con Camerún.
En Italia 1990 con su selección llegaron hasta 8vos de final donde perdieron con Camerún.

Para darle un broche de oro a su carrera con la camiseta colombiana, ayudó a la clasificación para el tercer Mundial consecutivo, el de Francia 1998, consiguiéndolo una fecha antes del final, en un torneo en el que fueron líderes e invictos. Terminó marcando el gol con el que iban ganando a la selección argentina de Daniel Passarella, en el empate final 1-1.

En el torneo de Francia, sin embargo, no le fue bien a la selección colombiana, eliminada en la primera fase, aunque Valderrama alcanzó a asistir a Léider Preciado en el único gol de su equipo en el certamen, con el que le ganaron 1-0 a Túnez. Su despedida fue ante Inglaterra, y terminó cambiando su camiseta con David Beckham, para completar 111 partidos y 11 goles.

Ya en el final de su carrera, se fue a jugar a los Estados Unidos. Primero en el Tampa Bay en la temporada 1996/97 y regresó en la 2000/01, pasó por el Miami Fusion en 1998/99 –en el medio fue cedido a préstamo al deportivo Cali por unos meses en 1997/98- para terminar en los Colorado Rapids en 2001/02. Tiene el récord de asistencias de la Major League Soccer con 114 y fue elegido en el “All Best XI Team” de la primera década del siglo XX.

Anunció su retiro del fútbol el 12 de abril de 2003 y hasta se organizó un partido homenaje en febrero de 2004 en el estadio Metropolitano Roberto Meléndez, en el que José Luis Chilavert le contuvo un penal (“Él es así y sale a ganar siempre y en todos lados, pero le dije solamente que le agradecía haber venido porque cuando lo invité me dijo que cuándo y dónde quisiera”). Al poco tiempo, a sus 42 años, fue convocado para realizar la pretemporada con el Unión Magdalena, su primer club.

“Recibí una invitación para cumplir mi sueño de terminar mi carrera en el Unión. Tenía cita el 5 de enero a las 6,30 de la mañana para entrenarme, pero me levanté a las 8. Cuando esta situación se presenta, uno se da cuenta de que es mejor irse”, se sinceró. En total, completó 682 partidos en clubes, con 75 goles.

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En 2013 fue director técnico de la selección indígena de su país. (EFEI0500/)

Una vez retirado, fue director deportivo del Junior desde 2007, cargo que compartió con el también ex jugador Luis Grau. El 31 de octubre de ese año, en un partido contra el América de Cali, enojado por un penal cobrado en contra, le llegó a mostrar un billete de cincuenta mil pesos (el más alto de ese momento en Colombia= al árbitro internacional Oscar Ruiz. La Dimayor lo sanciono con una multa y diez fechas de suspensión.

En 2012, fue uno de los convocados por el Comité Olímpico Internacional para llevar la llama olímpica hasta Londres y en 2013 fue director técnico de la selección indígena de su país, con Asprilla como ayudante. En ese mismo año se postuló para senador por el “Partido de la U” en las elecciones de 2014, pero desistió unos meses más tarde.

Casado con Elvira Redondo, una mujer con su misma melena y con gran exposición mediática por lo que cuida mucho su físico, siempre muy entrenado, tiene seis hijos y luce doce pulseras en cada brazo y siete collares. “Es que me encantan las ferias hippies y cada vez que voy, me compro algo nuevo”, explica, y se ríe.

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