Salud

Enfermedad pulmonar persistente después de COVID-19 agudo: cómo reconocerla y cuánto es esperable que dure

Enfermedad pulmonar long covid
Los pulmones a menudo presentan alteraciones fisiológicas y radiológicas tres o cuatro meses después del alta hospitalaria (Getty) (Virojt Changyencham/)

Que la enfermedad causada por el SARS-CoV-2 ocasiona un cuadro inflamatorio en todo el organismo ya se sabe. Las consecuencias de la famosa “tormenta de citoquinas” se evidencian no sólo a nivel del sistema respiratorio, sino que hay pacientes que presentan -durante el curso de la infección y aun tiempo después- efectos en el aparato cardiovascular, alteraciones renales y hasta secuelas neurológicas.

Lo cierto es que recién ahora está cumpliéndose un año desde que dieron el alta a los primeros pacientes que cursaron la enfermedad de manera grave, por lo que podría decirse que la ciencia descubre “en tiempo real” los efectos a largo plazo que el COVID-19 deja en quienes lo padecen.

Da la sensación de que 15 meses después, la comprensión por parte de los especialistas de las complicaciones luego del tratamiento hospitalario contra el COVID-19 está mejorando. Un estudio realizado en el Reino Unido entre 47.780 pacientes dados de alta informó una mortalidad por todas las causas del 12% y reingresos en un tercio después de 140 días de seguimiento. “Curiosamente, aunque se diagnosticó enfermedad respiratoria en un 29,6% después del alta, las tasas de complicaciones extrapulmonares, incluida la diabetes, los eventos cardiovasculares adversos y la disfunción hepática y renal también aumentaron en comparación con las de los controles emparejados de la población, lo que indica que el efecto del COVID-19 se extiende mucho más allá de los pulmones”, aseguró una reciente publicación de The BMJ.

Los datos de los resultados de las cohortes de un solo centro de salud de ese país demostraron que los pulmones a menudo presentan alteraciones fisiológicas y radiológicas tres o cuatro meses después del alta hospitalaria.

Según la misma publicación, en un estudio prospectivo llevado a cabo en Italia, la capacidad de difusión del monóxido de carbono (DLCO, un marcador de la integridad vascular pulmonar) estaba por debajo del rango normal en el 52% de 238 pacientes a los cuatro meses del alta. Asimismo, un estudio de Canadá encontró que el 55% de los pacientes a los que se les realizó una tomografía computarizada de seguimiento tenían anomalías radiológicas persistentes 12 semanas después del alta, al igual que un estudio de cohorte francés, que informó hallazgos similares, con evidencia de fibrosis en el 12% y el 37% de los pacientes no intubados e intubados, respectivamente.

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"Hay pacientes más propensos, de hecho hay indicios claros de que el estado inflamatorio previo del paciente es determinante en el outcome de la enfermedad" (Getty) (South_agency/)

Pero, ¿qué es la enfermedad pulmonar persistente luego de un cuadro de COVID? ¿Cómo reconocerla? ¿Hay pacientes más propensos que otros a padecerla? ¿Qué estudios de control deben hacerse los pacientes tras el alta? Sobre todo eso, Infobae consultó a especialistas.

“Se trata de la continuidad de alguno de los síntomas respiratorios como la falta de aire, la tos persistente o a nivel de tomografía computada la presencia de imágenes, opacidades o en vidrio esmerilado engrosamiento de los septos que corresponden a estas secuelas que puede dejar la enfermedad por COVID-19”. La médica neumonóloga Ana Putruele (MN 55966) es jefa de Neumonología del Hospital de Clínicas y ante la consulta de este medio señaló que una de las formas de reconocer esta secuela es tanto por el antecedente previo de haber tenido COVID o por la realización de estudios de diagnóstico por imágenes.

Para el médico especialista en medicina interna y neumonólogo Alexis Doreski (MN 141740), “hay lesiones post COVID pulmonares incluso en pacientes que pasan la enfermedad sin mayores sobresaltos”.

Sobre si hay pacientes más propensos que otros a padecer esta secuela, Putruele consideró que “no está evaluado, pero puede decirse que aquellos grupos que presentan enfermedad preexistente pueden presentarla con más frecuencia”. “Se ve más en hombres, pero no podría decirse que hay un grupo de riesgo totalmente identificado -ahondó-. Probablemente las formas graves pueden dejar secuelas y una de ellas es que queden engrosamientos septales, imágenes alveolares o lo que llamamos imágenes fibróticas; todos estos cuadros se resuelven en general en el tiempo”.

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Recién ahora está cumpliéndose un año desde que dieron el alta a los primeros pacientes que cursaron la enfermedad de manera grave (Getty) (Morsa Images/)

Y tras asegurar que “en los pacientes que tuvieron neumonía bilateral o requirieron oxígeno en general queda este tipo de secuela”, la especialista sostuvo que “hay algunos grupos de riesgo que pueden tener más posibilidades de padecerlo, como pacientes con enfermedades cardíacas o pulmonares crónicas”. Y aclaró: “Un cuadro grave no siempre termina con estas secuelas”.

“Hay pacientes más propensos, de hecho hay indicios claros de que el estado inflamatorio previo del paciente es determinante en el outcome de la enfermedad, en cómo transite la enfermedad y las secuelas que tenga -aportó a su turno Doreski-. Se sabe que el asma no es un factor de riesgo, pero la EPOC, sobre todo severa y el hecho de ser fumador determinan peores resultados y un mayor riesgo de lesiones crónicas post COVID”.

Acerca de los estudios de control luego del alta que conviene hacer a quienes pasaron por esta enfermedad, en consideración de Putruele, “en una espirometría después del alta se puede ver si el paciente quedó con obstrucción o restricción del pulmón; es un estudio sencillo que mide la capacidad pulmonar”. Además de una tomografía computada y una rutina de laboratorio al recibir el alta epidemiológica.

Con ella coincidió Doreski, para quien “corresponde hacer un seguimiento con un neumonólogo hasta un año después del alta, así como realizar estudios funcionales respiratorios como la espirometría al mes, a los tres, seis, nueve y 12 meses dependiendo de los resultados”.

“Si hubo fibrosis durante el periodo de hiperinflamación transitado a lo largo de la enfermedad corresponde controlar la difusión pulmonar de gases, que se mide con un estudio llamado DLCO”, agregó, al tiempo que resaltó que “es de esperar que la fibrosis no se vuelva progresiva en estos pacientes, pero no hay aún suficiente experiencia en el mundo para determinar esto”.

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"La gran mayoría de los pacientes recupera la función pulmonar después de un tiempo, sin embargo, hay un subgrupo que está siendo evaluado en diferentes países que quedan con una fibrosis pulmonar" (Getty) (mustafagul/)

Y tras destacar que “hay más de 60 clínicas llamadas de ‘long COVID’ en el Reino Unido”, el neumonólogo resaltó que la Fundación Respirar, que desde hace 20 años se dedica a la atención, prevención y tratamiento de las enfermedades y afecciones respiratorias y de la que él es director de Investigación fue pionera en el país en el seguimiento a largo plazo de pacientes infectados. “Hacemos seguimiento gratuito de estos pacientes con secuelas post COVID”, informó.

Cómo es el tratamiento y cuál la perspectiva de resolver el cuadro

Según explicó Putruele, “al tratamiento contra el COVID se le suma el uso de corticoides por un tiempo, que no debe ser demasiado prolongado”. “La gran mayoría de los pacientes recupera la función pulmonar después de un tiempo, sin embargo, hay un subgrupo que está siendo evaluado en diferentes países que quedan con una fibrosis pulmonar y ahí pese a que no está totalmente dilucidado, los diferentes agentes antifibróticos pueden ser de ayuda -explicó la experta-. Todavía publicado no hay demasiado pero podría usarse algún anticuerpo monoclonal o algunas drogas que se utilizan para otro tipo de fibrosis o artritis reumatoidea”.

“En última instancia podría pensarse en el trasplante pulmonar, pero todavía no tenemos información disponible acerca de ese pequeño porcentaje de pacientes que quedan dependientes de oxígeno”, señaló. Y concluyó: “Ese subgrupo menor de pacientes en los que el cuadro no se resuelve preocupa a los especialistas para ver cuál va a ser la mejor terapéutica para no llegar al trasplante de pulmón”.

En resumen, los estudios realizados en el mundo hasta la fecha muestran que se producen complicaciones respiratorias persistentes y que la gravedad de la infección y el estado de salud previo son probablemente los principales determinantes del deterioro radiológico y funcional a largo plazo. Tal como el SARS-CoV-2 parece que vino a enseñar tanto a médicos como a la población en general, sólo el tiempo podrá arrojar luz sobre las dudas que -a un año y medio de pandemia- quedan por aclarar.

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