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Yoga, trash talk, dieta puntillosa y psicología: los secretos de Dibu Martínez para convertirse en el arquero sensación de la selección argentina

EMiliano Dibu Martinez
Los secretos de este presente del Dibu Martínez (Stuart MacFarlane/)

El silencio sepulcral en el estadio pone a los micrófonos del campo de juego en un rol central. Emiliano Martínez parece enojado, fastidioso. Como si arrastrara viejos rencillas con Yerry Mina, Davinson Sánchez y Miguel Borja, pero expone un silencioso respeto deportivo con Juan Cuadrado y Edwin Cardona. Con los tres primeros se muestra verborrágico, exaltado, fuera de sus casillas. Habla sin cesar, como si estuviese por fuera del aquí y ahora. Pero no. Es una estrategia. Saca de sus bolsillos el trash talk que la NBA llevó a primera plana. Abre las puertas del laberinto psicológico de sus rivales. Y triunfa.

“Fijate que de cinco penales a dos no les dijo nada. A los otros tres que los vio titubeando, con cierto temor, les trató de trabajar un poco la conciencia para debilitarlos”. Miguel Ángel Santoro, a.k.a Pepé Santoro, tiene una de las fórmulas más preciadas del fútbol. Sus manos son las de un preciso orfebre que moldeó a algunos de los arqueros más destacados del país en los últimos años. Olfateó las condiciones de Martínez cuando llegó a los 12 años desde Mar del Plata para probarse, pero el arquero debió esperar una década y media para que los grandes flashes finalmente se posaran en él. Dibu fue héroe de la Selección con un equilibrio justo entre sus magníficas condiciones, un trash talk viral y algunos métodos alternativos para un futbolista como el yoga, los pilates o la psicología.

A la tradicional disciplina de raíces hindúes Martínez la adquirió como una de las opciones alternativas que le brindó el Arsenal inglés por fuera del fútbol y para Pepé esa herramienta le sirvió a Dibu para saber cuándo aplicar el asedio psicológico durante esa tanda de penales que hoy es tema de debate en todo el mundo. “Hace yoga. Si te das cuenta, cuando va a empezar los entrenamientos agarra la pelota, cierra los ojos y está algunos minutos concentrado. Hay cosas que uno nota que hace diferente: en ese tiempo que él tiene, con esa meditación y concentración, ve que el adversario tiene alguna debilidad cuando va a patear los penales. Les trató de trabajar un poco la conciencia para debilitarlos y tuvo suerte. Fijate como él dentro de esa tranquilidad, esa pausa que tiene superior por autodominio del autoestima, tuvo tiempo para darse cuenta a cuál tenía que chicanear”, analiza Santoro para Infobae, detallando su mirada de por qué les habló a Mina, Sánchez y Borja, pero no lo hizo con Cardona o Cuadrado.

Emiliano abandonó a los 12 años Mar del Plata con un sueño. Mejor dicho, con una obsesión. Se probó en Boca y en River, hasta que llegó a las manos de Santoro en Independiente, el club de sus amores. El primer día que apareció por Domínico, Santoro lo mandó a cambiarse y lo probó. Lo tentó la proyección de su físico y ciertas “reacciones rápidas”. “Además, en Independiente había en ese momento unos cuantos arqueros que llegaron todos a Primera. Muchos referentes a los cuales copiarles cosas. Pronto mostró grandes condiciones. Una de las principales, que vemos partido tras partido, son las decisiones bien tomadas y en el momento justo”, analiza.

EMiliano Dibu Martinez
"Yoga es la clave para mantener tu cuerpo fuerte", escribió Dibu en sus redes sociales meses atrás junto con esta foto

Por esos años, Beto, su viejo, se gastó toda la guita que tenía para comprarse un Gol para viajar cada dos semanas hasta Avellaneda, pero a veces los pagos tardíos por su trabajo de flete en el puerto costero le dejaban los bolsillos flacos y debía pedirles prestada plata a los amigos para que la familia pudiera trasladarse a apuntalar a Emi. “Lo llevamos a Independiente, Pepé lo vio y dijo ‘quiero que se quede’. Nos mandaron a casa y a los dos o tres días le llevamos la ropa. Íbamos cada 15 días cuando jugaban de local y nos quedábamos el fin de semana. Tuve que pedirle algunas manos a amigos porque me había gastado lo que tenía y a veces no había como para echarle nafta. Los amigos nos bancaban un poquito y podíamos ir a verlo”, relata Beto a este medio.

Los entrenamientos juveniles terminaban a las cinco o seis de la tarde. La familia esperaba ansiosa hasta ese momento para hablar con él, pero también para controlar que no se “escapara”. Unos contactos telefónicos sin éxito despertaron la duda. Pidieron que alguien del equipo de representantes se acercara hasta el predio de Independiente para ver qué pasaba; tal vez Emiliano se estaba corriendo de eje. No hubo sorpresa. Dibu seguía profundizando su perfil obsesivo: “Siempre fue de un carácter especial. Llamábamos y no estaba en la pensión. Se escapaban algunos chicos a veces. Así que llamamos al representante. No sea cosa que se haya entusiasmado y se haya ido. Pero no: Emi estaba en el gimnasio, todas las tardes se quedaba entrenando más tiempo con uno o dos chicos más”.

Aquel Sudamericano Sub 17 con Argentina del 2009 fue el quiebre definitivo de su carrera. Martínez todavía era un adolescente que tuvo un gran torneo y cautivó los ojos del scout del Arsenal de Inglaterra. Los clubes acordaron que el arquerito iría diez días a probarse y luego resolverían el tema económico. Pero con una condición: Pepé Santoro debía acompañarlo. “Trabajó lo más bien a la par de todos. Vino Wenger a los diez días, nos llamó y lo felicitó. Dijeron que había rendido. Que estaba dentro de las expectativas”, revive Santoro sobre aquellos días de foráneo.

Emiliano Dibu Martinez con la Seleccion Argentina SUb 17 2009
Dibu Martínez en el 2009 con la Sub 17 (FotoBaires)

Fueron primero los 406 kilómetros de distancia entre su familia en La Feliz y Avellaneda los que hicieron darle un baño de realidad. Con 12 años debió transformar su vida. Cuatro años más tarde, se convirtieron en 11 mil kilómetros de distancia. Santoro le dio un empujón clave: “Él tenía un futuro muy bueno en Argentina, tenés que estar mentalizado para ir a un país del que no sabés las costumbres, el idioma, con gente distinta. A él le costó pensar eso y tomar una decisión. Hablamos mucho. Le dije que era una oportunidad que no podía desaprovechar: ‘Venís de una familia humilde, pero podés tener soluciones. Si extrañás, te traés a uno de tu casa y te vas acostumbrando’. Al sacrificio ya estaba acostumbrado porque estaba en la pensión solo”.

Los Gunners sacaron a relucir su estructura de primer nivel también para ganarse el afecto de la familia. Beto recuerda que los ingleses “quedaron encantados” con su hijo, pero después se encargaron de “averiguar todo” de la familia para también metérsela en el bolsillo: desde antecedentes policiales, hasta si tenían alguna enfermedad o de qué vivían. “Le hacíamos el aguante de ir allá. A veces iba mi hijo un mes, yo un mes, después la mamá otro mes”, explica sobre cómo lograron cimentar la aventura de ese adolescente que todavía estaba lejos de ser mayor de edad.

Congeniaron dos mentalidades de progreso constante. Martínez y el Arsenal parecían estar atados por un hilo rojo. El club inglés ofrece oportunidades más allá del fútbol y motivaciones económicas. Le dijeron que si aprendía inglés en un corto período, le darían un bono independientemente de su salario. “Aprendió inglés rápido… Es verdad lo del bono. Cuando se podía comunicar bien con los amigos y la profesora ya daba el ok al Arsenal que estaba habilitado para conectarse con los amigos, le daban ese bono que para nosotros era mucha plata. Aprendió rápido: al mes y pico ya ganó el bono”, refleja Beto. Por entonces, la familia se sostenía con el trabajo en el puerto del padre de la familia a bordo de un camión, una profesión que abandonó hace unos años para dedicarse a la venta de pescados junto con el hermano de Dibu.

La anécdota del bono a cambio de aprender inglés es simplemente un detalle. La motivación para el joven arquero no era sólo económica, algo que nunca estaba de más para ayudar a los suyos. El motor para seguir progresando es su obsesión por ser mejor deportista cada día. Un ejemplo es con su dieta diaria: “Emi se llega a comer un chocolatín que le gusta y al otro día hace dieta exclusiva. Hace como ocho años que tiene el mismo peso, entre 90 y 92, y no se va. En las fiestas va, come lo que tiene que comer, pero no come exagerado. Él come un plato de lo que le gusta y ya está”.

EMiliano Dibu Martinez
Dibu en el 2011 durante un partido con el Arsenal por la FA Youth Cup (Foto: Reuters) (Peter Cziborra/)

Muchos que no siguen con puntillosa obsesión el fútbol mundial descubrieron el nivel de este arquero que esta temporada se convirtió en uno de los mejores de la Premier League después de tomar la dura decisión de marcharse del Arsenal luego de una década y varios préstamos en Inglaterra por el Oxford United, Sheffield Wednesday, Rotherham United, Wolverhampton, Reading y el Getafe de España. Aunque cada vez que jugaba rendía, los Gunners no le daban demasiados minutos. Sin embargo, jamás querían venderlo. Sólo le abrían la puerta para las cesiones. Sabían que tenían un diamante que habían tallado a mano. Cuando tuvo la verdadera oportunidad por la lesión del titular Bernd Leno cumplió tanto las expectativas que no tuvieron más opción que permitirle la millonaria –e histórica para Argentina– venta, ya que no le podían dar todos los minutos que él precisaba.

La espera y el derrotero por distintas partes del fútbol mientras esperaba impaciente su chance en el Arsenal reforzaron su espíritu de lucha, de progreso y deportivo. Martínez buscó alternativas para nutrir su cabeza como el yoga, los pilates y en el último tiempo también las clases de boxeo. Además, sumó un psicólogo para su día a día: ”Lo hace mucho por teléfono, pero lo tiene hace como tres años. Eso le viene muy bien a la cabeza. Está firme. Él se siente muy cómodo”, especifica Beto.

EMiliano Dibu Martinez
Dibu, que mide 1,95M, también lleva adelante una estricta dieta para cuidar su peso

Entre aquel Sudamericano que lo impulsó a Inglaterra y este presente de Selección pasaron once años. Tuvo pocos minutos de acción oficial para un arquero de su categoría, pero él jamás dejó de estar convencido de dos cosas: sus excelentes condiciones deportivas y que su chance tarde o temprano aparecería. Cuando el momento llegó, tomó la sortija de la calesita una y otra vez. Nunca más volvió a bajarse. Se agigantó en el arco del Arsenal y se convirtió en una estrella de la Premier League bajo los tres palos del Aston Villa. El debut con la selección mayor se llevó a cabo hace un mes, pero ya parece que lleva años con las llaves del arco. Y tal vez en su cabeza así fue.

“Desde chiquito te dabas cuenta que iba a llegar a algo grande porque ya tenía esa mentalidad. Estaba en la Sub 17 y ya soñaba con la mayor, no es que soñaba con la Sub 20, soñaba con la mayor. Su cabeza estaba programada. Ves un montón de jugadores en inferiores con condiciones, pero no todos tienen la misma ambición, ese hambre de gloria. Dibu tuvo eso”, lo recuerda el Ruso Rodríguez, otro marplatense apenas tres años más grande que rápidamente lo adoptó como un hermano menor en la pensión del Rojo.

El arquero obsesivo, puntilloso, también entendió que debía ser un ejemplo para los más chicos como alguna vez lo fue Oscar Ustari para él. “Siempre tuve contacto con él. Hace unos meses, que estábamos en plena pandemia y los chicos trabajaban por Zoom, perdían el interés, le pedí hacer un Zoom con todos los chicos y les fue marcando todas las penurias que tuvo. Los sobresaltos. Cómo los fue superando, que nunca bajó los brazos. Hoy lo tenemos como un referente”, identifica Santoro cómo ese nene que él fichó ahora es un espejo para sus nuevos pupilos, a los que entrena con sus 79 años.

Dibu Martinez, su padre Beto y su hermano Alejandro
Dibu con su padre Beto y su hermano Alejandro (Foto: @emi_martinez26)

“Yo lo veo y toma las decisiones en momentos justos. Sale con seguridad, si tiene que meter los puños en el pelotón los mete. Él en todo este tiempo fue absorbiendo y siempre aprendió rápido. Lo que aprendía, lo ejecutaba. Eso también lo llevó a la selección Sub 17 enseguida. Yo a los chicos les enseño mis vivencias. Cuando jugaba, el arquero que era inseguro y manoteaba tanto la pelota, la puñeteaba, no servía. Una de las virtudes que debía tener el arquero, aparte de otras, era la seguridad. Fijate él en este momento cómo baja las pelotas con naturalidad, con normalidad. Trabajo todos los días con la parte de centro, de seguridad, de retención”, detalla Pepé sobre sus fórmulas secretas para ser una factoría de arqueros mundialmente reconocida.

Esas enseñanzas de Santoro, al que Dibu alguna vez definió como una “escuela de arqueros”, un “maestro” y aseguró no creer que haya “nadie mejor que él” para dar clases sobre el puesto, son las que tal vez irrumpieron inconscientemente en una de las imágenes más impresionantes que dejó Martínez desde que pisó con fuerza en la Selección. El topetazo de Yerry Mina por Eliminatorias lo hizo perder el conocimiento e irse de la cancha en camilla directo al hospital, pero con un detalle: nunca soltó la pelota.

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