¿El polo científico, el Pablo Pizzurno o el Hogar Escuela? La memoria como posibilidad
En las últimas semanas se conoció la noticia de la proyección –por parte del gobierno de la provincia– de un polo tecnológico que integrará a las universidades públicas y privadas locales. De acuerdo a lo trascendido, será en el predio del Pablo Pizzurno, edificio que, en 1950, fue creado por la Fundación Eva Perón (FEP) para albergar a niños y niñas, el cual llevó como nombre original Hogar Escuela “General Juan Perón”. En los hogares escuelas creados por la FEP en todo el territorio nacional se configuró una particular forma de pensar la infancia, iniciativa que duró hasta el golpe de Estado de 1955.
Consumado el derrocamiento de Perón, el entonces gobierno militar repartió –y destruyó– los bienes de la FEP de múltiples formas. El Hogar Escuela “General Juan Perón” pasó a manos del gobierno provincial y cambió su nombre a Pablo Pizzurno, manera en la que la sociedad cordobesa conoce al predio ubicado en la Avenida Vélez Sarsfield, que actualmente alberga a los ministerios de Salud, de Desarrollo Social y Empleo, así como también la SENAF.
El intento de la autoproclamada “Revolución Libertadora” de borrar al peronismo de la sociedad tuvo su punto más alto en el Decreto de Ley 4161 del año 1956 sancionado por el entonces presidente Pedro Eugenio Aramburu. La letra del decreto en su artículo 1, prohibía la utilización de imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas, que fueran representativas del peronismo, así como también proscribía palabras como “peronista”, “justicialista”, discursos de Juan Domingo Perón y de Eva Perón, entre otras cosas.
La intención de destruir todo aquello que estuviera vinculado al peronismo tuvo su capítulo en los hogares escuelas: el cambio de nombre; la quema de frazadas, sábanas, colchones y juguetes por contener el logo de la FEP, así como también el derribo de los bustos de Eva Perón y el destrozo de los cuadros y fotografías con su figura y la del ex presidente. En Córdoba, cuna del golpe de Estado, el 16 de septiembre de 1955 los militares opositores a Perón balearon este edificio e ingresaron de manera violenta con los niños allí presentes. Aquellos deseos de proscripción se materializaron en esta institución y la negación de su origen fue uno de los elementos centrales para concretar su olvido.
En una investigación sobre las experiencias educativas de infancias en este Hogar Escuela durante la década de 1950, pudimos recuperar parte de las historias de un conjunto de niños y una preceptora, que vivieron allí durante el gobierno peronista y los primeros años posteriores a él. Juan, uno de los entrevistados, narra con claridad aquellos años de infancias y el paso de la Fundación al gobierno militar: lo que fue un paraíso se tornó un infierno. Recuperar esta historia, dice, es evitar el olvido de aquellos niños.
En otra entrevista, Carlos, un hombre que también pasó su niñez allí, habló de la familia, de lo que entendía por familia. Su madre murió cuando él tenía no más de dos años, su padre trabajaba en otra provincia y jamás lo volvió a ver. Fue un hermano de la madre quien logró inscribirlo en esa institución, a él y a su hermana tres años mayor. Cuando aprenda a lavarse la cara podrá entrar, supo que le dijeron a su tío. En los hogares escuela se ingresaba a partir de los cinco años, pero Carlos lo hizo con apenas tres. No fue el único, en estas instituciones de menores la necesidad le antecedía al reglamento. El concepto de familia -dice Carlos al finalizar la entrevista-, eso que cualquiera entiende por una familia, lo aprendí como a los nueve o diez años. Yo tuve otro concepto, en los años de Perón el hogar escuela me dio todo y jamás sentí, durante ese tiempo, la necesidad de tener lo que la vida me había quitado. Eran distintos conceptos, repite, pero mi sentimiento era el mismo. Como una suerte de advertencia, añade después: y mirá que yo nunca jamás fui peronista, eh. Las huellas del hogar escuela se resguardan en Carlos, en Juan y en los niños que allí vivieron, y en sus memorias, la obra de Eva Perón.
Para esta historia negada de la sociedad cordobesa, la reciente noticia sobre la proyección de un polo tecnológico, que el gobierno de Martín Llaryora desea realizar, este territorio se torna relevante en un doble sentido. El primero, para corroborar, a partir de la mediatización del caso, el borramiento de esta época. El segundo, y más significativo, es la oportunidad concreta de recuperar la memoria, de volver a narrar aquellas historias silenciadas y reconstruir las huellas de infancias para luchar contra el olvido.