Keith Jarrett: la presencia de una posibilidad
El mítico Köln concert
Un joven descomunal e inclasificable pianista que excede vastamente los límites de lo que damos en llamar jazz se sube al escenario de la ópera de Colonia (Alemania), en la noche del 24 de enero de 1975. Ha renegado con un piano que no es el solicitado. Hasta que finalmente accede a tocar y arranca con algo que, con el tiempo, se convertirá en el mítico Köln Concert, una serie de cuatro composiciones, tres de ellas improvisadas o generadas espontáneamente, en esa noche.
A la postre, cuando el refinado sello discográfico ECM records lo transforme en disco, en noviembre de ese año, el concierto se convertirá en el registro de solo piano más vendido de la historia de la música, superando los 4 millones de placas desde hace algún tiempo.
Previo a eso, Jarrett venía de recorrer 700 kilómetros por tierra desde Suiza, para llegar a Alemania. Al arribar a Colonia, se topó con que el piano en el escenario no era el Bösendorfer Imperial prometido, sino un modelo de ensayo en malas condiciones: teclas que no funcionaban, un sonido metálico en los registros altos y una limitada capacidad acústica para llenar la sala. Tras varias idas y vueltas, el concierto arrancó a las 23.30, con una interpretación completamente improvisada que amalgamó elementos de jazz, música barroca, gospel y country en un solo monumental. Las limitaciones del piano con el que tuvo que tocar lo obligaron a concentrarse en los registros medios del instrumento, compensando la falta de volumen con un uso ingenioso de riffs de bajo en la mano izquierda.
La presencia de algo posible
En el libro de entrevistas ‘Talking Jazz’, que contiene una serie de notas hechas originalmente para la National Public Radio (NPR) de Estados Unidos, por el periodista y músico Ben Sidran, hay una charla con Keith Jarrett. Al consultarle por las implicancias de la música, el pianista responde que “significa la presencia de una posibilidad”. Y más adelante agrega: “Para mí, lo que la música debería hacer en su máxima potencia es que la gente se pregunte cosas”. Dos definiciones tan simples como categóricas y abiertas. Tan abiertas como sus conciertos de solo piano que llegaron a convertirse en el acceso a una gama casi infinita de posibilidades acústicas en vivo, no ya como improvisación, sino prácticamente como composiciones creadas en vivo. De hecho, en el célebre Köln concert lo que hizo fue cristalizar algo que le dice al propio Sidran en la entrevista: califica a los conciertos como un “proceso” que deriva en “un programa de improvisaciones solo”. Y define que ese programa entero es algo así como “sumergirse” en una atmósfera. La atmósfera del planeta Jarrett.
Jarrett en Puerto Mont
Enero de 1996. Acabo de llegar a Chile, más precisamente a Puerto Montt. Es mi primera noche fuera de Argentina. Deambulo por las calles de una ciudad que no me resulta de lo más receptiva, hasta que me topo con una disquería denominada ‘Rock on’. Hurgo en las bateas y entre varios buenos materiales, encuentro el célebre disco del Köln concert. Chequeo la billetera, hago cálculos de los días que pasaré en Chile y finalmente, me compro el disco de Jarrett. No lo podré escuchar hasta volver a Argentina, pero me regocijo sólo de pensar en la escucha en la intimidad de mi hogar y en disfrutar de algo que, en ese tiempo sin Internet ni YouTube, sólo es posible si alguien tiene el disco que ahora atesoro en mi mochila de viajero.