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Anna Magdalena Bach: música, trabajo y desposesión en la Leipzig del siglo XVIII

“Anna Magdalena, 59 años, nacida Wilcke, viuda de J.B. Bach cantor en la Escuela de Santo Tomás en la Haynstrasse. Era una mujer pobre”

Así se la nombra. Así se clausura su vida. Así queda fijada en el archivo.

Eso se puede leer en el acta de defunción de Anna Magdalena Bach redactada el 27 de febrero de 1760, diez años después del fallecimiento de su marido, el reconocido músico Johann Sebastian Bach. No hay adjetivos de consuelo ni menciones al trabajo, a la música, al trabajo. Solo una constatación final, seca, implacable.

— Preludio

Era una mujer pobre.

Música brillante, escritora de crónicas y copista de partituras. Logró romper la barrera de un oficio de hombres y fue contratada en una corte como soprano. Tuvo trece hijos y se hizo cargo de cuatro del primer matrimonio de su marido. Quizás la garante de ser la memoria viva del excelentísimo compositor, la “encargada del taller de música más importante de la época”.

Sin embargo, el oficio del artista, aunque posiciona a la par de los nobles y las familias adineradas, nunca te permite crecer más allá. Menos aún siendo mujer. Una mujer del oficio, cuyo trabajo sostuvo, acompañó y reprodujo, imitando a la perfección, desapareciendo en firmas de otro.

Anna Magdalena Wilcke nació en una familia de músicos. Su padre era trompetista y su madre, hija de un organista. Vivían y trabajaban en las cortes de los nobles del Sacro Imperio Romano Germánico. La música era su lengua materna, lo que se aprendía antes de saber cualquier otra forma de comunicación, la primera forma de estar en el mundo.

Como todo oficio de la época se heredaba. Es muy probable que su madre también supiera leer y escribir música, pero no hay registros. Como en todo oficio, quienes hacían dinero y renombre eran los hombres.

— Allemande

Johann Sebastian Bach, nació dieciséis años antes que ella, provenía de una de las familias de músicos profesionales más importantes de la época. En un tiempo en el que la Iglesia y la nobleza tenían un creciente interés en albergar y formar artistas de todo tipo en sus cortes y en sus Iglesias. Un oficio prestigioso pero un oficio al fin. Uno que construía comunidad entre pares, entre las mismas familias dedicadas a descifrar, reproducir y proteger las formas más elevadas de arte.

Lamentablemente, el prestigio de ese arte, considerado parte constitutiva de los divertimentos de las clases altas otorgaba estatus intelectual pero no estatus económico.

Mientras Anna Magdalena recién cumplía sus primeros años, Bach era aceptado en sus primeros trabajos como teclista y en 1707 contrajo matrimonio con Maria Barbara Bach, una prima.

María Barbara era hija de Johann Michael Bach, organista y compositor, y debe haber estado familiarizada con la música, su escritura y su ejecución. Pero, como dijimos, el oficio era solo de hombres.

Van a tener siete hijos de los que sobrevivirán solo cuatro. Tres de ellos seguirán el camino de la música persiguiendo el legado familiar. La cuarta era mujer, debe haber estado familiarizada con la música, su escritura y su ejecución. Ah, pero el oficio.

En julio de 1720, María Barbara muere. Nadie sabe bien por qué. Nada extraño en una época donde las infecciones inesperadas estaban a la orden del día. Bach no estaba presente, según relata uno de sus hijos, ya que se encontraba acompañando en un viaje a su empleador de ese momento, el duque de Köthen.

—Courante

Para diciembre de 1721, Johann Sebastian Bach contrajo segundas nupcias con Anna Magdalena. Dicen que, a pesar de que las familias ya se conocían, la presentación oficial entre ambos ocurrió cuando ese mismo año ella ingresó como soprano al coro de la corte donde él trabajaba.

También se dice que fue amor. Amor de oficio. Solo un músico puede entender a otro músico.

Es poco probable que Anna Magdalena, que había logrado romper la barrera impuesta por el oficio, con trabajo en una corte, con un sueldo que le permitía cierta independencia y con su juventud por delante, hubiese aceptado casarse con un viudo con cuatro hijos sin otra razón.

¿Qué otra cosa más que el amor entre dos personas que hacían lo mismo que hicieron sus antepasados? ¿Qué otro vínculo más fuerte que compartir un idioma que unos pocos conocen? ¿Qué otro sentimiento más que la admiración que Anna Magdalena sintió hacia el gran músico con el que decidió compartir su vida?

Los años juntos fueron prósperos. Trece hijos y quien sabe cuantas obras musicales concebidas. Bach le compuso dos cuadernillos de ejercicios para clave. Anna Magdalena, con su apoyo, llegó a componer algunas obras de autoría propia. También ella se encargó de copiar numerosas partituras de su marido con una caligrafía tan similar que durante mucho tiempo se creyó que habían sido escritas por él.

—Sarabande

Pero el oficio es un oficio al fin.

En la crónica apócrifa se dejan ver los cálculos de los salarios que recibían en sus distintos trabajos como músicos y como no era suficiente para sostener la vida de una familia tan numerosa en ciudades tan caras a las que eran convocados a tocar.

La mayor parte de su matrimonio fue en Leipzig, ciudad alemana al noroeste de Sajonia, donde Bach consiguió su primer trabajo de dependencia estatal. Le habían prometido un sueldo que nunca se concretó. Pero los debates políticos alrededor de la importancia de los cargos para los músicos, hicieron que, de alguna manera, decidiera quedarse.

Anna se quedó con él.

De los trece hijos que tuvo con Bach, sólo sobrevivieron seis. Tres mujeres y tres varones. Dos de los varones fueron músicos, el tercero no lo fue debido a algún tipo de discapacidad.

En 1750, a los 65 años, muere Johann Sebastian Bach a causa de varias operaciones realizadas para curar su ceguera y otras enfermedades que complicaron su salud. Para ese momento Anna Magdalena tenía 49.

—Gigue

Al no existir testamento, le correspondió una fracción del patrimonio de su marido. Para sorpresa de nadie, no era mucho más que lo que costaba costear el entierro. Tuvo que trasladarse de la institución donde vivían, ya que estaba destinado al cargo de Bach y el Ayuntamiento de Leipzig fue tan generoso que le compró unas partituras de su marido a cambio de un par de monedas.

Al no tener forma de sostener la familia por su cuenta, decidió encomendar a sus hijos varones, quedándose en casa con las tres mujeres. Johann Christian, uno de sus hijos, se fue a vivir con su hermanastro Carl Philipp Emanuel a la corte de Federico de Prusia donde era músico. Ambos fueron los verdaderos herederos de su padre, consiguiendo niveles de fama y reconocimiento a los que él en su tiempo nunca llegó.

A pesar de ese reconocimiento, nunca hubo dinero enviado a su madre, ni de su hijastro ni de su hijo, tampoco hubo ayuda de parte de sus otros hijastros que estaban en mejor posición económica.

En todos los registros de esos diez años entre la muerte de Bach y su muerte, figura como “receptora de limosnas”. Anna Magdalena se quedó con muchas partituras y voces de cantantas que no vendió a pesar de la necesidad.

Fue quizás el último gesto de resistencia, en conservar la música cuando ya no quedaba nada más.

En 1760, diez años después del fallecimiento de Johann Sebastian Bach, muere Anna Magdalena Bach, música, compositora, copista, cantante y clavista.

El oficio queda en la familia. El éxito o reconocimiento llega tarde

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