Córdoba

Canciones como tatuajes

Una mujer no ha cantado por veinte años. Tiene cerca de ochenta, los ojos son de un azul profundo, usa boina y ríe, como una niña.

La mujer vuelve a subir a un escenario, no está sola. Una banda grande, y otros, que también cantan, la acompañan. La primera canción que escucho dice que el amor es como tocar almas. Su voz me llega del celular a los auriculares, resuena en mis huesos, suelta mis lágrimas, todo en simultáneo. Es una voz de tierra, que antes fue terciopelo, y antes cristal. La primera vez que la escuché, yo tenía dieciocho años. Salvo porque fue en un reproductor de cds y porque yo vivía en la casa de mis padres, la secuencia fue la misma. Podría beber una botella de vos, y aun así seguiría en pie dice la mujer -y aunque entonces yo no lo sabía- ella trazaba en mí, las coordenadas que organizaban el pasado, el presente y el futuro: beberse la vida, el dolor, el amor, y recibir de pie la copa de esa intensidad. ¿De qué pasado, de qué presente, de qué futuro estoy hablando? ¿Del de la chica rubia que irrumpe en la escena del mundo a finales de los setenta con una guitarra y su voz brillante y desnuda para revelarnos la intimidad de lo que somos? ¿Del de la mujer que pide ayuda frente al misterio del amor? ¿De la que vuelve a cantar a los ochenta, como una nena feliz?

Las canciones son como tatuajes, dirá al comienzo de Blue (una de mis más amadas) y entonces comprendo que cada vez que ella las cante, no será sólo ella y todas las mujeres que la habitan, también seré yo, y las que fui y las que soy. No exactamente la misma, como dice la protagonista de una novela de Tere Andruetto, no exactamente otra.

Volvamos a ella. Desde Bjork a Charly García, su música ha tatuado a generaciones y generaciones de músicos. Cada vez que se la muestro a alguna alumna o alumno que no la conocía, se enamoran. Claro que es fundamental el tema del idioma. Esta mujer compone, canta y escribe con el lenguaje de la poesía. Un lenguaje que tensiona la propia lengua hasta el límite de la herida capaz de dar a luz, por eso su música y sus letras guardan el tesoro de una vitalidad arrolladora.

Es la mujer que fue abucheada los últimos días de agosto de 1970 -cualquier semejanza con la actualidad no es pura coincidencia- por seiscientas mil personas en el Festival de la Isla de Wight, el Woodstock británico. En algunos documentales puede verse a la inmensa multitud impaciente que había derribado vallas, muchos evidentemente pasados de sustancias y a la espera de experiencias musicales psicodélicas más ligadas al rock. Todavía era de día cuando una chica de vestido naranja, pelo lacio y un collar turquesa, se sentó al piano y se puso a cantar: “somos polvo de estrellas, somos oro, y tenemos que encontrar nosotros mismos el camino de vuelta al jardín”. La interrumpían, le gritaban, algunos hombres se subieron al escenario. En uno de los momentos más tensos de la historia de la música, la mujer miró a los ojos a seiscientas mil personas, pidió respeto con su voz aguda y firme, volvió al piano y les cantó: “me siento como si recién hubiera nacido, como si fuera una pequeña luz rota en la tormenta”. Los hipnotizó. Jamás se quedó quieta. Del folk más puro de sus primeros discos al coqueteo con el rock, el jazz y el pop hay una inmensidad de colores, dinámicas, elecciones tímbricas y dos elementos comunes: la fidelidad a su propia audacia musical y una intimidad tierna y brutal en su lírica. Es la madre soltera que cuenta que dio en adopción a su hija a los 21 años, porque otros eran los destinos y la embarga la tristeza, pero no la vergüenza, en una de las baladas de mayor dulzura y dolor jamás escritas: Little Green. Será la misma balada que dice: “Nacida con la luna en cáncer, elije para ella un nombre al que responderá, llámala Verde y los inviernos no podrán desvanecerla” la que la reencontrará con su hija, 32 años después.

En el año 2002 lanza el disco doble Travelogue con canciones clásicas arregladas para orquesta y anuncia su retiro del mundo de la música. Dice estar desencantada y avergonzada de la industria musical. No habrá presentaciones en vivo. Vendrá el disco de estudio Shine en 2007 y en 2015 un aneurisma grave silenciará su voz. El pronóstico médico es terrible: daños neurológicos, probablemente no volvería a caminar, ni a recuperar su voz. Ese año yo estaba embaraza, y me acuerdo que me negaba a ver cualquier noticia sobre ella. No podía soportar la idea de que justo cuando llegaba mi hijo, el mundo se quedara sin su voz. Cuando mi hijo nació, al año siguiente, seguía sin saber nada de ella, pero le daba la teta escuchando dos discos: The melody at night with you de Keith Jarrett y Blue de Joni Mitchell.

"Goodbye Pork Pie Hat" Guadalupe Gómez

Esta mañana volví a escucharla en Newport. El milagro que no esperábamos. Año 2022, Joni Mitchell vuelve a cantar. El mismo temblor al final de su vibrato, el fraseo ondulado como un viento tibio, la construcción colectiva de cada instante de revelación y una mujer maga, que nos mira a los ojos y nos recuerda que no sabemos nada de la vida, pero ahí la tenemos para beberla, con todo su fuego y su belleza. Y para cantarla.

*Guadalupe Gómez, incluyó en su disco Lluvia, una versión de la canción "Goodbye Pork Pie Hat" de Joni Mitchell. Esta producción ingresó de manera oficial en https://jonimitchell.com/ en el año 2018.

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