Newell’s sigue sin respuestas: jugó mal otra vez y el funcionamiento no aparece

En el fútbol, el resultado no siempre refleja lo que sucede dentro de la cancha. A veces gana el que mejor juega. Otras, el que hace menos méritos. Y en ese margen incierto conviven matices que hacen del juego una pasión impredecible. Pero también hay algo que suele ser determinante: cuando un equipo no mejora ni aprende de sus errores, las señales de alarma se encienden. Y eso es lo que le está pasando a Newell’s.
La Lepra llegaba al duelo frente a Defensa y Justicia arrastrando un déficit futbolístico evidente. Desde el inicio del torneo nunca logró sostener un buen rendimiento. Apenas mostró reacciones aisladas: el descuento ante Talleres tras estar dos goles abajo, el empate agónico frente a Independiente más por actitud que por juego, y un primer tiempo aceptable contra Boca que generó expectativas. Muy poco para consolidar una idea.
El equipo de la dupla Favio Orsi–Sergio Gómez jamás logró adueñarse de un partido. No manejó la pelota, ni los tiempos, ni los espacios. Siempre corrió de atrás. Incluso cuando sumó puntos, lo hizo sin dominar.
Ante el Halcón, la historia volvió a repetirse.
Desde el arranque, Defensa y Justicia se plantó con personalidad y le disputó el protagonismo. Newell’s no encontró respuestas. Por momentos insinuó una leve superioridad, pero fue apenas una sensación. Sin claridad ni rebeldía individual, el equipo deambuló por la cancha. Si había un plan, nunca se vio. Y tampoco apareció ese futbolista capaz de romper la inercia y cambiar el rumbo.
La falta de jerarquía individual se combina con una preocupante debilidad colectiva. Defiende como puede, pierde casi siempre el mediocampo —tanto cuando ataca como cuando retrocede— y genera muy poco peligro. Nadie se hace dueño de la pelota, no hay desborde por las bandas y el recurso repetido termina siendo el centro al área, más por desesperación que por convicción.
Así, Newell’s juega a lo que salga. Y casi nunca sale bien.
Quizás lo más inquietante sea la ausencia de evolución. Pasan los partidos y el equipo no crece. ¿Qué cambió desde la derrota en Córdoba en la primera fecha? Prácticamente nada. La Lepra luce anémica, sin frescura ni confianza, incapaz de aprovechar incluso contextos favorables para recuperarse.
En la semana, Roberto Sensini había dicho que veía “algo en construcción”. Pero en el Coloso no hubo indicios de ese proceso. Más bien lo contrario: una sensación de estancamiento que empieza a parecer retroceso.
Y cuando el funcionamiento no aparece, lo que crece es la preocupación. La gente lo siente. La paciencia se acorta. Porque más allá de los resultados, Newell’s hoy no muestra señales de que el camino sea el correcto.
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