Córdoba

Sintonía Fina: Crónicas de Cosquín Rock 2026, segunda parte

Diseccionando el Monstruo en el que se ha convertido el Cosquín Rock notamos la naturaleza propia de todo gran festival, divertir, entretener, hacerte vivir una experiencia sensorial completa pensando en cada detalle. Pero como todo monstruo, cuando despierta, cuando se empieza a mover, sin dejar de cumplir con el objetivo programado, adquiere vida propia. Y hay dos actores fundamentales de esa naturaleza independiente del Festival que los organizadores no pueden controlar: la propuesta de los artistas y la respuesta del público.

Cuando se decide la grilla, el line up de todo gran festival se tienen en cuenta varios factores. Hay una impronta, un perfil, una estética, la personalidad del monstruo que marca una línea. Este festival está compuesto de dos palabras, la primera es el lugar dónde nació y la segunda es uno de los géneros musicales más populares y revolucionarios de la historia. Y aunque con el correr del tiempo, y su crecimiento exponencial, se haya abierto a nuevos géneros musicales para ampliar el público, su corazón sigue latiendo con la energía del rock. Y cada uno de los artistas que participaron, ofrecieron un show acorde a esa energía rockera, inclusive o sobretodo, aquellos que no visten sus canciones de los elementos propios del rock. Cada artista, independientemente de su popularidad, es un ser humano con emociones, días buenos y malos, estado de ánimo cambiantes. Cualquiera puede tener una mala noche, algún malestar físico, cansancio de giras, en definitiva, plausible de dar un concierto flojo, dejarte con las ganas, puede pasar. Pero no pasó con ninguno, y eso es rock. Más allá de la guitarra eléctrica, o el compás de 4/4, el rock es esa actitud de rebeldía, que se evidencia en la energía cruda en vivo. Cada artista se brindó por completo, preparó un show distinto, inclusive las bandas más clásicas que interpretaron temas que vienen tocando hace más de 20 años, les dieron una vuelta de tuerca para que no perdieran intensidad.

Hay dos actores fundamentales de esa naturaleza independiente del Festival que los organizadores no pueden controlar: la propuesta de los artistas y la respuesta del público.

El Cosquín Rock, fue rock. El público no, faltaron trapos, banderas, joda, descontrol, quilombo, los guardias de seguridad se dormían parados. Faltó pueblo, carnaval, pogo, pero también faltó prejuicio. No hubo insultos, ni silbidos, ni agresiones, nadie le tiró nada al artista que no le gustaba como antiguamente, la gente caminaba cansada y sonriente y en paz.

Cualquiera puede tener una mala noche, algún malestar físico, cansancio de giras, en definitiva, plausible de dar un concierto flojo, dejarte con las ganas, puede pasar. Pero no pasó con ninguno, y eso es rock.

El sábado, cuando Las Pelotas tocaba en el Escenario Sur, Lali lo hacía en el Norte, la organización pensó que el público se dividiría equilibradamente dadas las diferencias estéticas entre ambas propuestas. Pero Lali cerró su show con una canción de Sumo, Viejos Vinagres, que nunca había interpretado y su público conocía la letra.

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