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El camino dorado de Manuel de Falla en Alta Gracia

La idea de este escrito es describir o marcar un “Camino dorado” en base a los pasos de Manuel de Falla en la Argentina, y específicamente en Alta Gracia. Es un repaso de los espacios físicos por donde pasó el músico gaditano durante sus últimos siete años de vida.

Manuel de Falla es un personaje muy reconocido en todo el mundo, calificado como el más grande compositor español del siglo XX y según algunas últimas apreciaciones de musicólogos, quizás de todos los tiempos.

Resulta así un honor para nuestro país haber albergado a este insigne músico en sus años de autoexilio y al momento de su paso a la inmortalidad en Alta Gracia.

Se describen a continuación los lugares que vieron pasar a Manuel de Falla en Argentina, en Córdoba y en Alta Gracia, siempre acompañado por su solícita hermana, María del Carmen.

Manuel de Falla nació en Cádiz ciudad Puerto del sur de España el 23 de noviembre de 1876 en el seno de una familia burguesa que tenía un negocio en la Calle Ancha de la ciudad y desde muy pequeño tuvo inclinación hacia varias Artes, especialmente la música en la que lo inició su madre a tocar el piano. Él hizo toda su carrera musical en Europa. Fue músico pianista y compositor, pero llega a la Argentina en calidad de director de orquesta contratado para dirigir cuatro conciertos en el Teatro Colón de Buenos Aires. Llega a la Argentina el 18 de octubre de 1939 con 62 años cumplidos y considerado por la prensa como el mejor músico del mundo.

A su arribo a la Argentina Manuel de Falla fue recibido por Juan José Castro que era el director de la orquesta sinfónica del Teatro Colón de Buenos Aires. Durante el mes de noviembre de 1939 dirigió cuatro conciertos en el Teatro Colón.

Su primer lugar de alojamiento fue el hotel Alvear Palace de Buenos Aires, sobre la avenida Alvear pero a él no le gustó ese lugar de alojamiento porque lo consideró demasiado lujo y demasiado gasto así que acepta el ofrecimiento del propietario de una “casita de campo”, una estancia de propiedad de Escasany el Joyero-relojero, llamada “La Tapera”, en el Partido de General Rodríguez de la Provincia de Buenos Aires.

Allí estuvo alojado mientras dirigía los cuatro conciertos en el mes de noviembre de 1939. Su salud se desmejora mucho al terminar los cuatro conciertos con total éxito en el Teatro Colón, por eso los médicos le recomiendan venir a las sierras de Córdoba. Manuel de Falla sufría de tuberculosis desde hacía más de 20 años y las sierras de Córdoba eran ya famosas por el clima de inviernos soleados y secos y noches de verano frescas. Se muda primero a vivir en la Villa Carlos Paz, en la casa que queda en Bialet Massé 361.

Allí se instala en el mes de diciembre de 1939 y vive durante todo el año 1940.

Mientras vivía en Carlos Paz recibe otro contrato para dirigir dos conciertos en el mes de diciembre de 1940 en Radio “El Mundo”.

En la Radio y dirigiendo la Orquesta de la radioemisora, da los dos conciertos que se transmiten a toda el área de cobertura de esta gran radio de la ciudad de Buenos Aires y dirigiría otros dos en diciembre de 1942. En esos conciertos es auxiliado por Juan José Castro y participa también como cantante Conchita Badía la célebre soprano española, gran intérprete de las canciones de Falla.

Pero Carlos Paz resultó muy ruidosa en ese esa Villa turística, que era apenas un pueblito, Manuel de Falla tuvo la mala suerte de que cerca de su residencia en la calle Bialet Massé 361 había dos hoteles el “Yolanda” y el “Carlos Paz” (ex “Carena”). Los dos hoteles tenían orquestas para los bailes, con altavoces, que empezaban a las 7 de la tarde, justo a la hora en la que Manuel de Falla quería componer. No se podía concentrar debido al ruido y por eso es que busca una nueva casa para alquilar y se muda entonces a Villa del Lago unas cuadras más al norte de Carlos Paz en la calle actualmente llamada Manuel de Falla Nº 57.

Una casita nueva, a la orilla del lago San Roque con una vista panorámica de las sierras, maravilloso. Era una casita que estaba recién terminada todavía no le habían concluido de hacer el jardín y cuando fueron a verla todavía le faltaba colocar los vidrios en las ventanas. Así que, la alquilan a estrenar y allí vive un año y medio más Manuel de Falla, pero el clima de Villa del Lago era muy frío y muy húmedo en invierno. No le sentaba el clima y no podía contar con la salud necesaria para componer. Por eso es que en 1942 se muda a vivir a Alta Gracia y le ofrecen en alquiler esta casa en Boulevard Pellegrini 1011 de la ciudad de Alta Gracia, el Chalet “Los Espinillos”, donde se instala a vivir con su hermana María del Carmen.

María del Carmen desde 1920 era su secretaria, su enfermera, su ama de llaves, su consejera espiritual. Lo ayudaba en todas las cosas prácticas de la casa para que él pudiera concentrarse en la composición. Él estaba trabajando en “Atlántida”, una cantata escénica, desde el año 1928 y trataba de terminar esta obra, pero eran pocos los minutos que podía dedicar diariamente a esta tarea, ya que sus intervalos saludables eran cada vez menores. Estaba bastante afectada su salud y aparte, sus compromisos sociales, responder todas las cartas, los cuidados de su salud, las entrevistas médicas, todo le restaba horas de trabajo. Las entrevistas con los amigos que lo visitaban desde España o desde distintos lugares de la Argentina le restaban horas de trabajo para poder componer.

Entre las visitas de sus amigos se cuenta la que hicieron el laudista Paco Aguilar, el poeta Rafael Alberti y Donato Colacelli, el pianista, que vinieron a visitarlo para interpretar “Invitación a un viaje sonoro”, un espectáculo que estaban ofreciendo en Córdoba. Como lo habían invitado a Manuel de Falla a presenciar el espectáculo en el Teatro en Córdoba, pero era de noche y Manuel de Falla se excusa por motivos de salud, ellos vienen a presentarle el espectáculo y se lo brindan en la sala donde él componía (actual sala Juan José Castro del museo Manuel de Falla). Otros que venían a visitarlo fueron, por ejemplo, el compositor argentino Carlos Guastavino quien vino a consultarle mientras componía su Sonatina. Juan José Castro se destacó como uno de los más fieles amigos argentinos.

El músico, violinista, compositor y director de orquesta Juan José Castro solía visitar a Manuel de Falla junto con su esposa Raquel Aguirre de Castro, (“Raka” para sus amigos) y procuraba todo lo que necesitaba Manuel de Falla del ambiente cultural argentino como también cosas prácticas como aceite de oliva o tubos de cigarrillos, o algún diccionario de Catalán, o alguna partitura que quería consultar. Manuel de Falla se lo se lo pedía a Juan José Castro y Juan José Castro movía cielo y tierra para conseguirlo.

También lo asistió en los conciertos que dio en Radio “El Mundo” tanto en el diciembre de 1940 como los que dio en diciembre de 1942. La vida de Manuel de Falla en Alta Gracia era una vida tranquila. El reposo que le daba el clima y el silencio y la paz que andaba buscando, los encontró en Alta Gracia.

En Alta Gracia se conservan varios lugares por los cuales anduvo Manuel de Falla durante los cuatro años que vivió en esta ciudad. Por ejemplo, la Gruta y Capilla de la Virgen de Lourdes donde acudía Manuel de Falla con su hermana asiduamente a escuchar misa.

Cuando su salud no lo permitía o el estado del clima era adverso Manuel de Falla tenía permiso del Papa para celebrar la Liturgia de la Palabra y de la Eucaristía por sí mismo en su casa. Muchas veces, cuando esto pasaba y la hermana María del Carmen iba al templo a la misa, cuando volvía al chalet “Los Espinillos” lo encontraba a su hermano todavía celebrando la misa. La misa de Manuel de Falla incluía todos los cantos litúrgicos.

El chalet los Espinillos es una construcción del año 1927, originalmente perteneció a la familia del Ministro de Relaciones Exteriores de la Nación Dr. Ángel Gallardo, sobre planos de su hijo, el Arquitecto Ángel León Gallardo. Manuel de Falla y su hermana María del Carmen lo alquilaron desde 1942 hasta la muerte del compositor. Fue adquirido por el Gobierno de la Provincia de Córdoba en 1956 y abierto al público como Museo el 14 de noviembre de 1970.

Los deberes cristianos de don Manuel no llegaban a modificarse por circunstancias adversas. En tiempos de buena salud y buen clima frecuentaba asiduamente la Capilla de la Virgen de Lourdes que estaba a unos tres kilómetros de Los Espinillos su confesor circunstancial, un padre carmelita descalzo se asombra de su vitalidad para subir un empinado camino que le conducía a la capilla; pero don Manuel ya conocía de estas cosas, al menos de cuando, casi a diario, subía en Granada desde San Cecilio hasta Antequeruela Alta.

Manuel de Falla acompañado de su devota hermana María del Carmen solían realizar las caminatas que le prescribían sus médicos y muchas de ellas eran alrededor del arroyo cercano a su residencia, que nombraban los pueblos originarios “Chicamtoltina” vocablo quechua que se traduce como “Agua Fría”. Cuentan quienes lo pudieron presenciar, que vieron un verano a Falla sentado en una piedra en medio del arroyo refrescándose en sus aguas. Cuentan también que en una de esas caminatas por el arroyo con su hermana del brazo se encontraron con un muchachito que bajaba de las sierras con un atado de leña al hombro y venía silbando la danza Ritual del Fuego. Manuel de Falla se asombra y le pregunta – “jovencito, jovencito, dígame: ¿usted sabe de quién es la música que viene silbando?” Sí!, -contesta el joven- “es de un viejito que vive allá arriba y que se está por morir!”. Entonces, Manuel de Falla codea a su hermana y le dice “La verdad es que ya me puedo morir tranquilo porque mi música ha llegado a donde menos lo hubiera pensado”.

Cuando el clima no era propicio para asistir a los oficios religiosos en la capilla de La Gruta, Manuel de Falla y su hermana bajaban al centro del pueblo, construcción jesuita del siglo XVIII (1762). Y si se levantaba con una decimilla de temperatura, se quedaba en casa ya que tenía autorización de la Iglesia para, en caso de no poder asistir a la misa, hacer lectura él mismo en su casa en día de precepto.

La salud de Manuel de Falla siempre fue frágil. Desde pequeño su figura era delicada. A partir de 1920 y por 20 años, Manuel de Falla se había radicado en Granada, la soleada ciudad del sur de España por su silencio, su tranquilidad y buen clima. Desde allí parte hacia Argentina en 1939 y por salud se muda a las Sierras de Córdoba. En Alta Gracia, su médico personal fue el Dr. Carlos Ferrer Moratel, médico tisiólogo. También lo atendía el Dr. Gumersindo Sayago y el Dr. Eugenio Conde en Villa Carlos Paz. La tisiología es una especialidad de la medicina que estudia la tuberculosis en todos sus aspectos. Existió como actividad independiente hasta mediados del siglo XX cuando formó uno de los troncos de origen de la neumología. El término "tisis" viene del griego "phthisis" que es el nombre clásico de la tuberculosis.

El Tajamar, dique construido por los Jesuitas en el siglo XVII, quedó convertido, al urbanizarse la vieja Estancia de Alta Gracia, en un bello paseo en medio del Centro Histórico. Manuel de Falla recorría a pie el parque que rodea el espejo de agua, cuando su salud y el clima se lo permitían. En uno de esos paseos, recuerda un vecino de la calle Padre Grenón, se detuvo frente a una casa, desde cuyo porche brotaban sonidos de guitarra y desde el portal vio a un hombre ejecutando su guitarra. Sin presentarse, elogió su interpretación. El guitarrista lo invitó a sentarse a su lado y tocó para el compositor español. Se trataba del Maestro Galasso, educador de reconocida trayectoria en nuestra ciudad, que siempre recordó la anécdota, y decía que recién al final de su reunión espontánea pudo conocer la identidad del español.

El Sierras Hotel, patriarca del turismo en Alta Gracia, inaugurado en 1908, fue el primer alojamiento de Manuel de Falla al llegar a esta ciudad en 1942. Se alojó allí una semana, mientras se acondicionaba el chalet Los Espinillos que había alquilado y sobre cuyo plano solicitó dos modificaciones, dos ventanas que permitirían mayor ventilación y más luz natural en sus ambientes. Ya instalado en su casita a cinco cuadras del Hotel, seguía concurriendo asiduamente a encontrarse con amigos, a tocar el piano de cola que había en uno de sus salones, y a disfrutar de las especialidades gastronómicas del establecimiento.

Hoy Ipem 298 Rodolfo Bútori, fue el Colegio Nacional, donde una de sus docentes más recordadas fue Doña Yolanda Viel de Montamat, pianista y profesora de música. Fue ella quien encomendó a Manuel de Falla que recibiera a su hijo, Juan Alberto Montamat como su único discípulo de piano. Cuenta el ahora fallecido médico y concertista de piano Montamat que tomó unas 12 clases con el Maestro. El niño llevaba preparadas obras y las tocaba para Falla, quien le corregía detalles de su interpretación. Lo notaba vehemente, apasionado por la justeza en la ejecución, y de vez en cuando el niño terminaba asustado, pensando que esa había sido su última clase… pero, a la hora de terminar el encuentro, el Maestro español llamaba a María del Carmen, su amabilísima hermana y le solicitaba que le convidaran un vaso de leche al niño y que lo acompañaran con las galletas que le gustaban. Ya de grande, Montamat tuvo ocasión de llegar a la casa Museo Manuel de Falla en Granada y al presentarse como antiguo alumno de piano del Maestro, le dijeron: -no puede ser, Falla tuvo un solo discípulo de piano, y fue Juan Alberto Montamat.- Entonces, éste mostró su pasaporte y lo recibieron con los brazos abiertos.

En Alta Gracia Manuel de Falla conoció al director Erich Kleiber, quien en 1946, en ocasión de conmemorarse el XX aniversario de su primera actuación en Buenos Aires, había comprado en aquel pueblo una propiedad -su “remanso”, como solía llamarla-, una finca de sesenta acres a la que bautizó con el nombre de “La Fermata” y donde pensaba pasar los últimos años de su vida. Falla era su vecino. Y entre ambos se fue consolidando una gran amistad que se vio bruscamente interrumpida con la muerte del compositor.

De paso, aclaremos que, para los eruditos en música, la fermata es un punto en la ópera, cerca del final de la obra, donde la música parece detenerse. Para el maestro Erich Kleiber eso era su campo, un remanso donde el tiempo y el sonido parecían no existir. El lugar era el escondite perfecto para escaparse del ruido de la capital y concentrarse en sus conciertos, estudiando las partituras o prepararse para las próximas presentaciones. Para Manuel de Falla, su casa también era su remanso de paz donde el tiempo parecía detenerse. Prueba de la admiración y respeto mutuos entre Manuel de Falla y Erich Kleiber nos la ofrece un hecho por sí mismo elocuente: en un encuentro que ambos músicos sostuvieran en Alta Gracia, en julio de 1946, poco antes de que Kleiber partiese hacia La Habana, el maestro español dejó en manos del director austríaco la orquestación completa de su última composición de entonces, la pieza titulada “Suite Homenajes”.

La Estancia El Potrerillo originariamente fue un puesto de la Estancia Jesuítica de Alta Gracia. El célebre escritor argentino Enrique Larreta compra estas tierras serranas y establece su estancia en 1918. A Larreta le gustaba pasar allí largas temporadas con su familia. En 1920 empieza a construir la casa principal de estilo colonial, desarrollada en dos plantas, que se termina en 1924. Por esos años, todavía Manuel de Falla viviendo en Granada, recibe de manos de Ignacio Zuloaga un ejemplar de la obra más recordada de Enrique Larreta: “La Gloria de Don Ramiro”, editado en Madrid en 1908 con gran éxito en toda Europa. Falla comentó al pintor Zuloaga: “Creo haber visto su música y pienso, como usted que es la obra que debemos hacer”. Zuloaga le escribe a Larreta sobre el proyecto alegrándose por la próxima visita de éste, y pidiéndole el libreto: “En cuanto llegue usted, le presentaré a nuestro gran compositor señor Falla (un genio) el cual quiere hacer una ópera tremenda de su Gloria de Don Ramiro”. A partir de allí hubo un gran intercambio de cartas entre Zuloaga, Larreta y Falla. Al parecer no hubo acuerdo con Larreta sobre los criterios generales para desarrollar la obra. Manuel de Falla indicó que debían suprimirse las escenas de danzas sensuales, las arias y dúos, limitar al mínimo lo que los cantantes tenían que decir y nada más, y la música sería profundamente expresiva y evocadora de lo español de manera natural o artística. Ante estas intransigencias mutuas desisten del proyecto soñado. Durante los años de residencia de Manuel de Falla en Alta Gracia, se reunía con Larreta entre tantos amigos con los que compartían almuerzos o meriendas y charlas.

Falla murió en su casa de Alta Gracia en la noche del 13 al 14 de noviembre de 1946, nueve días antes de la celebración de sus 70 años. El Doctor Carlos Ferrer Moratel, su médico y amigo de Alta Gracia, certificó que su muerte fue a consecuencia de síncope cardíaco. El cadáver de Don Manuel fue velado en primera instancia en la capilla del Hospital Español el día 15 de noviembre durante un día en una capilla ardiente improvisada luego el cuerpo fue destinado al hospital Nacional de Clínicas de Córdoba en cuyo instituto de anatomía se desarrollaron durante algunos días los trabajos de embalsamamiento dirigidos por el mismo doctor Ara con la colaboración del director del centro. Pedro Ara, famoso posteriormente en Argentina por haber embalsamado los restos de Eva Perón. Las honras fúnebres fueron modestas pero imponentes por la cantidad de gente que asistió conmovida. Luego de ser velados los restos el día 18 de noviembre en la capilla del Hospital Español fueron trasladados al día siguiente por la mañana a la Catedral de Córdoba para un solemne funeral.

Antes de llegar ahí el cortejo pasó frente al teatro Rivera Indarte que ostentaba signos de luto. La orquesta sinfónica reunida en sus escalinatas interpretó música de Falla.

En la Catedral se cantó la misa con la participación del coro del seminario conciliar, siendo recibida la comitiva fúnebre a las puertas de la misma con una banda de música y el cortejo luego se dirigió como destino final -hasta tanto se resolviese sobre la posibilidad de trasladar inmediatamente los restos de Falla España- al panteón de los Carmelitas en el cementerio cordobés de San Jerónimo donde habrían de descansar transitoriamente los restos de Don Manuel. María del Carmen que fue especialmente atendida por las hermanas del Hospital Español decía poco después a su hermano Germán: “Nuestro Señor en su gran misericordia me ha traído aquí que es como una antesala del cielo. En mi vida he estado mejor atendida ni más mimada. Es el Hospital Español que ya conocíamos”.

El 22 de diciembre de 1939 los restos de Manuel de Falla fueron embarcados a bordo del “Cabo de Buena Esperanza” con destino a Cádiz donde fue sepultado definitivamente en la Cripta de la Catedral de su ciudad natal.

Este recorrido por el Camino dorado de Manuel de Falla nos remite a los últimos siete años de su vida, los que transcurrieron en Argentina e incluye su paso por Buenos Aires, Córdoba, Villa Carlos Paz, Villa del Lago y Alta Gracia. Se rescatan y describen lugares que transitó y habitó el célebre músico español desde su llegada a este país en 1939 hasta su muerte en 1946; lugares que cobran mayor significación por haber cobijado al gaditano que buscaba paz, buen clima y silencio para poder dedicarse a su oficio de compositor. En casi todos los sitios mencionados se recuerda el paso del insigne Maestro si uno indaga al respecto. Pero en muchos otros no se lo tiene presente. Es por tal motivo que se desarrolla este escrito, para recordar el derrotero de Falla en sus últimos años por nuestro territorio y hacer visibles los espacios físicos donde se situaron tantas anécdotas de su vida.

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