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Sirat: cuando el cine te pasa por el cuerpo

Sirat fue la preferida por el jurado de Cannes 2025; mientras que en los grandes premios de la industria cinematográfica que se van a celebrar el domingo 15 de marzo, está nominada como mejor película extranjera y mejor sonido. Sirat es una película española que cuenta con un crédito cordobés: Santiago Fillol. El film es dirigido por Oliver Laxe –nacido en Francia–, quien es considerado parte del Novo Cine Galego mientras que el guion fue escrito por Laxe y Santiago Fillol.

Sobre Santiago Fillol

Santiago es un cineasta nacido en Córdoba. Estudió en la UNC y en el Instituto Blas Pascal. En el año 2000 migró a Barcelona, donde continuó su formación en la Universidad Pompeu Fabra. En España se desempeñó como editor de revistas de cine y como docente. Dirigió y guionó tres largometrajes. De su obra se destacan Lo que arde y Sirat, ambas en colaboración con Oliver Laxe y reconocidas internacionalmente.

Camila Argüello: En muchas entrevistas señalaste el peso que tuvieron espacios como el Cine Club Municipal Hugo del Carril y otras experiencias más bien alternativas en la formación de nuevas generaciones de realizadores cordobeses. ¿Cuál es tu lectura sobre los logros, los límites del cine cordobés y sus instituciones?

Santiago Fillol: Es un poco compleja la pregunta porque me parece que es importante ser responsable y tener un conocimiento bastante profundo de las instituciones, cosa que yo no tengo. Yo vivo fuera de Córdoba desde el año 2000, entonces hay una parte larga de un desarrollo muy importante que yo reconozco desde mi experiencia de cuando yo estudiaba. Había muy poquitos espacios para fomentar la cultura cinematográfica.

Estaba el Ángel Azul en donde iban programando algunas cosas. Eso después, a partir de un poco la labor de Daniel Salzano, se convirtió en el Cine Club Hugo del Carril, que fue su última gran contribución a la ciudad, que hizo varias. Y eso quedó en manos de gente con muchísimo talento y generosidad que permitieron que se construyera una cultura cinéfila.

Eso empezó a generar algo muy importante también, que era verlas en grupo. Yo creo que lo que pasó en el Hugo del Carril, con la ayuda de gente como Alejandro Koza, Roger Koza -que es un grandísimo defensor, difusor, con muchísima sensibilidad, erudición, talento y muchas ganas de convidar a gente, de hacer divulgación– entre tantos otros, se fue armando una especie de tierra perfectamente llena de minerales y de capacidad de hacer germinar nuevas generaciones.

Yo creo que eso, tremendamente fértil y con muchísimas capas de humus, fueron generando distintos tipos de cine, posibilito de que Rosendo Ruiz hiciera sus películas más cercanas a la idiosincrasia cordobesa, mientras que Ramiro Sonzini, Maru Aparicio empezaban a ir por un lado más independiente, de una sensibilidad independiente, sin alejarse del espíritu cordobés. Eso fue extraordinario. También está Martín Sappia, o Pablo Martín Weber que me parece un ensayista cinematográfico muy interesante.

Entonces, lo que yo creo es que esa variedad, esa riqueza, no está recogida en la forma en que las ayudas del cine cordobés acompañan a los cineastas. Pero también hay que tener paciencia y seguir empujando, como lo han hecho tantos de estos cineastas, para que el gobierno de Córdoba reconozca que lo que más representa a Córdoba internacionalmente no es un cine industrial, sino el cine independiente, y darle sitio y encontrar formas de poder ayudar y acompañar a esos cineastas. Eso es lo que me parece en mi experiencia, insisto, parece que para hablar de lo que creemos de las instituciones, habría que tener un conocimiento mucho más profundo que yo no tengo.

CA: Como docente de la Pompeu Fabra en Barcelona, ¿Cómo se da ese diálogo entre lo académico y entre los espacios quizás más plásticos, más flexibles en el cine?

SF: Yo soy profesor en una universidad que ha sido siempre un espacio que ha creído en la búsqueda de la vanguardia. A mí me formó Joaquím Jordá o José Luis Gerín, que eran profesores en el Máster Documental de Creación cuando llegué a Barcelona, que andaban dando vueltas por ahí como faros, de los cuales salieron Isaac y la Cuesta, Merche Álvarez, Neus Bayus, un montón de gente muy interesante, que no consideramos nunca la academia como un lugar rígido. La academia es un lugar para explorar, entonces me parece que esta especie de dicotomía entre el cine independiente o el cine académico en realidad no es tal.

Una de las cosas que a mí me interesa del fenómeno de Sirat es que nuestra película es una película hecha desde la intuición, desde una salida de pista, desde mostrar formas diferentes, de buscar tejidos de imágenes, formas de evocarlas, conectarlas y contar desde ellas. Entonces creo que un poco lo que nos viene a mostrar el fenómeno es que no hay fórmulas, sobre todo para los que vienen, no hay fórmulas y el cine está aún y siempre por reinventar.

Y la tarea del artista es un poco arriesgar a caerse de la cuerda, buscando lo inatendido, lo diferente, lo que no sabemos cómo llega más lejos. Eso lo decía Pasolini muy bien: “el público saborea el riesgo del artista”. Cuando uno ve una película y se da cuenta que esa persona se le está jugando justamente porque se sale de las normas canónicas. Hay películas industriales que juegan con una serie de parámetros, etcétera, pero las que justamente en nuestros casos más han recorrido, más han generado el deseo, otros cuantos, de hacer pelis y han encontrado una sensibilidad que no estaba tocada.

CA: En este aspecto flexible y muy de vanguardia de la Pompeu Fabra creo el ejemplo claro es la relación que te une a vos con Oliver -el director de Sirat- que ha sido alumno tuyo. Me interesa saber cómo trabajaron en particular en Sirat, que me imagino que debe haber sido como muy desafiante desde, el rodaje en el desierto hasta la construcción de esas imágenes tan potentes, la elaboración de guion que desde mi punto de vista como espectadora, es lo suficientemente minimalista para que las imágenes exploren toda la potencia. Ni hablar del sonido, por algo Sirat también está nominada como mejor película en tanto sonido. ¿Cómo fue trabajar sobre todos estos elementos que acabo de mencionar?

SF: Con Oliver, nos conocemos muchísimo, lo conocí en la universidad cuando empecé a dar clases, éramos muy colegas en muchos espacios, no somos los únicos que terminamos compartiendo cine juntos, en Argentina hay un par de casos célebres, Mariano Llinás y Santiago Mitre, por ejemplo. Las escuelas son lugares –y hablo de escuelas y no de academias– donde uno forma familia, el cine se hace en familia, ¿no? Y en donde empezas a establecer puentes entre sensibilidades. Hay veces que sentís que tenes conexiones muy fuertes, entonces cuando empezas a trabajar con esas conexiones, se te da muy simple. Nosotros hemos hecho ya tres películas y todas trabajan a partir de ese principio de imágenes capitales que nos presentan, que tratamos de entender qué es lo que nos está diciendo esta imagen que nos llegó, la conectamos con otra y a veces escribir el guion es decirlas uniendo. Un poco como las constelaciones en el cielo, que si vos te fijas en Orión, cada estrella por sí sola no dice nada, pero todas juntas y solo porque están en esa posición, arman esa figura tan increíble y única, están a millones de años de luz unas de las otras, pero juntas arman un recorrido único, una figura extraordinaria. A nosotros nos interesa mucho el personaje en acción, el verlo en la acción y tratar de ir deduciendo desde ahí y ver sus reacciones, ver qué pasa cuando un papá se siente abandonado por las personas que lo estaban guiando en un camino y se frustra y le suelta todo eso a su hijo, pero después lo premia poniéndolo en la ventanita de la camioneta para apaciguar un poco su ira y después cruzan y él se ríe como un niño también. Yo creo que ahí pasan muchas cosas más que si yo te pusiese a explicar un montón de otras, creo que es interesante que haya esa diversidad, que puedan existir otras formas en donde el goce de la narración no pase solo ni principalmente por la comprensión, creo que estamos en una época en donde todo se ilumina excesivamente y el entendimiento apaga la posibilidad de tantear un par de pasos en el no saber; ¿y cómo avanzo yo ahora con eso que no sé? eso a mí me parece un territorio precioso para escribir porque ahí estamos todos bastante unidos.CA: Eso tan explorado en Sirat, esta idea del no saber, la deriva y todo lo que conlleva, un camino que no sabes a dónde conduce y que está plagado de angustias, de esperanzas también, pero capa tan develada. ¿Por qué crees que tuvo el nivel de reconocimiento a nivel internacional, ya como premio de jurado de Cannes, ahora como nominada a mejor película extranjera y a mejor sonido en los Oscars? ¿Qué crees que fue lo que hizo que Sirat llegara hasta donde llegó?

SF: Suerte, como casi todas las cosas en la vida, un accidente feliz, hay algo, creo en general que los accidentes son cosas radicalmente importantes en las vidas. El agua que hay en la Tierra iba para Júpiter y se desvió, somos fruto de un accidente, toda el agua que tenemos en la Tierra es la misma que está desde que llegó ese asteroide, que es algo que me está interesando mucho investigar, ahora estoy trabajando mucho con biólogos porque uno aprende bastante de cruzarse con gente distinta. Pasa mucho que en el cine nos quedamos en los círculos cinéfilos y sólo hablamos de nosotros mismos, y creo que eso a veces es empobrecedor, más en este momento del mundo, en donde venden el agua, por ejemplo. Cuando nosotros hicimos la película, no nos imaginamos para nada el fenómeno, teníamos la sensación de que había un riesgo, pero no sabíamos si ese riesgo iba a ser bien entendido, y la verdad que cuando estábamos con el Festival de Cannes, se sentía vértigo. La sala de cine es un lugar muy poderoso, yo creo que es la definición más cercana a cine popular es cuando estás en una sala de cine, y sentís la misma reacción en toda la sala, que es una cosa preciosa: estar conectado emocionalmente con un montón de gente que no conozco, me siento tremendamente dedicado hacia mi interior, y a la vez conectado con todos ellos, es algo muy parecido a lo que pasa en una rave, están con el alma dada vuelta como una media, expuestos, y a la vez muy interiores, y eso en realidad son quizás restos casi fósiles de nuestra experiencia ritual, y para nosotros el fenómeno de Sirat a posterior, insisto, de estas cosas que uno aprende después de que pasaron, y me parece que tiene que ver con una sed de experiencias rituales, de ir a la sala de cine para que te pasen cosas, y no para consumir o comprender una historia.

CA: Creo que en Sirat hay algo profundamente político –más allá del terreno en conflicto donde transcurre la película– en el sentido de una posición muy subjetiva, esta idea de quienes eligen desertar, quienes eligen irse, quienes eligen dejar de pertenecer, quienes eligen apagar la radio para no escuchar el desastre que está aconteciendo afuera. ¿Tiene algún tipo de sentido esta interpretación?

SF: Bueno, todo lo que vos decís es algo que tiene mucho sentido, porque lo sentiste, entonces cualquier cosa que hayas sentido, ningún argumento te lo puede negar, y a nosotros nos parece de las cosas más bonitas, lo que más nos gusta de las películas que intentamos hacer, no sé si lo conseguimos, pero es algo que buscamos, es que no dependan de la interpretación que nosotros le quisimos dar, sino abrir un espacio para que sintamos cosas dentro de estos territorios. Cómo se acompaña lo inacompañable, cómo te parás después de que pasó semejante problema, porque la gran guionista de nuestras vidas no nos explica nunca cuándo nos va a cortar el hilo, ni da ninguna justificación, la tragedia griega nos lo enseñó. Me parece un hecho importante, no sé si político, pero sí como algo vivencial, de bajarle el volumen a la cabeza y abrir más el corazón, que me parece importantísimo para que podamos discutir lo político, lo geopolítico, lo ecológico, los recursos, la empatía, etcétera. Quizás como artistas, la tarea sea tratar de ayudarnos a bajar un poco el volumen al cerebro, que el corazón no esté enganchado al cerebro, que vuelva al pecho.

Entrevista con Santiago Fillol, co-guionista de Sirat

Sinopsis

Un hombre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) llegan a una rave perdida en medio de las montañas del sur de Marruecos. Buscan a Mar, su hija y hermana, desaparecida hace meses en una de esas fiestas sin amanecer. Reparten su foto una y otra vez rodeados de música electrónica y un tipo de libertad que desconocen. Allí deciden seguir a un grupo de raveros en la búsqueda de una última fiesta que se celebrará en el desierto, donde esperan encontrar a la joven desaparecida.

Ficha técnica
Dirección: Oliver Laxe
País: España
Año: 2025
Duración: 1h 55min
Versión: VOSE
Formato: DCP
Intérpretes: Sergi López, Bruno Núñez, Richard Bellamy

Festivales y premios

Premio Especial del Jurado Festival de Cannes 2025 – Premio Horizontes Festival de San Sebastián 2024 – Sección Oficial Mostra de Venezia 2024

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