Cien rondas de dignidad: Córdoba sigue marchando
Con la Marcha Nº 100 alrededor de la Plaza San Martín de la capital, el Foro Solidario Córdoba volvió a recordarle al país que la resistencia social no se archiva ni se jubila. Cien rondas no son solo un número: son un territorio de memoria, lucha y dignidad construido por jubilados, trabajadores, estudiantes y organizaciones populares que decidieron no aceptar el retroceso como destino.
Desde aquella primera movilización de miles de trabajadores frente al Tribunal Superior de Justicia, el Foro se consolidó como un espacio plural, multisectorial y profundamente democrático. Con el correr de las semanas, las rondas de los miércoles se transformaron en un símbolo visible de protesta y participación ciudadana en el corazón de la ciudad, sumando el apoyo de sindicatos, organizaciones sociales, estudiantiles y culturales.
En cada ronda se defendió lo que otros intentaron recortar: la Caja de Jubilaciones, el APROSS, el ANSES, el PAMI, el 82% móvil, la salud pública, los derechos laborales y la seguridad social como patrimonio colectivo. Pero estas marchas no fueron solamente una protesta: también funcionaron como verdaderos cabildos abiertos donde se debatió el país que somos y el país que queremos construir.
Frente a los tarifazos, las privatizaciones, la precarización laboral y la pérdida constante del poder adquisitivo de jubilados y trabajadores, el Foro levantó propuestas estratégicas: auditorías públicas, la creación de una Defensoría del Adulto Mayor, un Banco Previsional, fondos intangibles de seguridad social y laboratorios nacionales que garanticen el acceso universal a medicamentos.
Cada paso, cada ronda, fue también un acto pedagógico. Una forma de demostrar que la organización popular sigue siendo la herramienta más poderosa frente a cualquier intento de ajuste o retroceso social.
Con la ronda Nº100, el mensaje volvió a ser contundente: los derechos conquistados no se entregan. Y si hace falta marchar 200, 500 o mil rondas más, el Foro Solidario Córdoba volverá a la plaza una y otra vez, hasta que la dignidad deje de ser una consigna y se convierta definitivamente en un derecho inviolable.
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