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Svetlana Smolina deslumbró en la apertura del ciclo de la Fundación ProArte Córdoba

La destacada pianista rusa Svetlana Smolina protagonizó una noche memorable en la apertura del ciclo de conciertos de la Fundación ProArte Córdoba. El recital, ofrecido el jueves por la noche, dejó al público visiblemente conmovido y culminó con una prolongada ovación de pie que celebró tanto la brillantez técnica como la intensidad expresiva de la intérprete.

Desde sus primeras notas, Smolina confirmó el prestigio que la precede en los escenarios internacionales. Con una presencia sobria pero magnética, la pianista desplegó un sonido amplio y matizado, capaz de pasar de la delicadeza más íntima a un virtuosismo deslumbrante. Formada desde niña bajo la guía de su madre —también pianista—, la artista suele decir que el piano “ha sido siempre el amor de su vida”, una afirmación que pareció materializarse en cada pasaje del concierto.

El programa propuso un recorrido exigente y colorido por distintos momentos del repertorio pianístico. La velada se abrió con una selección de la suite de El cascanueces de Pyotr Ilyich Tchaikovsky en el célebre arreglo de Mikhail Pletnev, donde Smolina exhibió un refinado trabajo de timbres y una delicadeza casi orquestal en la construcción de las texturas.

Luego llegaron dos páginas emblemáticas de Frédéric Chopin: el Scherzo n.º 2 y la Polonesa “Heroica”, abordadas con un equilibrio notable entre energía y elegancia. En estas obras la pianista mostró un dominio absoluto del fraseo y de las dinámicas, logrando que cada clímax sonara pleno sin perder claridad.

El romanticismo de Franz Liszt encontró en Smolina una intérprete ideal. Tanto Liebestraum n.º 3 como el vertiginoso Mephisto Waltz n.º 1 fueron recibidos con entusiasmo por el auditorio, que siguió con atención la teatralidad y el fuego interpretativo que la pianista supo imprimir a estas páginas.

La segunda parte amplió el horizonte estilístico con obras de George Gershwin —entre ellas Prelude, Concert Etudes, The Man I Love e I Got Rhythm— en las que Smolina combinó elegancia clásica y un swing natural, celebrando el puente entre el mundo académico y el jazz. También brillaron la Malagueña de la suite Andalucía de Ernesto Lecuona y el deslumbrante Capricho español de Moritz Moszkowski, donde el despliegue de virtuosismo arrancó espontáneos aplausos entre movimientos.

Uno de los momentos más celebrados de la noche llegó con las Danzas argentinas de Alberto Ginastera —Danza de la moza donosa y Danza del gaucho matrero— que Smolina interpretó con intensidad y una sorprendente afinidad con el lenguaje rítmico y expresivo del compositor argentino.

El cierre fue tan espectacular como desafiante: Islamey, de Mily Balakirev, una de las piezas más virtuosas del repertorio pianístico. La interpretación, electrizante y precisa, provocó una reacción inmediata del público, que se puso de pie para ovacionar largamente a la pianista.

Así, entre aplausos sostenidos y gestos de admiración, la actuación de Svetlana Smolina inauguró el ciclo de la Fundación ProArte Córdoba con una velada de alto vuelo artístico, reafirmando la capacidad del gran repertorio pianístico para emocionar y deslumbrar cuando encuentra intérpretes de semejante calibre.

La gran intérprete tiene una vasta trayectoria internacional (Foto: H. Scocozza)
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