La soga aprieta cada vez más fuerte en los sectores más vulnerables en Córdoba.
Desde fines del año pasado, las organizaciones que abastecen a los comedores barriales vienen sufriendo una caída libre en las donaciones, tanto de alimentos como de dinero.
El termómetro más claro de esta realidad alarmante se ve en las puertas de los supermercados. Lo que antes era un flujo constante de mercadería de rescate, hoy es un goteo mínimo: pasaron de recuperar entre 10 y 15 bultos por sucursal a rasguñar apenas 4 o 5 con suerte. La mercadería, que antes iba directo al banco de alimentos, hoy es arrasada por familias que buscan estirar su propio bolsillo.
Ante este panorama tan complejo, la única estrategia de supervivencia fue ajustar los envíos.
Los encargados de la logística reconocieron que tuvieron que meter tijera para no dejar a nadie con las manos vacías: "Tratamos de darle un poco a cada uno. Por ahí el combo no sale con la cantidad de kilos que salía antes, pero la idea es que sea más reducido y que pueda alcanzar a más organizaciones".
