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El peligro de una guerra nuclear

Estados Unidos e Israel no están ganando la guerra contra Irán. O por lo menos, no en la medida que creían cuando decidieron atacar injustificadamente a Teherán hace casi tres semanas. El error de cálculo fue grande, nunca pensaron que la respuesta iraní sería tan contundente en lo militar, y sobre todo en lo económico, golpeando intereses estratégicos de ambos países en Medio Oriente y cerrando el Estrecho de Ormuz, lo que hizo que los precios del petróleo y el gas se dispararan.

Desde el punto de vista militar, la enorme cantidad de drones iraníes está haciendo flaquear las defensas israelíes, el super misil en respuesta por el asesinato de parte de Israel de Ali Larijani, secretario del Consejo Superior de Seguridad Nacional de Irán. Además, los misiles de fragmentación, prácticamente dejan en ridículo a la promocionada “Cúpula de Hierro”.

Desde el punto de vista económico, el cierre selectivo del Estrecho de Ormuz, por donde circula el 20 por ciento de los hidrocarburos del mundo, hizo que el petróleo estuviera por las nubes superando largamente los 100 dólares por barril, y el gas para Europa subiera un 35 por ciento. Todo esto genera grandes complicaciones a la economía mundial y también inflación dentro del propio Estados Unidos, donde este año hay elecciones de medio término, fundamentales para Trump, que sigue en declive en las encuestas.

De hecho, si esta ya era una guerra impopular en Estados Unidos al inicio, hoy lo es mucho más, al ver que no avanza como quería, y que su líder está perdiendo la hegemonía discursiva, diciendo un día una cosa y al día siguiente otra.

Un golpe durísimo, quizá el más fuerte hasta ahora, se lo asestó Joe Kent, exdirector del Centro Nacional de Contraterrorismo de Estados Unidos, quien renunció a su cargo diciendo que Irán no era una amenaza para los Estados Unidos. Es decir, desacreditando la principal excusa de Trump como causa para atacar. “No estaban cerca de lograr un arma nuclear hace tres semanas atrás, cuando esto comenzó, y tampoco en junio pasado”, remarcó Kent, el funcionario de más alto rango de la administración Trump que sale a criticarlo.

A estas críticas, se suman cada vez más países aliados, e incluso la Alianza Atlántica, que emitió un comunicado diciendo que “ésta no es una guerra de la OTAN”, provocando las iras del inquilino de la Casa Blanca. En declaraciones públicas, Trump dijo: “Creo que la OTAN está cometiendo un error muy tonto. Y hace tiempo que digo que me pregunto si la OTAN estaría ahí para nosotros. Así que esta fue una gran prueba, porque no los necesitamos, pero deberían haber estado ahí”. Con esto, prácticamente anuncia la salida de Estados Unidos de la alianza bélica, lo cual significaría un cambio fundamental en el reordenamiento geopolítico del mundo.

Lo cierto es que la guerra que debía ser rápida y contundente se extiende en el tiempo, y al parecer, Irán está preparado para ese escenario. Pero Estados Unidos no dejó una salida posible para el caso de que las cosas no salieran como preveía. Trump se apresuró en anunciar que su objetivo era que cayera el régimen y asesinó al ayatola Jamenei. Pero el régimen no colapsó. Luego dijo que era fundamental que lo consultaran a él para elegir al nuevo líder supremo de la Revolución Islámica, pero los iraníes eligieron al hijo de Jamenei casi como una provocación. Militarmente, Irán sufre, pero también responde, y económicamente, muestra que puede hacer mucho daño.

Estados Unidos e Israel, por su parte, están comprobando algo que enseña la historia: que bombardeos estratégicos pueden ser muy importantes, pero por sí solos no son suficientes para ganar una guerra. Se necesita presencia de tropas sobre el terreno, pero pareciera que ni Israel ni Estados Unidos están dispuestos a mandar a una generación a morir, y soportar las fotos de los ataúdes envueltos en banderas patrióticas. Pero podrían apelar a sus peones genuflexos, como la mismísima Argentina. Es preocupante la declaración del secretario de Comunicación del gobierno nacional de Javier Milei, Javier Lanari, quien dijo: “Si lo solicitara Estados Unidos, sí. Cualquier ayuda que ellos consideren se dará”.

Sin embargo, así como van las cosas, no son como esperaban Tel Aviv y Washington. Y para colmo, como ya se dijo, no tienen una salida decorosa preparada. Con lo cual, ante la desesperación, y su ya probada falta de escrúpulos o apego a la ley internacional, apelar a armas nucleares es una opción que debe preocuparnos. Estados Unidos es la mayor potencia nuclear, junto con Rusia, e Israel tiene entre 70 y 400 ojivas nucleares, no confirmadas porque Netanyahu ni lo acepta ni lo desmiente. El peligro está entre nosotros.

Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio

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