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La herida que sigue hablando

Para quienes atravesamos aquel abismo, la memoria no es un acto intelectual: es una conmoción.

En 1976 yo tenía veinte años. Servía el Servicio Militar Obligatorio cuando un operativo del III Cuerpo de Ejército me arrancó de la vida cotidiana. Veinte días en un calabozo militar. Siete meses vendado, esposado, torturado en el Campo de la Ribera. Un año y medio en Sierra Chica. Dos años de exilio en Brasil. Y detrás, mi familia: ese dolor silencioso que todavía no sé narrar.

Cada aniversario vuelve a mostrar que el golpe no solo destruyó cuerpos: desmanteló una generación entera. Arrasó sueños, militancias, proyectos colectivos. Y ese vacío sigue condicionando a la Argentina actual: la crisis de representación, la desconfianza, la fragmentación social… todo tiene un eco de aquel crimen.

Hoy observo una política absorbida por disputas menores, obsesionada con el poder y no con la gente. Y, en contraste, encuentro la verdadera fuerza social en cooperativas, clubes, organizaciones solidarias, Foros y espacios comunitarios donde aún subsiste el sentido de pertenencia.

Durante años pensé que el 24 de marzo debía vivirse en silencio, en recogimiento. Pero entendí que la memoria necesita aire, necesita voces, necesita escuelas, marchas, calles. No para revivir el horror, sino para evitar su repetición. Para que el “Nunca Más” sea una conducta, no una consigna.

En Córdoba lo sabemos: no hay familia intacta. Todos conocemos a alguien que no volvió. Por eso la memoria no debe ser disputa: debe ser compromiso. Nombrar la verdad es el primer acto de justicia.

Que este nuevo aniversario nos encuentre despiertos, sensibles y responsables del país que construimos con nuestras decisiones.
Porque fueron 30.000.

Porque fue un genocidio.

Porque la memoria es un deber, no una opción.

Y porque la democracia —con todas sus imperfecciones— sigue siendo el único lugar donde podemos vivir sin miedo.
Nunca Más.

Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio

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