La exdecana de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), Ana Mohaded, pasó por los micrófonos de las radios de los SRT para conmemorar este 24 de marzo. Quien fuera una de las testigos clave en los juicios de lesa humanidad en Córdoba, compartió su visión sobre la identidad, la resistencia y el rol de las instituciones educativas en la construcción de una sociedad con memoria.
El arte como forma de resistencia
Para Mohaded, la creatividad y la expresión artística no son ajenas a la lucha política. "Incluso en los momentos más oscuros, en el encierro más profundo, el ser humano busca formas de belleza y de conexión con el otro para no dejarse deshumanizar", afirmó la docente. Durante la charla, recordó cómo su paso por el decanato estuvo signado por la convicción de que la formación académica debe estar atravesada por la sensibilidad social.
"El arte tiene esa capacidad de decir lo que a veces las palabras no alcanzan, de bordear el horror y transformarlo en algo que nos permita seguir caminando", reflexionó quien dedicara gran parte de su gestión a vincular la universidad con los sitios de memoria de la provincia.
"No somos víctimas, somos militantes"
Uno de los puntos más fuertes de la entrevista fue su mirada sobre la condición de quienes sufrieron la represión. Mohaded fue contundente: "A veces se intenta encasillarnos solo en el lugar de la víctima, pero nosotros éramos, y seguimos siendo, militantes con proyectos de país, con sueños de justicia social. El terrorismo de Estado intentó aniquilar esos sueños, no solo nuestros cuerpos".
Al recordar su cautiverio en el centro clandestino de detención La Perla, Ana destacó la importancia de los vínculos afectivos que se tejieron en la clandestinidad. "Esa solidaridad mínima, ese apretón de manos o una palabra de aliento en la oscuridad, fue lo que nos permitió sobrevivir y, años después, sentarnos frente a un tribunal a dar testimonio por los que no están", sostuvo emocionada.
El peligro de los discursos de odio
Mohaded no esquivó la lectura de la realidad actual y el resurgimiento de discursos negacionistas. "Me preocupa que se intente banalizar lo que ocurrió. No fue una guerra, fue un plan sistemático de exterminio ejecutado desde el Estado. Negar eso es abrir la puerta a que la crueldad vuelva a ser una herramienta política", advirtió.
"La memoria es un trabajo diario. No se trata de quedarse anclados en el dolor de hace 50 años, sino de usar esa experiencia para detectar hoy dónde se están vulnerando derechos, dónde hay desigualdad y dónde hace falta levantar la voz", explicó la ex decana.
Un legado de lucha
Sobre el cierre, Ana Mohaded dejó un mensaje para las nuevas generaciones de estudiantes y artistas. "La democracia no es un estado natural, es una construcción colectiva que se defiende todos los días. Mi mayor esperanza son los jóvenes que se apropian de los pañuelos y los transforman en nuevas banderas de libertad", concluyó.
