Este martes, la Ciudad de Buenos Aires es escenario de una jornada histórica y cargada de simbolismo. Al cumplirse medio siglo del inicio de la última dictadura militar, miles de personas se volcaron a las calles para renovar el compromiso con el "Nunca Más" en un clima de profunda emotividad y fuerte contenido político. Desde las primeras horas de la mañana, las columnas comenzaron a avanzar por las principales avenidas, transformando el centro porteño en un mosaico de pañuelos blancos y banderas que recordaron a los 30.000 desaparecidos.
La movilización tuvo dos epicentros claros que terminaron confluyendo en la histórica Plaza de Mayo. Por un lado, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, junto a los organismos de Derechos Humanos, encabezaron la columna principal que partió desde la Avenida de Mayo. Al mismo tiempo, agrupaciones políticas, movimientos sociales y centrales obreras aportaron un volumen de concurrencia que desbordó los accesos tradicionales a la Casa Rosada. El reclamo por la continuidad de los juicios de lesa humanidad y el repudio a los discursos que intentan relativizar el terrorismo de Estado fueron los ejes transversales de la convocatoria.
La jornada no estuvo exenta de tensiones simbólicas respecto al relato oficial. Mientras en las calles se vivía un clima de resistencia cultural y política, los referentes de los organismos de Derechos Humanos destacaron la importancia de mantener viva la memoria histórica ante el resurgimiento de discursos autoritarios. Durante el acto central, se leyó un documento consensuado que hizo hincapié en la responsabilidad del Estado como garante de la vida y la libertad, rechazando cualquier intento de igualar las responsabilidades de la violencia política con el plan sistemático de exterminio ejecutado desde 1976.
El impacto de la marcha también se sintió en la fuerte presencia juvenil, un dato que los organizadores resaltaron como la garantía de que el legado de la memoria ha pasado a las nuevas generaciones. Familias enteras, estudiantes y trabajadores se sumaron a la columna de la militancia, que este año sumó a sus reclamos históricos la preocupación por la situación económica y social del país. La movilización en Buenos Aires fue el espejo de réplicas similares en las principales ciudades del interior, consolidando una jornada de alcance nacional que reafirmó que la lucha por los Derechos Humanos sigue siendo un pilar innegociable de la identidad argentina.
