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Balance de guerra

Luego del anuncio esperanzador de una tregua de dos semanas, Israel rompió los compromisos con un ataque totalmente injustificado a población civil en el corazón de Beirut, capital de El Líbano. Con esta actitud, el primer ministro Benjamín Netanyahu volvió a arrastrar a Donald Trump a sus caprichos, dejándolo nuevamente en ridículo ante el mundo. Quedó claro que, o Trump no puede manejar a su aliado, o bien miente nuevamente, comprometiéndose a una cosa en público y dándole vía libre a Israel por lo bajo para que continúe con sus masacres.

Entre los 10 puntos que incluía el acuerdo, estaba el no atacar a Hezbollah y otros grupos proxis, de la resistencia ligada a Irán, por lo que este país reaccionó volviendo a cerrar el Estrecho de Ormuz, y haciendo que nuevamente repuntara el precio internacional del petróleo.

Pero, veamos, por partes, por qué cada actor juega como juega y con qué resultados.

Irán. La República Islámica estaba negociando con Estados Unidos su plan nuclear en Omán, cuando, de repente, fue atacada el 28 de febrero. En estos 40 días, Irán sorprendió por su resiliencia y resistencia, pero también por su capacidad de atacar, tanto a las bases militares de Estados Unidos en la región, cuanto a Israel. Mostró su poder de fuego, y demostró que controla totalmente el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20 por ciento del petróleo y el gas mundial, y del cual depende en parte la economía del mundo. El problema mayor que tiene Irán ahora es que no confía en la contraparte estadounidense, y entonces, cualquier negociación es difícil. En el acuerdo que ahora está en stand by se comprometía a no desarrollar armas nucleares.

Israel. Está gobernado por un desquiciado llamado Benjamín Netanyahu, acusado de genocida por la ONU y la Corte Penal Internacional. Lleva a su pueblo al suicidio, atacando a Irán y con las repetidas masacres contra palestinos y libaneses. Pero está claro que, principalmente por una cuestión geográfica, la única esperanza de supervivencia de Israel es transformarse en un país normal que respete la ley internacional, que deje de ocupar territorio que no le pertenece, que deje de masacrar civiles y que intente una convivencia civilizada con sus vecinos. En estos 40 días de guerra quedó de manifiesto la vulnerabilidad de Israel ante los misiles iraníes. Lamentablemente, la sociedad israelí se ha ido derechizando cada vez más en los últimos tiempos, y en este momento está mayoritariamente abroquelada en torno al proyecto de un Estado terrorista como es el proyecto de Netanyahu.

El Líbano. Era llamado “la Suiza de Medio Oriente” por su importancia comercial y financiera, hasta que en 1982 Israel invadió y estalló una guerra civil entre las comunidades sunita, chiíta y cristiana. De hecho, Hezbollah se creó en 1982 como parte de la resistencia al invasor Israel. Los últimos ataques masivos de Tel Aviv no son contra Hezbollah, sino contra el corazón de Beirut y la población civil. Irán, al paralizar el acuerdo y volver a cerrar el Estrecho de Ormuz, se pone a sí mismo nuevamente en peligro, mostrando que es confiable para sus aliados. A diferencia de Israel, que no es un aliado confiable para Estados, porque lo está arrastrando a seguir la guerra, luego del acuerdo del martes.

Estados Unidos. Está en una situación muy complicada. Quedó claro que entró en esta guerra por imposición de Israel. Cometió muchos errores de cálculo. Creyó que asesinando al líder supremo descabezaría el Estado, que habría una rebelión generalizada que haría caer el régimen. Nada de eso ocurrió. Dijo que los iraníes no podrían elegir un nuevo líder sin su consentimiento, quedó en ridículo. Dijo que si Irán cerraba el Estrecho de Ormuz sería el fin de una civilización milenaria, tuvo que negociar. No cumplió ninguno de los objetivos que tanto vociferó. Los resultados son catastróficos, con la mayoría de sus bases militares en la región dañadas o destruidas, con miles de efectivos evacuados, con sus portaaviones que no pueden acercarse. Todo eso muestra debilidad. Además, gastó cientos de miles de millones de dólares que acrecientan su déficit y su deuda, y ni hablar de las pérdidas humanas. Y las consecuencias económicas de sus ataques hacen subir el precio del petróleo y generan más inflación dentro de Estados Unidos. Todo eso, con un clima opositor en su país, una guerra muy impopular, manifestaciones en contra y su imagen en caída, a 7 meses de las elecciones de medio término.

Europa. Se ha mantenido al margen, lo cual no es una muestra de neutralidad, sino una actitud en contra de Estados Unidos. Ante los insultos de Trump contra la OTAN y contra la Unión Europea, la respuesta llegó del presidente francés Emanuel Macron. En un discurso pronunciado en Corea del Sur, llamó a crear la “coalición de independientes”. Dijo textualmente: “Nuestro objetivo no es ser vasallos de dos potencias hegemónicas. No queremos depender del dominio de China, ni queremos estar demasiado expuestos a la imprevisibilidad de Estados Unidos”. En general, la estrategia de los líderes europeos es esmerilar a Trump para que pierda las elecciones de noviembre, mengüe su poder y luego apostar por restaurar el poder atlantista tradicional.

China. Por ahora está expectante, viendo cómo su gran competidor, Estados Unidos, se desangra política, militar y económicamente. China necesita paz para seguir con su ritmo de crecimiento, pero no le molesta que con esta guerra se acelere la reconfiguración geopolítica del mundo. No sólo se están desgastando sus “enemigos” (Estados Unidos, Europa, Israel), sino también sus aliados (Irán y Rusia, que también sigue con su propia guerra contra Ucrania). Todo esto hace que su crecimiento, aunque se ralentice, sea proporcionalmente cada vez mayor.

Argentina. Queda en una situación muy peligrosa, culpa de la irresponsabilidad del presidente Javier Milei que, como siempre, se puso automáticamente del lado de Estados Unidos e Israel. Aunque estos países ganaran la guerra, no traería ningún beneficio a la Argentina, porque ni Estados Unidos ni Israel son grandes compradores de productos argentinos, y porque en la ONU los dos países votan en contra nuestra por el tema Malvinas. Pero, además, esos países están perdiendo la guerra, con lo cual, la Argentina queda en una posición política tan mala como la de Estados Unidos e Israel.

Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio

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