El regreso de Jorge Drexler a Córdoba tuvo anoche en el Quality Arena una respuesta acorde a la expectativa: una sala colmada y un público dispuesto a dejarse llevar por una propuesta más sensorial que espectacular.
Con eje en su nuevo trabajo, Taracá, el músico uruguayo ofreció un concierto que se movió con naturalidad entre la intimidad y la exploración sonora. Acompañado por una banda de siete músicos, desplegó una puesta cuidada, donde la sutileza escénica y el uso de recursos tecnológicos se integraron sin opacar el corazón de su obra: la canción.
Lejos de apoyarse exclusivamente en sus clásicos, Drexler apostó a un repertorio que combinó lo nuevo con lo conocido, en un equilibrio que mantuvo la atención constante del público. El candombe, hilo conductor del disco reciente, aportó textura y ritmo a una noche donde la música dialogó de manera permanente con la palabra.
El vínculo con el público cordobés volvió a ser uno de los puntos altos. Hubo escucha atenta, silencios compartidos y momentos de complicidad que transformaron el recital en una experiencia más cercana a lo ritual que al consumo masivo.
Drexler no dudó en bajar a la platea, bailar e interactuar con los asistentes, creando un “pulso humano”.
Además de los temas nuevos, no faltaron clásicos como “Al otro lado del río”.
En tiempos dominados por la inmediatez, Drexler reafirmó su lugar como un artista que invita a detenerse: a escuchar, a pensar y a habitar cada canción. Su paso por Córdoba dejó, una vez más, la sensación de haber asistido a algo más que un concierto: un encuentro sensible entre música, poesía y emoción.
