La crisis sanitaria que golpea a los adultos mayores no es nueva, pero hoy alcanza un nivel intolerable. Miles de jubilados ven amenazada su salud por precios imposibles y por un Estado que mira hacia otro lado. Frente a esta realidad, un colectivo de trabajadores retirados decidió dejar de esperar y empezó a construir respuestas concretas.
El diagnóstico es claro: sin controles democráticos, sin transparencia y sin instituciones que funcionen, cualquier política pública queda vacía. Por eso proponen un modelo prestacional autónomo, con participación real de jubilados, trabajadores y organismos estatales.
Entre las soluciones planteadas, una clave es aprovechar la enorme capacidad presupuestaria del sistema previsional para producir medicamentos genéricos propios, reduciendo costos y dependencias. Otra alternativa es crear una red nacional de laboratorios públicos y privados, universidades y entes previsionales que trabajen articuladamente.
La propuesta incluye además fortalecer farmacias municipales, sumar a laboratorios locales de producción de genéricos y dar un rol activo a centros de jubilados y organizaciones comunitarias. Todo esto requiere un vademécum esencial, basado en evidencia científica, y un marco regulatorio moderno que garantice control, auditoría y precios justos.
El objetivo final es simple y urgente: que ningún adulto mayor quede fuera del acceso a los medicamentos que necesita para vivir dignamente.
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