“Canté muchas veces en programas de TV sin saber de qué color era el dinero”, dijo en alguna ocasión Elis Regina Carvalho Costa sobre sus primeras incursiones en los sets de televisión de Río de Janeiro, con apenas 14 años, todavía tensionada entre sus deseos y la discrepancia de sus padres, que no veían correcto que una adolescente bien educada de Porto Alegre transitara tales pasillos.
El pasado 17 de marzo hubiera cumplido 81, una edad en la que prácticamente todos sus contemporáneos artísticos en Brasil gozan de envidiable salud (¿el clima, la playa, mucha fruta en la alimentación? Probablemente). Elis consumió 36 años con tal intensidad, que siguen siendo parámetro su capacidad técnica e interpretativa, la fuerza viva con la que traspasaba las canciones para hacerlas algo más propio de la vida de quien las escucha.
“Elis Regina no es `más cantante´ o `más intérprete´, ella alcanzó lo máximo en las dos dimensiones”, dijo Arthur de Faria, músico y periodista, autor de la “biografía musical” de E.R, en el marco de la presentación del texto que hizo en la Argentina durante octubre de 2025.
“El cerebro electrónico comanda/ manda y desmanda/ Él es quien manda/ Pero no anda/ (…) Sólo yo puedo pensar si Dios existe/ Sólo yo/ Sólo yo puedo llorar cuando estoy triste”, canta Gilberto Gil, quien ha dicho que Elis ejercía una gran fascinación sobre toda su generación y que era difícil para los muchachos de esa época no enamorarse más o menos perdidamente de esa mujer.
Asistida digitalmente por un sistema de edición basado en IA para depurar las pistas, está prevista para noviembre la publicación de un disco póstumo de E.R. Provisoriamente titulado “Elis para sempre”, un álbum de doce canciones recreado a partir de registros de la voz de la cantante extraídos de la grabación del especial filmado en la TV Bandeirantes en 1976.
Paradójico o no, si se pregunta rápidamente a Chat GPT cuál es la más importante cantante de la historia de Brasil, mercado de alta competencia (Elza Soares, Gal Costa, Maria Bethânia, etc.), la IA aplica ceros y unos:
Dejando de lado la necesidad de podios, ahí están los discos y registros, el doble concierto en un mismo día, por ejemplo, el 20 de julio de 1979, en el Festival de Montreux, agregando el show nocturno para el público que quedó fuera del de la tarde, en los que la cantante repasa un repertorio exquisito y hace desbordar, colapsar toda su técnica. O el encuentro de Ensaio (1973) en TV Cultura, del que se comparten varios tramos en esta nota.
Sería muy interesante imaginar posibles reacciones de la propia Regina, una profesional extremadamente exigente (“no quiero decir que estoy insatisfecha con lo que vengo realizando… pero creo que siempre es posible hacer algo más y mejor”), sobre los resultados finos de la asistencia digital basada en IA.
