Enrique, en una nota para que vos hiciste hace ya bastante tiempo, dialogando con un periodista joven, con Fernando Cerolini, le decías que cuando salías a caminar por la calle Corrientes “no te encontrabas”, en relación a que no encontrás tus discos en las disquerías. ¿Esto puede indicar un poco de olvido por parte de la gente hacia vos? ¿Vos sentís el cariño, el amor de tus amigos, de los músicos?
No, no. Tengo el afecto de mis amigos, vienen acá a verme, a conversar y mientras charlamos tocan el piano, así que está bien. No me quejo, y ahora voy a empezar a trabajar en Radio Municipal, los domingos, con un programa que se llamará Esta es mi música. Voy a pasar intérpretes y obras de todos los géneros, clásico, folklórico, jazz, en fin, vamos a ver lo que encuentro.
Siempre señalaste que hay que abrirse permanentemente y disfrutar de toda la música.
Claro…
Ahora, yo creo que a la mayoría de la gente le gusta manejarse con rótulo: “esto es jazz”, “esto es folklore”, “esto es tango”.
Además, cada uno cree que lo que le gusta a es lo bueno y lo que no le gusta es lo malo, y no es así.
Vos no solo has escuchado toda la música, sino que has tocado mucha música diferente…
Sí, sí, antes tocaba mucho más, ahora hace mucho que no toco, porque no puedo caminar… Pero voy a publicar ahora los tangos que hice, que son las estaciones: otoño, invierno, primavera y verano. Y acabo de editar por la Editorial Lagos, la “Milonga inconclusa”. Acá está…
Estas obras, estos tangos que vos acabas de mencionar y esta milonga, ¿son obras relativamente nuevas o estaban compuestas hace mucho tiempo y recién ahora se publican?
No, esta [“Milonga inconclusa”] es nueva y los otros [tangos] son del año 42, por ahí. Vamos a ver… Yo dije que es muy fácil escribir música. Uno agarra un papel y escribe, y si lo que escribe no se parece ni a Bach, ni a Mozart, ni a Beethoven, ni a Bartok, ni a Ravel, entonces ha escrito música original.
Recién te mencionaba a la avenida Corrientes, que has camino innumerables veces. ¿Qué recuerdos tenés de la calle Corrientes de los 40 y los 50?
Me acuerdo de Las Delicias, en la calle Suipacha. Un día fui con un amigo mío a comer a Las Delicias. Nunca había comido ahí. Pidió “un completo”. Le gustó tanto que tomó dos completos más. ¡Qué bárbaro! Estaban los tranvías… Había una librería que vendía discos y Casa Iriberri en Florida y Corrientes.
¿Era más fácil ser músico en aquella época o era tan difícil com ahora?
No sé, nosotros teníamos una barrita e íbamos a tocar a un restaurante que quedaba en la
calle Maipú. Comíamos gratis ahí. Luego le dábamos un peso al sereno de Radio El Mundo y nos dejaba pasar a la sala número uno, que tenía órgano, vibrafón y piano. Tocábamos hasta la 7 de la mañana, hasta que llegaba la gente de la radio y nos íbamos.
¿Te acordás de algunos nombres de aquellla barra?
Sí, estaba el baterista de Osvado Fresedo, no recuerdo cómo se llama, que fue conmigo a Brasil y se quedó en San Pablo y ahora es timbalista de la Orquesta Sinfónica. No lo vi más. El Bebe Eguía también, un fenómeno.
¿Te considerás una leyenda del jazz?
No sé.
¿Pero en tu interior qué idea tenés sobre vos mismo?
A mí me gusta el jazz, yo dejé la música clásica por el jazz. Cuando toqué jazz, ya no toqué más nada…
¿Qué tiene el jazz que lo hace un lenguaje universal que se toca en Villa Martelli, en Praga, en Nueva York, en Andorra?
No sé, en el jazz una nota trae la otra… y empieza y termina cuando uno quiere.
¿Hemos tenido buenos músicos de jazz en Argentina?
Sí, sí, muy buenos músicos, este que toca el saxofón, [Marito] Cosentino. El Bicho Casalla, que toca el trombón, que está en la televisión…
Siempre se menospreció o se le dio poca importancia a esta música, ¿no?
Sí, el negocio buscaba cantantes más que nada.
Estoy mirando aquí en tu casa algunos de tus libros: Platón, el I Ching, tenés a Camus, por allí un libro de Horacio de Dios, El tema es la democracia, un libro de cocina, pero me extraña no encontrar ningún libro, por lo menos a primera vista, de Macedonio Fernández.
Están, pero escondidos, es uno de mis preferidos. Uno los compra, lo va leyendo y después lo pone en la biblioteca Y después se olvida. Hace mucho que no leo, ahora voy a empezar a leer…
Fecha: 13 de junio de 1986
