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Beethoven miniaturista: Sobre las Bagatelas, Op. 126

Algo pequeño, a veces pedimos a la suerte una manifestación breve y sencilla de la gracia. Apenas una brisa, un olor de infancia, el calor del sol después de varios días seguidos de lluvia, una palabra definitiva y generosa que pueda terminar con la gravedad del silencio. Con que poco podríamos tranquilizar el espíritu si nos fuera dado un souvenir, un diorama de las arquitecturas sentimentales de nuestro pasado, una miniatura monstruosa, eslabón perdido entre los objetos del saber de la taxidermia y la pedagogía, réplica o clon de un sujeto que donó las trazas de su diseño inicial o fue raptado como molde y plantilla de hijos no reconocidos y replicados, una multitud de gemelos disminuidos que forman un ejército jibarizado, como esas formas de la muerte que sacrifican el pudor para transformarse en las vedettes de la degradación que son los fósiles o los cadáveres que desfilan en la sala de exposición de un museo; así la mortalidad, la didáctica y lo pequeño se trenzan en artefactos que solo son producto de un genio maligno, dueño de la clonación y el empequeñecimiento, así podríamos imaginarnos al Beethoven las Bagatelas opus 126.

Formas breves, formas pequeñas, menores del pensamiento, de la vida, de la materia; las bagatellas son restos o excesos de la partitura. Escucho estas caricias y pienso: ¿cómo es posible que el hombre terrible, la bestia romántica, sorda y sinfónica, sea capaz de hablar del destino o la muerte y también construir estas polillas del sentido, criaturas de lo delicado?

Como en Kafka, lo que habla en esta zona de la obra beethoveniana es una lengua extraña, ominoso, indeterminada; estas piezas para piano parecen nacer del puro goce del encuentro de la mano con el marfil, no se sospecha la sombra de la tradición, de la estructura, de la exigencia formal; la única ley que se sostiene es la de la costumbre, pero la del genio que se labró con trabajo durante una vida, el don o talento que se vuelve imperceptible o pedestre para quien dedico nada más que su tiempo y percepción auricular.

Los conceptos de mayoría y minoría en la obra de Deleuze y Guattari funcionan como dos polos relacionados. “La mayoría implica una constante, de expresión o de contenido, como un metro-patrón con relación al cual se evalúa… supone un estado de poder y de dominación" . La minoría por su parte es todo lo que se desvía del patrón homogéneo de lo mayoritario. La figura que caracteriza a lo minoritario es “la variación continua, como una amplitud que no cesa de desbordar por exceso y por defecto el umbral representativo del patrón mayoritario”, es decir que siempre es incontrolado, inestable y desterritorializado.

Las bagatellas son la forma menor del estilo tardío del Beethoven más pasional, desestabilizado, al borde de la vanguardia.

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