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Los tropiezos fuera de casa, el desafío que preocupa a Central

El cierre del semestre dejó sensaciones encontradas en Rosario Central. Por un lado, una campaña que tuvo momentos de alto vuelo, una clasificación anticipada a los octavos de final de la Copa Libertadores y la consolidación de un equipo competitivo durante buena parte de la temporada. Por el otro, una recta final que encendió algunas señales de alarma y expuso dificultades que el cuerpo técnico deberá corregir antes del gran desafío que se avecina.

La eliminación frente a Estudiantes en la Copa Argentina fue el último capítulo de una secuencia que dejó más dudas que certezas. Porque más allá del resultado en Córdoba, lo que comenzó a instalarse como preocupación es una tendencia que se repitió en los encuentros más exigentes disputados fuera de Rosario.

Central construyó gran parte de su fortaleza en el Gigante de Arroyito. Allí eliminó a Independiente y Racing en los playoffs del Apertura, allí se hizo fuerte en la Copa Libertadores y allí encontró la confianza necesaria para sostener una campaña que lo tuvo entre los protagonistas. Sin embargo, lejos de casa la historia fue diferente.

La primera advertencia apareció en el Monumental. River lo eliminó en semifinales del Apertura en un partido que representaba una enorme oportunidad para llegar a una final. Si bien el escenario era complejo y el rival exigente, Central nunca logró imponer sus condiciones y terminó quedándose con las manos vacías.

Pocos días después llegó el viaje a Quito. Allí no estaba en juego la clasificación, ya asegurada con una fecha de anticipación, pero sí el primer puesto del Grupo H de la Copa Libertadores. El empate le alcanzaba para conservarlo, pero Independiente del Valle fue superior durante gran parte del encuentro y terminó quedándose con una victoria que relegó al equipo de Jorge Almirón al segundo lugar.

La consecuencia de aquella derrota fue importante. No solo perdió la cima de la zona, sino que además quedó obligado a enfrentar a Corinthians en los octavos de final y a definir la serie en Brasil.

Como si fuera poco, el semestre terminó con otro golpe. Esta vez en Córdoba, donde Estudiantes de La Plata fue ampliamente superior y eliminó al Canalla de la Copa Argentina con un contundente 3-0.

Más allá de los contextos particulares de cada partido, hay un patrón que comenzó a repetirse. Central perdió los encuentros más trascendentes que disputó fuera de Rosario y en ninguno de ellos logró sostener el nivel que había mostrado durante gran parte del año.

Es cierto que existen atenuantes. El desgaste físico fue evidente en el tramo final de la temporada. El equipo acumuló una enorme cantidad de partidos en pocas semanas y varios futbolistas llegaron al límite desde lo físico. Ángel Di María fue uno de los ejemplos más visibles de esa situación, aunque no el único.

Sin embargo, el análisis parece ir más allá de la cuestión física. Lo que quedó expuesto fue una merma futbolística en los momentos decisivos. Un equipo que pasó de mostrarse sólido y confiable a evidenciar dificultades para competir cuando el contexto se volvía adverso.

Por eso la preocupación no pasa únicamente por lo ocurrido en el cierre del semestre, sino por lo que viene. Después del receso, Central tendrá por delante el desafío más importante del año: la serie de octavos de final de la Copa Libertadores frente a Corinthians.

La llave comenzará en el Gigante de Arroyito, donde el Canalla suele sentirse cómodo y fuerte. Pero la definición será en San Pablo, un escenario exigente donde deberá demostrar que aprendió de los errores recientes.

Porque si algo dejaron en evidencia las derrotas frente a River, Independiente del Valle y Estudiantes es que Central todavía tiene una materia pendiente cuando sale de Rosario. Y resolverla será indispensable para seguir soñando en la Libertadores.

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