Icono del sitio TribuTV

Israel boicotea el acuerdo de Estados Unidos e Irán

Sería una comedia de enredos, de esas de poca calidad artística y mucho grotesco. Pero no es una comedia, es una tragedia con muchos muertos en el medio. Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, se comporta como la mala de la serie, la tercera en discordia que mete cizaña cuando Donald Trump quiere negociar la paz con Irán. Y para boicotear esa paz, Israel hace lo que sea. Ahora, amenazó con la locura de bombardear Beirut, capital de El Líbano. Todo con la excusa de combatir a Hezbollah. Pero hay un dato fundamental para entender esta película: Israel invadió El Líbano en 1982, llegó a ocupar Beirut y fue responsable indirecto de masacres como las de Sabra y Shatila. Fue ahí, en 1982, y como respuesta a las barbaridades de Israel, que nació Hezbollah. Así que ahora, con ese cuento a otra parte. Israel viene cometiendo crímenes contra la Humanidad en El Líbado desde antes de que existiera Hezbollah. En todo caso, si ponemos las cosas como son, te guste o no te guste Hezbollah, surgió como respuesta a la crueldad sionista.

Ayer, en una conversación telefónica, el propio Trump le dijo a Netanyahu: “Estás loco, tenés que parar la locura en El Líbano”. Lo reconoció el propio presidente de Estados Unidos en una entrevista con el New York Post: “Sí, estaba un poco molesto por su constante pelea con Líbano. Le dije: ‘Bibi, tenemos que parar esto’”.

Sin embargo, habrá que ver si se puede salvar algo del diálogo de paz que mantenían estadounidenses e iraníes, ya que estos anunciaron esta semana que se retiran de la mesa de diálogo, debido a la situación. De hecho, volvieron los ataques cruzados en el Golfo Pérsico, por ahora escaramuzas. Pero todo podría explotar por los aires y una vuelta a la guerra abierta podría tener consecuencias imprevisibles, tanto humanitarias como económicas.

Si no se normaliza la situación y no se deja abierto el Estrecho de Ormuz, el petróleo volverá a subir, y lo primero que se va a cortar en gran parte del mundo es el suministro de combustibles para autos y aviones, con todos los problemas que eso generaría. El incremento del precio del gas sería fatal, sobre todo para la industria europea, ya en terapia intensiva, y para la calefacción de las familias cuando llegue el próximo invierno. Pero lo peor vendría con el aumento de la urea, principal componente de los fertilizantes, ya que el 44 por ciento de la producción mundial proviene de esta región. Un nuevo aumento afectaría este momento de siembra de cereales en distintos lugares del mundo y generaría hambrunas en cuatro o cinco meses, sobre todo en poblaciones de África. El mundo está preocupado, y muchos intereses poderosos presionan a Trump para poner fin a la guerra, pero esa posibilidad se ve más lejana hoy que hace una semana, principalmente por la intervención maliciosa de Israel.

Así las cosas, pareciera estar repitiéndose la situación de febrero pasado, cuando Trump fue arrastrado literalmente por Netanyahu a iniciar una guerra contra Irán que le salió mal, y que ahora no sabe cómo terminar.

Los iraníes se mantienen firmes en sus demandas que son básicamente éstas: poner fin a las sanciones contra Teherán, que les devuelvan sus activos confiscados y que se reconozca su derecho a manejar el tráfico comercial en el Estrecho de Ormuz, lo cual sería un poco también como compensaciones de guerra. El tema nuclear, aunque parezca engorroso, quizá podría encontrar un punto intermedio si se le permite el desarrollo a Irán con la posibilidad de inspecciones de la OIEA que ratifiquen su finalidad para energía civil. Pero hay otro punto que es fundamental, Irán exige el fin de los ataques israelíes y el retiro del sur de El Líbano.

No bastará con que Trump les diga a los iraníes que ha conseguido convencer a Netanyahu de no bombardear Beirut. Será necesario un compromiso israelí de dejar de actuar como potencia ocupante en el sur de El Líbano. Si no es así, volverá el infierno.

Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio.

Salir de la versión móvil