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La resistencia y el valor de seguir cantando 

Murió el Indio Solari. La noticia golpea de una manera particular a quienes, durante décadas, encontramos en sus canciones una compañía permanente. Porque cuando se va alguien cuya obra atravesó nuestra historia personal, no se pierde solamente un artista. También se encienden recuerdos, momentos y emociones que estaban ligados a su música.

Conocí a los Redondos en los años 90. Un amigo de la facultad me regaló un cassette con canciones de Los Redonditos de Ricota y la magia se encendió. El primer tema que bailé fue "Un poco de amor francés". Desde entonces, sus canciones estuvieron ahí. En la juventud, en los encuentros con amigos, en los amores, en los viajes, en las búsquedas, en las pérdidas. Como les pasa a tantas personas, las canciones del Indio fueron acompañando distintas versiones de mí misma. Fueron la banda sonora de gran parte de mi vida.

Quizás por eso me quedó resonando algo que le escuché decir hace un tiempo en una entrevista: "La vejez es una cagada. Yo no sirvo para viejo. Hacer canciones es lo que me mantiene vivo". Unas palabras duras, descarnadas. Quizás hasta incómodas para quienes trabajamos pensando las vejeces desde otro lugar. Fueron palabras que me interpelaron, tal como me sucedía tantas veces con sus letras y sus declaraciones.

Y tal vez ahí esté una de las claves. No en la edad, sino en aquello que nos sigue convocando, emocionando y movilizando. En aquello que nos hace sentir que todavía tenemos algo para decir.
También pienso que muchos de quienes hoy lloran su partida ya pasaron los 60 años. Aquellos jóvenes que viajaban kilómetros para verlo tocar, que copiaban sus letras en cuadernos o intercambiaban cassettes, hoy transitan sus propias vejeces. Y quizás por eso la muerte del Indio también nos enfrenta al paso del tiempo. Porque envejecieron nuestros ídolos. Envejecimos quienes los seguimos. Pero las canciones siguen ahí, recordándonos quiénes fuimos y quiénes somos.

El Indio convivió durante años con la enfermedad de Parkinson. Su cuerpo fue imponiendo límites, pero nunca dejó de escribir, de imaginar, de hacer canciones. Siguió buscando una forma de estar presente. Siguió resistiendo.

Hoy, mientras millones de personas lo despiden, pienso que su legado no está solamente en los discos, en los recitales multitudinarios o en las letras que quedaron grabadas en generaciones enteras. También está en esa obstinación por seguir creando aun cuando el tiempo, la enfermedad y la vida empujan en sentido contrario.

Porque al final, quizás el propio Indio nos dejó la mejor definición posible: "En la resistencia está todo el hidalgo valor de la vida".

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