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El rumor de la calle: cuando el malestar empieza a volverse mayoría

Las sociedades suelen avisar antes de romperse. No lo hacen con un solo hecho ni con una sola protesta. Lo hacen mediante señales dispersas que, de pronto, comienzan a conectarse entre sí.

La multitudinaria Marcha Universitaria, la movilización de Ni Una Menos y la conmoción popular provocada por la muerte del Indio expresan realidades diferentes, pero comparten un mismo trasfondo: una sociedad que vuelve a ocupar el espacio público para expresar sus dolores, reclamos e identidades.

Durante meses, el gobierno de Javier Milei logró sostener un importante respaldo social apoyado en la expectativa de un cambio profundo y en la desaceleración de la inflación. Sin embargo, la economía cotidiana continúa golpeando a amplios sectores de trabajadores, jubilados, estudiantes y pequeños productores. Ese desgaste comienza a reflejarse en las encuestas. Estudios recientes muestran un crecimiento de la desaprobación presidencial, un aumento del pesimismo económico y una percepción cada vez más extendida de que el sacrificio exigido no encuentra una recompensa visible.

La historia argentina demuestra que los gobiernos no suelen debilitarse primero en las urnas. Antes se deteriora el clima social. Aparece la desconfianza, se multiplican los reclamos sectoriales y la esperanza inicial comienza a transformarse en desencanto.
Quizás todavía sea prematuro hablar del final de una gestión. Pero no parece exagerado afirmar que estamos asistiendo al fin de una etapa política: aquella en la que el Gobierno podía interpretar cada crítica como una expresión minoritaria o corporativa.

Cuando las demandas de los jubilados, las universidades, los movimientos de mujeres, la cultura y los sectores populares empiezan a resonar al mismo tiempo, el problema deja de ser sectorial. Se convierte en un estado de ánimo colectivo.

Y cuando el malestar deja de ser individual para convertirse en sentimiento social, la política debería escuchar con atención. Porque muchas veces el principio del fin comienza como un simple rumor en la calle.

Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio.

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