Córdoba

Recrudece la guerra, ¿estamos al borde de una recesión mundial?

Washington, otra vez arrastrado por Israel, vuelve a bombardear a Irán, que responde con firmeza y cierra totalmente el Estrecho de Ormuz, poniendo al mundo al borde de la recesión. Mientras, en el Mundial, Estados Unidos le impide a la selección iraní dormir en California.

Estados Unidos volvió a caer en su propia trampa y reanudó los ataques contra la República Islámica de Irán, quien respondió con fuerza contra las bases militares que yanquis en la región y contra la Quinta Flota de Estados Unidos en el Mar Arábigo. Pero lo más grave de todo es que Irán volvió a cerrar totalmente el Estrecho de Ormuz.

Y otra vez, su propia trampa pareciera ser un lema reformulado: en lugar de “Primero, Estados Unidos”, hoy claramente es “Primero, Israel”. El capricho de Benjamín Netanyahu llevó a seguir bombardeando El Líbano, rompiendo de esta manera la tregua acordada entre Estados Unidos e Irán. Por eso, el país persa no dudó en golpear fuerte objetivos militares de Israel. A partir de ahí las idas y vueltas entre Trump y Netanyahu. En un momento, el presidente estadounidense reconoció haberle dicho “loco” al primer ministro israelí, en su intento infructuoso por convencerlo de dejar de atacar al sur de El Líbano.

Parecía que Estados Unidos le soltaba la mano a Israel, pero algo pasó en el medio que Trump volvió a apostar todo por los intereses israelíes. Ahora está de nuevo bombardeando Irán e, incluso, amenazando con una invasión terrestre. Algo que va en contra de los consejos de sus generales de cinco estrellas, que le siguen diciendo a su presidente que una invasión sería un suicidio, que tampoco la armada puede acercarse demasiado a las costas para un apoyo concreto y que solamente con bombardeos o misiles no se gana una guerra.

Las consecuencias pueden ser impredecibles, sobre todo en lo económico, con el peligro de arrastrar a todo el mundo a una recesión sin precedentes, sobre todo por el nuevo daño que se le haría a la producción al cortar el tránsito del 30 por ciento del petróleo y el gas. Y además, la posibilidad de hambrunas generalizadas producidas por la falta de urea, el componente más importante para los fertilizantes, cuyo 40 por ciento se produce en la región.

Desde el contexto propiamente bélico, el peligro es que, a partir de este recrudecimiento del conflicto, se involucre Yemen, cerrando otro de los estrechos estratégicos para el comercio mundial: el de Bab al Mandeb, por donde los grandes petroleros pasan desde el Mar Arábigo al Mar Rojo y después por el Canal de Suez entrar al Mar Mediterráneo.

Este último punto tiene mucho que ver con uno de los grandes escándalos de la Copa del Mundo que está comenzando en América del Norte. Me refiero, concretamente, a la humillación y la deportación del mejor árbitro africano del 2025, el somalí Omar Abdulkadir Artan. Este hecho, que podría pasar como una locura más de Trump, en realidad tiene un por qué en el ajedrez geopolítico: tanto Israel como Estados Unidos, hace un par de meses sugirieron que podrían reconocer la independencia de Somalilandia, una zona rebelde de Somalia, en el Cuerno de África, que está justamente muy cerca del Estrecho de Bab al Mandeb.

No fue el único hecho vergonzoso que empaña el mundial en su previa. Los vejámenes en los controles aduaneros hacia las delegaciones de Uzbekistán y Senegal también están teñidos de política internacional. Pero, sobre todo, la mayor vergüenza hasta ahora, que es la prohibición a la selección de Irán de poder permanecer en Los Ángeles, donde jugarán dos de sus partidos de fase de grupos. Este caso es para el libro de los Guinness de la ridiculez diplomática. En el sorteo que fue en diciembre pasado, a Irán le tocó compartir el grupo con Bélgica, Egipto y Nueva Zelanda, jugando dos partidos en Los Ángeles y uno en Seattle. Pero la administración estadounidense les dijo: “Juegan y se van”, con lo cual, tuvieron que armar su campamento en Tijuana, México, que está a 230 kilómetros de Los Ángeles. En esos partidos, deberán hacer un viaje de más de tres horas en colectivo o de una hora de avión. Peor, cuando jueguen en Seattle.
Existe un concepto llamado “sportswashing”, literalmente usar el deporte para un lavado de imagen. Lo usan los países que necesitan mejorar su imagen porque violan los derechos de su población o son agresivos con sus vecinos, o cosas peores. Fue lo que hizo Qatar en el mundial pasado, para ocultar su corrupción, el sistema de esclavitud al que somete a sus inmigrantes o la represión de las diversidades sexuales. Lo usó y le salió bien. Bueno, Estados Unidos está haciendo todo lo contrario, pareciera que, a propósito, está usando el mundial para potenciar la caída de su imagen a nivel mundial. Y al mismo tiempo, ha logrado que, por primera vez, la opinión pública en Europa y en muchos otros lugares del mundo, se ponga del lado de Teherán.

Las opiniones vertidas en cada columna son de exclusiva responsabilidad de sus autores. En consecuencia, no necesariamente responden a la línea editorial del medio.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba