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El origen de las camisetas que desafían a sus banderas

En el fútbol, la lógica dictaría que cada selección debería vestir los colores de su bandera nacional; sin embargo, la identidad deportiva suele construirse sobre cimientos más profundos que los símbolos oficiales. A lo largo de las décadas, diversas potencias mundiales han adoptado uniformes que narran historias de viejas monarquías, reinos desaparecidos o simples accidentes históricos que terminaron convertidos en tradición.

Legados de la corona: los casos de Italia y Países Bajos

Uno de los ejemplos más emblemáticos es el de Italia. Aunque su bandera es verde, blanca y roja, la «Azzurra» viste de azul en honor a la Casa de Saboya, la familia real que unificó el país en el siglo XIX.

El «azul Saboya» era el color de los estandartes de la dinastía y, pese a la caída de la monarquía en 1946, el tono permaneció inalterable como símbolo del deporte nacional.

De manera similar, Países Bajos es sinónimo de naranja, color que no figura en su enseña tricolor actual. Este tono representa a la Casa de Orange-Nassau.

Guillermo de Orange, figura clave en la independencia neerlandesa, utilizaba el naranja en su estandarte. Aunque el color fue reemplazado en la bandera oficial por el rojo debido a que las tinturas antiguas se desteñían, la selección lo adoptó para siempre, creando la famosa «Naranja Mecánica».

Prusia y la naturaleza: Alemania, Japón y Australia

Alemania mantiene una estética sobria de blanco y negro que remite a Prusia, el reino dominante durante la unificación alemana, cuyos colores eran precisamente esos, anteriores incluso a la bandera moderna negra, roja y dorada.

Por su parte, Japón viste de azul, una elección sin explicación definitiva pero vinculada históricamente al equipo de la Universidad de Tokio de los años 20 y al deseo de diferenciarse de otros rivales asiáticos que suelen vestir de rojo.

En Oceanía, los colores de la bandera se dejan de lado por la flora nacional.

Australia utiliza el verde y el amarillo en honor a la acacia dorada (su flor nacional),

mientras que Nueva Zelanda es mundialmente reconocida como los «All Whites», un apodo que surgió por la necesidad de diferenciarse de otras selecciones británicas.

Sudamérica: entre el azar y la superstición

En nuestro continente, las historias son igual de fascinantes:

Hoy, estos colores han trascendido su origen político o accidental para convertirse en símbolos de identidad que, en el imaginario colectivo, representan a sus naciones con tanta o más fuerza que sus propias banderas.

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