Estados Unidos – Venezuela, la crónica de un ataque anunciado
Desde los últimos años de la década de 2010, la aceleración de la salida de venezolanos de su país mostró señales de la crisis de gestión de Nicolás Maduro. Sin embargo, y no sin cuestionamientos a las elecciones de julio de 2024, tiene mandato hasta el 10 de enero de 2031.
En Venezuela la muerte de Hugo Chávez, en los últimos días de 2013 permitió el arribo al poder del actual mandatario, que era su vice y quien recibió la “bendición” para la continuidad.
El correr del tiempo derivó en una crisis social, económica y política cuyo botón de muestra fue la masiva salida de la población.
Colombia, países varios de Latinoamérica y Europa fueron epicentro para recibir a quienes -de todas las clases sociales, desde profesionales, clases medias y bajas- huían de su país.
Desde la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados estimaron que se trata de casi 8 millones de personas.
El “establishment” ecuménico no tardó en tomar la bandera de la búsqueda de paz, aunque no en vano se sabe que se trata de la nación que cuenta con la mayor reserva de petróleo del mundo.
Desde el país caribeño apuntan a la necesidad de poder manipular el petróleo que es propiedad estatal, y el que en diversas oportunidades apuntaron funcionarios estadounidense y el propio Donald Trump este sábado.
Las elecciones, el desencadenante
Desde aquella derrota de 2015 en la Asamblea Nacional que “la Revolución” mostró diversas formas de intentar esquivar la voluntad popular.
El vaciamiento del órgano legislativo en pos de otorgar facultades al Poder Ejecutivo y Judicial tuvo como contraparte el intento opositor de nombrar a Juan Guaidó como “presidente encargado”.
Pero el proceso de Maduro tuvo aquel 28 de julio de 2024, su talón de Aquiles. Porque a su necesidad de mirar para el costado en varios comicios del proceso bolivariano, su triunfo de aquel día no tuvo el respaldo internacional necesario.
El hecho de no haber presentado las actas desglosadas de parte de la Comisión Nacional Electoral y sólo confirmar el triunfo oficialista con el 52% de los votos, no contó con mucho reconocimiento fuera del país.
Que acto seguido el opositor Edmundo González Urrutia y, fundamentalmente María Corina Machado, excluida del comicio e impedida a ejercer cargos públicos, hayan sido perseguidos, fue otro factor.
Que Javier Milei le apuntó a “la dictadura de Venezuela” como un objetivo central no es novedad. Y el secuestro del gendarme argentino Nahuel Gallo, a fines de 2024 y en circunstancias no del todo aclaradas, generó un conflicto diplomático sin resolución.
El “establishment” considera “presidente electo” a González Urrutia y las voces del mundo lo marcan como el nombre para asumir tras el arresto al poder de esta madrugada.
Desde su asunción, Donald Trump apuntó al petróleo y las “tierras raras” venezolanas, como uno de los objetivos. Así comenzó a imantar a sectores conservadores venezolanos.
Para su defensa, alega documentos de inteligencia refiriendo actividades de narcotráfico que justifican una "legítima defensa colectiva".
En octubre pasado, hasta el Comité Noruego del Nobel tuvo su injerencia en la cuestión, tras escoger a la dirigente opositora Corina Machado, como Nobel de la Paz.
Desde ese momento no escatimó mensajes pidiendo la intervención militar de Estados Unidos, denunciando que el país está “tomado” y apuntando a un cambio de régimen que permita una rápida privatización de las empresas petroleras.
El contexto está marcado por las acusaciones de la Casa Blanca contra el gobierno venezolano de ser facilitador del narcotráfico, cuyos únicos aportes “documentales” fueron la gran cantidad de barcazas atacadas, con asesinatos incluidos.
La Fiscal General de Estados Unidos ya anticipó el juzgamiento a Maduro y su esposa, Cilia Flores, por causas que desde el lunes se tratarían en el Distrito Sur de Nueva York.