Eileen Gu, la neuroplasticidad y el journaling: la mirada de un especialista en psicología
Eileen Gu (conocida en China como Gu Ailing) es una esquiadora acrobática de clase mundial, modelo de alta costura y estudiante de la Universidad de Stanford. A sus 22 años, se ha consolidado como la esquiadora de estilo libre más condecorada en la historia de los Juegos Olímpicos tras su participación en Milano-Cortina 2026.
La deportista, en conferencia de prensa, describió su mentalidad no como una cuestión de ego, sino como un proceso de "tinkering" o ingeniería personal. Explicó que utiliza un enfoque científico para moldear su propia identidad y rendimiento, aprovechando la capacidad de autogestión mental: "Puedes controlar lo que piensas y, por lo tanto, puedes controlar quién eres. Especialmente como persona joven, con la neuroplasticidad de mi lado, puedo literalmente convertirme en exactamente quien quiero ser. ¿Qué tan genial es eso?". Para Gu, este análisis constante es lo que le permite mantener la calma en situaciones de extrema presión.
Gu también reflexionó sobre su evolución personal y la satisfacción de haber cumplido con las expectativas de su "yo" del pasado. Asegura que su mayor logro no son solo las medallas, sino la persona en la que se ha convertido: "Creo que mi yo de ocho años estaría obsesionada conmigo hoy. Creo que ese es el mayor 'flex' de todos los tiempos: que tu versión más joven pueda estar orgullosa de quién eres hoy". Esta perspectiva refuerza su idea de que el éxito es un subproducto de la autorrealización y no solo de los resultados deportivos.
Mencionó las críticas y las preguntas sobre si sus medallas de plata fueron, en realidad, "oros perdidos". La esquiadora rechazó tajantemente esa visión negativa del éxito ajeno, reivindicando su lugar en la historia del deporte: "Soy la esquiadora de estilo libre más condecorada de la historia; creo que eso es una respuesta en sí misma. La situación de 'dos medallas perdidas', para ser franca, me parece una perspectiva ridícula".
Y, finalmente, reveló que el gran secreto reside en su cuaderno de notas. La atleta utiliza el journaling (la escritura diaria) no como un diario íntimo, sino como una herramienta de ingeniería mental: “Escribo mis metas de la misma manera que escribo mis trucos de esquí: con un detalle absoluto e innegociable”. Para Gu, poner sus pensamientos en papel es una forma de "limpiar el sistema" y liberar espacio mental antes de una competencia, permitiéndole transformar la ansiedad en una precisión casi científica. Esta práctica de escritura reflexiva es la que le permite, según sus propias palabras, aprovechar la neuroplasticidad para "convertirse literalmente en exactamente quien quiere ser".
El journaling
En diálogo con Mirá Quién Habla, por las radios de los SRT, el doctor en Psicología, Ignacio Acuña, el journaling trasciende la simple escritura de un diario para convertirse en una herramienta clave de organización mental. El especialista destacó que esta práctica ofrece "claridad cognitiva", ya que permite trasladar los pensamientos del cerebro al papel. Este proceso resulta fundamental para liberar la denominada "memoria de trabajo", descargando ese cúmulo de información que suele quedar almacenado en segundo plano y que muchas veces genera una sensación de saturación o ruido interno.
Al asentar estas ideas en otro lugar, la mente logra transformar lo que inicialmente parece información caótica en un "objeto que podemos observar". Acuña explicó que el journaling permite tomar distancia de los propios pensamientos, convirtiéndolos en algo tangible que se puede mirar, volver a leer y analizar con mayor objetividad. De esta manera, el ejercicio de escribir ayuda a que el flujo mental sea más ordenado y manejable para la persona.
El especialista detalló que no estamos perjudicando nuestra mente si no escribimos a mano, pero estamos perdiendo algunas ventajas y posibilidades de mejorar algunas cosas que nuestro cerebro dispone. “En principio no es algo drástico, porque tampoco es que perdemos la capacidad de pensar, pero sí es un empobrecimiento”.
La neuroplasticidad
Para explicar la neuroplasticidad, Acuña utilizó la metáfora de un bosque por el que transitamos habitualmente. Imaginemos que nuestro cerebro ha trazado un sendero marcado para ir de un punto a otro; sin embargo, un día ese camino se ve bloqueado por un árbol caído o un charco grande. La neuroplasticidad es, precisamente, la capacidad de nuestra mente para rodear el obstáculo y buscar un nuevo camino para realizar algo que ya sabíamos hacer, desafiando al cerebro a no actuar siempre de forma automática.
Este fenómeno es fundamental porque demuestra que el cerebro no es una estructura rígida. Acuña señaló que la forma más clara de observar este proceso es en pacientes que han sufrido un accidente cerebrovascular (ACV) o una lesión en la cabeza. Aunque inicialmente pierdan una función, como el habla, la estimulación adecuada permite que el cerebro encuentre nuevas rutas. En estos casos, otras áreas del cerebro que no estaban destinadas principalmente a esa tarea comienzan a colaborar para ejecutar la función perdida.
En definitiva, la explicación de Acuña resalta que la neuroplasticidad es un motor de adaptación y recuperación. Al buscar estos nuevos senderos neuronales, el cerebro no solo repara daños, sino que se mantiene flexible. Entender este concepto es clave para comprender cómo el ser humano puede reaprender habilidades y modificar conductas, demostrando que siempre existe la posibilidad de reconfigurar nuestra arquitectura mental frente a nuevos desafíos o dificultades.