Para traer mi oscuridad
1.
Alrededor de los siglos XII y XIII, en el norte de Francia, surge un tipo de orientación artística europea en la tardía edad media. Esta nueva mirada comparte con la antigüedad griega la contemplación de la naturaleza y el cuerpo. A diferencia de los antiguos, lo importante no es la mímesis con el referente, sino la actitud, la emoción que puede surgir de un tema, otro acercamiento a lo sagrado. La antigüedad fue el tiempo de los templos, y el gótico la estética de las catedrales. Sobre este hiato, creemos, se sostienen algunas de las claves de la experiencia moderna, que a nuestros días mantienen su tensión, su peligro, su filo. Gótico fue el nombre que le dieron los italianos a cierto arte de la edad media asociado al pueblo godo al que estos responsabilizaban de la caída del imperio romano. (Cabe notar que la distancia entre las palabras y la realidad, sobre todo en la conversación sobre arte, siempre es más ideológica e inconsciente que prístina y asertiva, siete siglos separan la existencia de los godos del arte gótico). Gótico, en la historia del arte, es otra forma de decir bárbaro. De esta barbarie irredenta nacieron las catedrales y la arquitectura gótica (las catedrales europeas: Notre Dame y la basílica de Saint-Denis en Francia, la Catedral de Colonia en Alemania); también esculturas y pintura. Recién en el siglo XVIII se establece un género literario relacionado al terror y el romanticismo que llamamos narrativa gótica, de aquí surgen los mitos y el imaginario (Mary Shelley y su Frankenstein, Stevenson y su doble Jekyll/Hyde, los vampiros, etc.) que inspirará la más reciente subcultura o tribu urbana gótica en tanto estética y tendencia juvenil surgida de la cultura posmoderna y la música rock. Breve e impreciso valga este racconto para decir que lo que llamamos gótico es la resultante de un proceso histórico que viene de la edad media, es decir de un mundo y unas relaciones sociales de producción anteriores al modo de organización social capitalista moderno en el que vivimos. Que ciertas estéticas sobrevivan en el tiempo no puede pasar desapercibido, hay algo en el gótico que cada generación reinterpreta, porque este género o conjunto de elementos estéticos logra conectar con una trama profunda de lo humano. El historiador Arnold Hauser ha llegado a afirmar que "la aparición del estilo gótico da lugar al cambio más profundo de la historia del arte moderno. El ideal estilístico aún hoy vigente, con sus principios de fidelidad a lo real, de profundidad en el sentimiento, de sensibilidad y sensitividad, tiene en él su origen". Por otro lado, es notable cómo a medida que el gótico pasa los años, este se va asociando a otros objetos y culturas, tenemos así: el gótico queer, el gótico rioplatense, el feminismo gótico, el marxismo gótico, etc. Subrayamos aquí el carácter "menor" de lo gótico como género o estética, siempre sospechado de frivolidad, desproporción, escapismo, negligencia. El gótico ha ocupado siempre el lugar de la "mala literatura" o el mal llevar una forma estética en general. Vamos a continuar una pista común de la crítica musical, la inclusión de PJ Harvey en el sistema gótico. A primera vista, Polly Jean Harvey tiene todos los números del cartón gótico en la lotería de la estética: su formación en el grunge (forma menor del rock alternativo y el punk), una feminidad ambigua y desafiante expresada en el yo lírico de las letras de las canciones que compuso o que eligió interpretar, sus poemas acompañados de fotografías de Seamus Murphy en The Hollow of The Hand (el nombre despeja toda duda de goticidad), su interpretación de María Magdalena en la película The Book of Life de Hal Hartley (donde el tema y la imaginería de lo sagrado se actualiza de manera explícitamente gótica).
2.
Quizás la pieza gótica por excelencia en la carrera de Harvey sea To Bring You My Love, álbum de 1995. Ahí están sobre la mesa como una carta robada los elementos del gótico. A diferencia de sus discos anteriores Dry y Rid of Me, el blues (esa forma musical benevolente del lamento, esa forma laica de pasar por el espíritu los dilemas de la carne, esa forma endemoniada de sobrevivir en la desesperación y la soledad) se establece como la gramática central del disco. Esto no quiere decir ausencia de los lenguajes previamente dominados, su voz (que quizás pueda recordar a la de Patti Smith) está agujereada, granulada, su garganta contiene desiertos y el perfume del espíritu adolescente. Hay en este disco un leve homenaje a Leadbelly como también lo supo hacer Nirvana en su momento (en otro lugar cabe detenerse en pensar en la continuidad entre el grunge y la música alternativa de los 90 y el blues). Los sencillos del disco son tres: Down by the Water, C'mon Billy y Send His Love to Me. El primero tuvo un videoclip que llegó a estar nominado a los premios MTV. La tapa del disco, que bien podría ser un frame del videoclip, muestra a PJ Harvey como la Ofelia de Millais, pero en un vestido rojo a lo femme fatale, y el agua confundida con el vapor. Ahí donde el estado de la materia se vuelve confuso es que se establece el sistema narrativo e imaginativo de este disco. La muerte, la violencia, el deseo, lo abominable son algunos de los elementos narrativos nodales de este disco, el infanticidio, la madre monstruosa, la tentación en el desierto algunas de sus imágenes más resonantes.
Todos los temas que integran el álbum son notables. Long Snake Moan tiene letra de blues de los 40 o 50, pero el overdrive (o su densidad, su peso, su abominable manera de curvar el espacio y de aplastar una costa inocente que le da la espalda al mar) de sus bajos tiene el sonido típico del grunge de los 90. El riff de I Think I'm A Mother (tan parecido al de Fax U de Charly García; al margen: sospecho que habría que volver a escuchar La hija de la lágrima como disco gótico, quizás Clásica y Universitaria nos dé alguna oportunidad) custodiando la línea melódica vocal de Harvey como quien arrastra una reliquia por el desierto, como quien va a realizar una ofrenda o entrega en la que se juega la vida y la muerte. Cerca del final, aparece como una iluminación una canción que podrían interpretar tanto Tori Amos como Tom Waits, Send His Love To Me. Caprichosamente podríamos ver cómo el tema poético o narrativo de las letras ya invoca algunas imágenes típicamente góticas: los hechizos, las maldiciones, la feminidad dislocada.
El productor del disco es Flood (conocido por su trabajo con Nick Cave, Nine Inch Nails, The Smashing Pumpkins, Depeche Mode, entre otros) quizás uno de los responsables de que la sonoridad del disco despliegue todo un sistema familiar a la oscuridad. Hay aquí órganos que si bien vienen del blues y el country, producen timbres lejanamente religiosos, ominosos como la banda de sonido de Carnival of Souls. También es notable el aporte del saxofonista Pete Thomas que oficia de arreglista de un cuarteto de cuerdas que suena en tres temas. Uno de estos, es C'mon Billy, en el que a medida que la canción se expande y desarrolla las cuerdas pasan del fondo al lugar de la figura antes de desaparecer en fade.
Al margen del lenguaje visual que acompaña este disco (fotos promocionales, videoclips, arte de tapa) y el contenido de las letras, que se inscriben de manera indudablemente gótica, el sonido y la musicalidad en sí mismos pertenecen a este sistema estético: ¿De qué materia ectoplasmática está hecho el tarareo en el medio de Working For The Man?, ¿qué espíritus cantan en los pasajes de los órganos?, ¿qué nos dice la percusión y las campanas (creo escuchar panderetas) del tipo de instrumentación y arreglos que componen estas canciones, qué imágenes sonoras nos traen estos objetos de iglesia?, ¿qué fe no duda ante los graves prodigiosos de PJ Harvey como si se tratara de una sirena o una aparición ordenada a tentarnos para entregar nuestra alma una noche de viaje en la que hayamos perdido el rumbo y no queden estrellas, ni luna; solo el deseo de volver a escuchar la pasión benevolente y el sufrimiento sublimado del blues?
3.
Escribió alguna vez Cortázar que "todos los niños son góticos por naturaleza" y pienso entonces que este es un disco no solamente gótico, sino también infantil, es decir lúdico y emancipador, desprovisto de seriedad y represión. Si la fantasía fuera un sonido, esta sería la materia prima de PJ Harvey.
En una escena icónica de Los Simuladores el personaje de Mario Santos explica a un joven "gótico" que la rebeldía (expresada en la indumentaria y el vestuario del rock gótico) es un negocio. Al final del capítulo ese personaje imita el vestuario formal de Santos: "hoy por hoy, si te querés revelar, tenés que usar saco y corbata". Esta readecuación de vestuario, para encontrar los elementos verdaderamente rebeldes es una operación similar a la que hay en el disco de PJ Harvey. No hay un gótico kitsch, por el contrario, hay algo muy elegante, es decir que atraviesa el lugar común con el pasado y lo desarrolla de manera creativa. Quizás esta sea la diferencia entre "referencia" (tan parecida a la cita de autoridad o a aquellos gestos desesperados de identidad y pertenencia más cerca de la economía que de la política, e infinitamente lejos del arte, que propone la persuasión de la retórica del marketing) e "intertextualidad", entre "fetichismo melancólico" y "reapropiación de la tradición". Harvey toma el sistema estético (sus temas, sus formatos, sus imágenes, sus connotaciones, en fin sus signos) del gótico para establecer un relato que se infiltra como agua, como una humedad, crece haciendo hongos en la casa de la música domesticada y conocida. Equívoco y liminal, ambiguo y onírico, el gótico es la sensibilidad de un sonido que introduce la fantasía en la norma, que revela el contenido latente de nuestras represiones.
Pablo Sánchez Ceci.