Voló sobre el Parque Nacional “Quebrada del Condorito” y debió pagar el daño ambiental que causó
Un helicóptero, dos pasadas a baja altura y una colonia de cóndores alterada. El episodio ocurrió el 15 de marzo de 2025, al mediodía, en el corazón del Parque Nacional Quebrada del Condorito.
El resultado no fue un juicio oral, sino una reparación ambiental concreta: 30 pares de calzado técnico para quienes custodian el área protegida.
El hecho
Un guía habilitado del parque detectó el ingreso indebido de una aeronave que sobrevoló en dos oportunidades y a escasa altura el sector conocido como “Baño del Cóndor”, una zona crítica utilizada por estas aves para descansar y acicalarse. El helicóptero fue identificado por su matrícula, y la maniobra quedó encuadrada como infracción al Código Aeronáutico.
El área afectada forma parte de un ecosistema sensible donde habita el cóndor andino, especie catalogada como vulnerable en la provincia. Allí se concentra diariamente un número significativo de ejemplares de distintas edades, en una población aislada y expuesta a amenazas como la pérdida de hábitat y la persecución.
Del expediente a la reparación
La causa fue tramitada bajo la órbita de la Oficina de Medidas Alternativas al Proceso Penal de Córdoba, dependiente del Ministerio Público Fiscal. Tras una serie de reuniones entre la fiscalía, la defensa del piloto y la representación de la Administración de Parques Nacionales, se resolvió aplicar el mecanismo de reparación integral del daño.
En un principio se evaluó el pago de una suma cercana a los 9 millones de pesos. Sin embargo, se optó por una solución con impacto directo en el territorio: la entrega de 30 pares de zapatillas de trabajo y calzado de seguridad de alta calidad para los guardaparques.
La entrega se formalizó en la sede de la Fiscalía General N°2 ante los Tribunales Orales en lo Criminal Federal de Córdoba, con la presencia de autoridades del Ministerio Público Fiscal y representantes del parque.
Un daño invisible, pero real
Especialistas explicaron que los sobrevuelos a baja altura generan estrés en los cóndores, pueden provocar el abandono de áreas de descanso y alterar conductas esenciales para su supervivencia. También incrementan el riesgo de colisiones, con potencial mortalidad directa.
El impacto adquiere mayor gravedad si se considera la biología de la especie: el cóndor andino tiene una tasa reproductiva extremadamente baja —una cría cada dos años— y alcanza la madurez recién después de los seis años. Cada perturbación cuenta.
En ese contexto, la reparación acordada buscó traducir una infracción aérea en un refuerzo tangible para la conservación. Esta vez, la respuesta no fue solo una multa: fueron botas en el terreno, al servicio de quienes protegen uno de los símbolos naturales de las sierras.