Almirón quedó bajo la lupa en Central: los números lo respaldan, pero el final del semestre abrió interrogantes

Rosario Central cerró el primer semestre del año con una sensación impensada apenas algunas semanas atrás. Lo que parecía una etapa de consolidación deportiva terminó envuelto en cuestionamientos, incertidumbre y un fuerte debate alrededor de la figura de Jorge Almirón.
La eliminación ante Estudiantes de La Plata en los 16avos de final de la Copa Argentina actuó como detonante de un malestar que ya venía creciendo tras otros resultados adversos. Y aunque desde la dirigencia no hubo señales concretas respecto a una posible salida del entrenador, el clima que rodea al club cambió de manera evidente.
Las críticas comenzaron a multiplicarse en redes sociales y entre los propios hinchas, que apuntan principalmente a la falta de respuestas del equipo en los partidos más importantes del semestre. Porque si bien Central cumplió varios de los objetivos planteados, la sensación predominante es que falló justamente en los escenarios donde debía dar un paso adelante.
Lo llamativo es que el análisis no encuentra respaldo en los números. Al menos no de manera directa. Desde la llegada de Almirón, el Canalla disputó 27 partidos oficiales y sumó 50 puntos sobre 81 posibles, con una efectividad superior al 61 por ciento. Un rendimiento que, en cualquier otro contexto, difícilmente pondría en discusión la continuidad de un entrenador.
Sin embargo, en el fútbol muchas veces las estadísticas no alcanzan para explicar el estado de ánimo de una hinchada.
La dirigencia que encabeza el proyecto deportivo decidió meses atrás no renovar el contrato de Ariel Holan con el argumento de que el equipo necesitaba un salto de calidad para competir en instancias decisivas. Y precisamente ahí es donde aparecen las principales observaciones hacia el actual cuerpo técnico.
Central logró clasificarse con anticipación a los octavos de final de la Copa Libertadores, uno de los grandes objetivos del semestre. También alcanzó las semifinales del Torneo Apertura después de eliminar a dos rivales de peso como Racing e Independiente. Pero en ambos casos quedó la sensación de que el equipo no respondió cuando tuvo que afrontar los desafíos más exigentes.
La derrota ante River en el Monumental por las semifinales del Apertura fue el primer golpe fuerte. Más allá de la jerarquía del rival, los hinchas sintieron que el equipo quedó en deuda desde lo futbolístico.
Después llegó el viaje a Quito. Allí estaba en juego el liderazgo del Grupo H de la Copa Libertadores y Central no logró sostener la ventaja que tenía en la tabla. La derrota frente a Independiente del Valle lo relegó al segundo puesto y lo obligó a enfrentar a Corinthians en los octavos de final.
Finalmente apareció el duro revés frente a Estudiantes en Córdoba. El 3-0 sufrido en el Mario Alberto Kempes fue, probablemente, la actuación más floja del equipo en todo el semestre y la que terminó de profundizar el malestar.
Las imágenes posteriores al partido fueron elocuentes. Los futbolistas se acercaron a la tribuna para agradecer el acompañamiento y varios permanecieron largos minutos frente a los hinchas, en una especie de gesto de disculpas por el rendimiento mostrado.
Pero el ruido no terminó ahí. Al día siguiente, las declaraciones de Carlos Quintana agregaron un nuevo foco de tensión. El defensor dejó entrever diferencias con el entrenador al señalar que no se sentía valorado y que pretendía tener más continuidad en esta etapa de su carrera.
Mientras tanto, la dirigencia mantiene silencio y evita apresurarse. En Central entienden que será necesario dejar pasar algunos días para analizar el panorama con mayor claridad y tomar una decisión sin el impacto emocional de la eliminación reciente.
Por ahora, los caminos parecen ser solamente dos: ratificar plenamente la confianza en Jorge Almirón para encarar el segundo semestre o decidir un cambio de rumbo antes de los octavos de final de la Copa Libertadores.
Lo concreto es que el entrenador llegó al receso respaldado por los números, pero cuestionado por las sensaciones. Y en el fútbol, muchas veces, las sensaciones terminan pesando tanto como los resultados.
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