¿Qué Mundial nos espera? Reflexiones de cara a la Copa del Mundo 2026
La Copa Mundial de la FIFA 2026 está a punto de iniciarse y, tratándose de uno de los mega eventos deportivos internacionales más significativos, el análisis geopolítico, económico y social no faltarán ya que es un escenario donde el laboratorio de la dinámica internacional se manifiesta en múltiples facetas.
El evento ecuménico comenzó con la polémica decisión de la FIFA de realizarla en una triple sede y con el máximo número de participantes de la historia, buscando mayores réditos económicos en un certamen que aspira a llegar a más cinco mil millones de personas en todo el planeta.
Desde el anuncio de que Estados Unidos, México y Canadá serían los anfitriones, se planteó la iniciativa de hacer “una copa más inclusiva y universal que nunca”. Sin embargo, a pesar de que existe un comité organizador, con representantes de los tres Estados, poco se han reunido en la etapa previa y esto se traduce en una descoordinación sin precedentes, transformándose una especie de tres Copas del Mundo separadas: habrá tres ceremonias inaugurales, una por cada país.
A nivel internacional, la incertidumbre global se apoderó del campeonato. El contexto de la escalada bélica entre Irán y Estados Unidos, llevó a que las autoridades futbolísticas iraníes solicitaran a la FIFA garantías para su participación. Entre disputas diplomáticas y discursivas, Gianni Infantino afirmó que su participación en el campeonato no correrá riesgo, no obstante, se trasladó el centro de entrenamiento de Arizona (EEUU) a Tijuana(México).
En el plano regional, las tensiones entre los gobiernos de Norteamérica estarán manifestados en el contexto de la Copa Mundial, en medio del arranque de las renegociaciones del tratado de Libre Comercio T-MEC y las polémicas discursivas, de Donald Trump, de convertir a Canadá en el Estado 51 de la unión, o las amenazas al gobierno mexicano de una intervención militar directa en su territorio contra los cárteles de la droga.
A nivel local, cada país enfrenta problemáticas diversas. En Canadá, la polémica mediática se centra en los gastos del gobierno para hacer frente a las obras de remodelación, en Vancouver y Toronto, en torno a unos USD 1 000 millones de dólares, en medio del contexto de recortes a la salud y educación. En México, el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta tensiones sociales de movimientos sociales y de docentes que amenazan con boicots a los partidos en la Ciudad de México y el siempre preocupante panorama de la seguridad, en especial con motivo del narcotráfico y la presencia de cárteles de la droga. Por lo que la FIFA le exigió a México reforzar las políticas de seguridad y, entre otros aspectos, desplegará cerca de 100 000 efectivos del ejército para ello.
Finalmente, la centralidad del evento estará en Estados Unidos y, con ella, la figura de Donald Trump. El reflejo de ello estará en el accionar de la policía antiinmigrante ICE y las posibles redadas que podrían realizarse en los estadios y sus alrededores. Organizaciones de Derechos Humanos y la propia FIFA, han advertido a los asistentes sobre el peligro de sufrir violaciones de sus derechos en ese contexto. Asimismo, la administración Trump prohibió por completo los visados para países como Irán, Senegal, Costa de Marfil y Haití, todos clasificados al evento. Asimismo, ciudadanos de más de doce países deberán pagar fianzas de entre cinco y quince mil dólares para acceder a las visas.
Párrafo aparte merece el alineamiento de Trump con Infantino. En el contexto de apropiación del fútbol por parte de Estados Unidos, la unión entre ambos se ha consolidado desde hechos como la presencia del presidente de la FIFA en la investidura presidencial de Trump, acompañarlo en la comitiva oficial a Davos, estar presente en primera fila en la “Board Of Peace” (la ONU trumpista) y ser coronado con la entrega del Premio FIFA de la Paz. Finalmente, como festejo por los 250 años de la independencia de Estados Unidos, el día 4 de julio la FIFA anunció que los partidos que se disputen en Houston y en Filadelfia, tendrán ceremonias especiales organizadas por la entidad deportiva.
El Mundial de la FIFA, a pesar de sus polémicas por los precios de las entradas, los traslados de una sede a otra, las cuestiones sociales, las repercusiones ambientales y las críticas a la FIFA —que busca adaptarse al mercado norteamericano con un espectáculo de entretiempo de casi media hora en la final del 19 de julio—, seguirá siendo un evento globalizador donde la pasión por el juego estará presente, pero donde también se expresará el laboratorio del orden internacional actual, porque el fútbol, como decía Eduardo Galeano, es “un reflejo de la sociedad, atravesada por pasiones populares, negocios, desigualdades y rebeldía”.