Teresa Parodi iluminó el Teatro Comedia: concierto emotivo y estreno de su nuevo disco Hasta que amanezca
Ante una sala colmada del Teatro Comedia, Teresa Parodi volvió a confirmar que su obra no sólo se escucha: se habita. El público, fiel y expectante, llegó con la certeza de encontrarse en sus canciones, de reconocerse en esas historias que la artista sabe narrar con una sensibilidad que atraviesa generaciones.
Teresa celebró reencontrarse con el público de la ciudad de Córdoba y destacó especialmente los festivales de la provincia “donde se puede escuchar todo el folclore”, defiéndanlos, consérvenlos, instó.
El concierto abrió con dos temas de su repertorio, entre ellos la siempre vigente “El otro país”, que marcó el tono de una noche atravesada por la emoción y la reflexión. Luego, Parodi propuso un “pacto” con la audiencia: compartir las once canciones de su nuevo trabajo, Hasta que amanezca, que verá la luz en plataformas digitales el próximo 7 de mayo.
El disco, adelantó, reúne colaboraciones diversas y potentes: desde Maggie Cullen hasta Lisandro Aristimuño, con quien interpreta una sentida composición dedicada a la cantora mapuche Luisa Calcumil. También incluye un chamamé compartido con Soledad Pastorutti.
Uno de los momentos más intensos llegó con “Me veo en vos”, primer corte del álbum, que Parodi comparte con la murga uruguaya Doña Bastarda y la rapera marplatense Shiststem. La canción aborda una problemática creciente y dolorosa: la vida de quienes habitan la calle. El público respondió de pie, profundamente conmovido.
La noche continuó con “A la misma hora”, tema distinguido con el Premio Gardel como mejor canción, dedicado a los cartoneros. Más tarde, llegó una de las interpretaciones más sentidas: “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, de Fito Páez, única obra ajena incluida en el repertorio del nuevo disco. En la voz de Parodi, el clásico adquirió una nueva dimensión; ella misma aclaró que la canta también para sí, como una necesidad urgente en tiempos complejos.
Otro de los puntos altos fue “El ángel de la bicicleta”, de León Gieco, que resonó como un grito colectivo. La canción, inspirada en la trágica muerte de Pocho Lepratti, personaje solidario rosarino muerto en circunstancias abusivas, volvió a unir a la sala en un coro estremecedor: “bajen las armas, que aquí sólo hay pibes comiendo”.
La emoción continuó con “Lento”, dedicada a la mujer santiagueña que trabaja en su casa y sufre el desarraigo en Buenos Aires, una ciudad que —como dice la letra— “la ignora y no la quiere”. Y el fervor llegó con “Sin miedo”, donde la artista convocó a la unión y a la resistencia frente a la injusticia.
En el tramo final, Parodi invitó a Silvia Lallana para interpretar “Pedro Canoero”, canción que recientemente fue homenajeada con un monumento en Paraguay, impulsado en parte por la difusión del personaje en el programa “Lo que se nos canta” que contó el origen del tema. Luego se sumó Mery Murúa para compartir “El cielo del albañil”, mientras la danza aportaba una cuota de magia bajo el escenario con el baile del Negro Valdivia y su compañera. El cierre de este segmento llegó con “Esa musiquita”, celebrada por todos.
Pero la noche aún guardaba un instante más. Tras la ovación, Parodi regresó para un bis profundamente conmovedor: “Madre”, su canción dedicada a los desaparecidos durante la última dictadura, que dejó a la sala en un silencio cargado de memoria y emoción.
El público se retiró conmovido, agradecido, con la sensación de haber participado de algo más que un recital. Porque cuando Teresa Parodi canta, no sólo interpreta: ilumina. Y en esa claridad, necesaria y urgente, nos encontramos todos.