Córdoba

Cantar es disparar contra el olvido

Como cantor es el nombre de la gira que lleva a Andrés Calamaro por diferentes escenarios en este 2026 luego de la exitosa Agenda tour 2025 con más de 40 conciertos en Argentina y Latinoamérica. La cita en Córdoba fue el 8 de mayo en La Plaza de la Música tal como lo fue en noviembre pasado, ante una plaza llena al igual que este año.

Un nombre puede ser un destino, un designio y una afirmación. Y es que Calamaro es esencialmente un cantor aunado más al tango que al pop donde la prédica del cantor es por defecto la de la conservación de una tradición. La constatación de esta evidencia es sin duda el disco El cantante (2004) donde interpreta canciones del repertorio popular.

El concierto comenzó a las 21:15 y el setlist de 24 canciones fue de acá para allá. Una banda rockera, una puesta minimalista. Hit tras hit, sí. Pero también hubo regalos para quienes corean más que los clásicos. Rompió el hielo con Todavía una canción de amor –un tema que entra en la categoría de esas canciones que no escuchamos hace tanto que parecíamos haberlos olvidado, pero en cuanto suenan, el alma vuelve al cuerpo–, le siguieron cinco temas de cancha: Mi gin tonic, Cuando no estás, Pasemos a otro tema, Loco y Crímenes perfectos. A esta altura el público ya está muy adentro del show, cantando cantando y cantando.

El primer desvío de la catarata de éxitos viene de la mano de Señal que te he perdido, esa canción vehemente que está incluida en Nadie sale vivo de aquí (1989) y que también conocemos en la voz de Hilda Lizarazu en Manray. Llega el turno de hacer la primera parada a los ’80 con Costumbres argentinas y pasa como un tubo a Carnaval de Brasil.

Primer stop, primera elocución: sabemos que cuando el Salmón se pronuncia traerá consigo alguna que otra polémica y así fue. El cantor nos advierte que veremos en las pantallas carreras de perros y de caballos. Nos pide por favor, que no seamos literales, que recibamos esas imágenes a modo de cine, de ficción. En el medio se carga al colectivo animalista y a quienes humanizan a los perros por sobre los humanos.

Retoma el repertorio con Bohemio y como no podía ser de otro modo, para hacerle honor al nombre de la gira llega el tango -y qué tango- Garúa, compuesto en 1943 por Aníbal Troilo con letra de Enrique Cadícamo e inmortalizado en la voz del Polaco Goyeneche. Este fue el único momento donde el público dejó de cantar y el cantor hizo lo propio.

Y del tango a la ¿cumbia? con las Tres marías y en adelante todo puro voltaje enchufado: Mil horas, A los ojos, Mi enfermedad, Una forma de vida –enganchada con My way a lo Sinatra-, El salmón, Palabras más palabras menos, Alta suciedad, Sin documentos, Paloma, Flaca y dale que va.

Se retira para volver con las últimas dos: Estadio azteca y Los chicos. En esta última canción la pantalla acompañado con la imagen de Abuelas de Plaza de Mayo pidiendo por la aparición con vida de sus hijos e hijas desaparecidas.

Ante la ovación, un último gesto que reafirma lo poco que le interesa a Andrés Calamaro la senda de los buenos modales: le alcanzan la capa de torero, la hace flamear mientras suena de fondo Nerva, el pasodoble taurino.

Reconforta saber que las canciones con el paso del tiempo cobran vigor y madurez, son lugar a donde volver.

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